Frank… o el poema de una vida

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Por Daily Sánchez Lemus

 

Yo tengo que llegar patria mía,

y tengo que llegar, he de verte libre

de tirano, sacudida de inmundicia

 y oprobios que te hacen llorar. He de

ver enjugadas tus lágrimas

y vengadas tus ofensas.

Frank País [1]

 

frank-paisEl 30 de julio es el Día de los Mártires de la Revolución en Cuba….el porqué de la fecha tiene su centro en un joven de 22 años que fue asesinado vilmente por luchar por la libertad y la justicia en su país. Santiaguero, hijo de un pastor, siempre fue un joven educado, que junto a sus otros dos hermanos cuidaron de doña Rosario, una madre de valientes. Maestro, luchador, enamorado, osado y cabal, un David  de la clandestinidad y eje del Movimiento 26 de Julio en Oriente. Estrenó el 30 de noviembre de 1956 el uniforme verde olivo de los rebeldes, con el brazalete del 26, mientras levantaba a la ciudad indómita para cubrir el desembarco de la tropa de Fidel. Junto a Celia Sánchez, Vilma Espín y muchos jóvenes valiosos, fue en la ciudad el apoyo indispensable de la guerrilla y pospuso su sueño de subir a las lomas a pelear, para cumplir con la delicada misión de ser sostén en el llano.

Por eso lo buscaban…lo buscaban a morir….Su hermano Josué había muerto un mes antes, el 30 de junio, asesinado también por luchar. Esta vez, Frank estaba escondido con un compañero de lucha, Raúl Pujol, quien murió junto a él.

William Gálvez ha narrado así lo sucedido en el Callejón del Muro, hace 60 años un día como hoy. Ya habían detenido a Frank y a Pujol en la calle, cuando intentaban salir del edificio que estaban registrando. Así llegó Salas Cañizares –un asesino infeliz- y se desencadenó la matanza.

“-Yo conozco a este tipo, jefe- dijo

Le quitó los espejuelos y , al estar seguro de quién era, gritó farfullando palabras:

-¡Coronel, este es Frank País! ¡Frank País!

Salas Cañizares se transformó. Un pálido color cubrió su rostro estremecido. Estaba histérico, temeroso, sin saber qué hacer frente al hombre que más odiaba, a quien jurara matar, pero temía.

-¡Bájenlo de ahí, coj…!-ordenó

Con la hombría y serenidad de los héroes, Frank miró despectivamente a su antiguo condiscípulo de la Normal[2] y, con una leve sonrisa, a Salas Cañizares.

-No tema, coronel, estoy desarmado y casi inmóvil.

Como le fue quitado el cinto, tuvo que sujetarse los pantalones para evitar que se le cayeran.

Salas permaneció perplejo. Escuchando lo que decía aquel joven de apenas veintidós años, de baja estatura, cuerpo delgado, desarmado, que no experimentaba el más leve temor ante él, con una manada de su misma especia alrededor.

Levantó el fusil y con tuda su fuerza, golpeó, con la culata, el pecho del joven.

Frank fue a dar contra la pared, desfallecido. Pujol se interpuso y empujó a Salas:

-¡No haga eso! ¡No le pegue, cobarde!

Nada más pudo decir el fiel y valiente compañero. Como una jauría, con irracional violencia, comenzaron a darle golpes hasta que cayó prácticamente destrozado frente a la casa de Irma Zambrano, en San Germán 175.

-¡No le peguen! ¡Asesinos! ¡Cobardes! ¡Abusadores! ¡Asesinos!

Era el grito unánime de los vecinos que presenciaban la golpiza.

-Métanse todos en sus casas, coj…-gritó Salas, al tiempo que les apuntaba con el fusil.

(…) Transformado en bestia, Salas se dispuso a hacer honor a su apodo Masacre. Apuntó al cuerpo ensangrentado e inerte de Pujol. Una ráfaga abatió al revolucionario.

(…) Dio media vuelta, sin dejar de vociferar, y con largos y apresurados pasos fue donde Frank. Medio inconsciente aún, estaba sujeto por dos esbirros y Randich lo registraba. Masacre, tembloroso, agarrándolo por la camisa, lo empujó hacia el callejón. Le disparó por la espalda. El empujón hizo que Frank zigzagueara al andar. Aquello, unido a la cobardía del asesino motivó que fallara los dos o tres tiros de la corta ráfaga que le quedaba. Buscó un nuevo cargador, mientras gritaba a sus guardaespaldas:

-¡Coj..!!Mano Negra, Basol! ¿Qué les pasa a ustedes que no tiran?

Los disparon de dos armas automáticas hicieron blanco en la espalda del tambaleando cuerpo de Frank. Cayó de bruces en el Callejón del Muro, a unos veinticinco metros de su compañero de martirologio. Con su arma ya nuevamente cargada, Masacre lo remató. [3]

Hay muertos que, aunque muertos, no están en sus entierros;

Hay muertos que no caben en las tumbas cerradas

Y las rompen, y salen, con los cuchillos de sus huesos, para seguir guerreando en la batalla…!

Únicamente entierran los muertos a sus muertos!

Pero jamás los entierra la Patria.

Manuel Navarro Luna, agosto de 1957.[4]

Existen las imágenes del entierro de Frank País en Santiago de Cuba. Una estremecedora manifestación en la que la ciudad salió a la calle junto al símbolo de rebeldía y de lucha que fue aquel joven. Frank se había multiplicado, porque el ejemplo y la juventud heroica se respetan y se siguen, y tienen sobrevida en quienes abrazan las mismas ideas. Su muerte la lloraron todos. Conocidas las palabras de Fidel y otros combatientes al saber la noticia. Aumentó entonces el compromiso.

 

Hoy Frank es una Isla violenta

un surco

el canto de una semilla reventando la tierra

porque Frank está ahí, encima de la muerte

montado sobre una muerte que solo logró regarlo

por la Isla, convertirlo en escuelas.

Ya sus pies no son una angustia sobre los techos

pero aún están sonando las balas del Moncada

y Frank sigue naciendo de la Ciudad

saliendo de las calles

creciendo de los techos

repartiendo el corazón

como único pan posible para matar la muerte.

Waldo Leyva, 1974[5]

La vida de Frank inspiró a una generación, inspira hoy día a quienes conocen su historia, está presente en todo Santiago –su ciudad- y en su novia más amada: Cuba. La Revolución se hizo y triunfó gracias al coraje de jóvenes como Frank. El poema de su vida lo interpretan a diario quienes también apuestan por el futuro de su país.

Y lo dice el poeta en sus versos, y así lo dice la obra que perdura y por la que luchó…

Lo dice hasta su nombre:

Frank es un País….

[1] Escrito citado en Frank, entre el sol y la montaña,  de William Gálvez, Editorial Oriente, 2006, p. 479.

[2] Se refiere a Luis Mariano Randich, hombre que identifica a Frank, que se había convertido en parte de la policía a raíz del golpe de Estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.

[3] Frank, entre el sol y la montaña,  William Gálvez, Editorial Oriente, 2006, pp. 476-478.

[4] Santiago de Cuba en Frank en la memoria, de los coordinadores Manuel Fernández e Israel Escalona, Editora Historia, La Habana, 2012, p.282

[5] Por Frank, en ob. Cit, p.286

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