Frank confió siempre en el espíritu revolucionario del pueblo

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Calificado por Frank País como el espectáculo hermoso de todo un pueblo peleando por su plena libertad, el levantamiento armado del 30 de noviembre en Santiago de Cuba reveló que, pese a la represión impuesta por el régimen por maniatar a las clases más humilde, la población santiaguera constituiría un firme baluarte en la lucha revolucionaria.
Su destacada participación entre los más diversos sectores, en la heroica acción de hace ahora 61 años, ha sido reflejada por los protagonistas mediante testimonios, en los que trasciende la visión y la confianza que le concedería el inolvidable jefe del alzamiento a la participación organizada del pueblo en la derrota de la tiranía batistiana.

UN GRAN MÉRITO DE FRANK
«Santiago de Cuba siempre fue muy rebelde, y el asalto al Moncada dirigido por Fidel avivó el fervor revolucionario en muchos sectores, pero, a pesar de predominar la inseguridad de empleo, la carencia de leyes protectoras, el enfrentamiento a garroteros y otras injusticias, ninguno estaba estructurado ni poseía programa de lucha, refiere el combatiente Juan Pallerols Thompson.

Juan Pallerols Thomson. Foto: del autor

«Por tal motivo, añade el entonces trabajador de la fábrica de cemento, nuestra incorporación fue primero en manifestaciones y otras acciones de repudio al régimen instaurado por Batista con el golpe del 10 de marzo de 1952, hasta la creación de las células revolucionarias que, una vez fundado por Fidel el Movimiento 26 de Julio, Frank pondría a su disposición.

«Ese es un gran mérito de Frank, y en mi consideración es la génesis del éxito del levantamiento armado, pues si bien no coincidió con el desembarco de los expedicionarios del Granma, es indudable que en aquel momento se distrajo la atención del ejército de Batista y se demostró la decisión de lucha de este pueblo.

«Téngase en cuenta, destaca, que el alzamiento involucró a más de 350 hombres y 72 mujeres en acciones combativas y de aseguramiento por diferentes puntos de la ciudad, y que entregó a la patria nuestros mártires caídos heroicamente en el asalto a la Estación de la Policía Nacional, el maestro José Pepito Tey; Otto Parellada, trabajador de la compañía eléctrica, y el obrero de obras públicas Tony Alomá».

NUNCA SE FILTRÓ NADA

Vendedor en una tienda de la cadena americana Sears, ubicada en la céntrica Plaza de Marte, a Ángel Atala Medinas no le importó el riesgo que corría tanto en la pérdida del empleo como de las represalias del régimen, para sumarse a la causa revolucionaria que involucraría a toda su familia, tras ser ocultado en su casa el asaltante del Moncada Mario Lazo.

Ángel Atala. Foto: del autor 

«Durante los preparativos del levantamiento, relata, Frank designó a mi hermana Mayibe, trabajadora de la Compañía Cubana de Electricidad, como centro de la confección de los uniformes verde olivo que utilizarían los combatientes, y junto a mi otra hermana Ibis, también del sector eléctrico, en nuestra casa se confeccionaron más de cien uniformes, creamos un centro de adiestramiento para primeros auxilios y una casa-botiquín.

«Aquí venían varios compañeros a traer los cortes de tela para los uniformes que luego yo llevaba hasta donde radicaban las células, y viviendo a tres cuadras de la Estación de la Policía Nacional, en Loma del Intendente, nunca se filtró nada, como tampoco supimos hasta el día 30 dónde y cuándo tendrían lugar las acciones, lo cual demuestra la estricta compartimentación predominante.

«Esa fue la primera vez, enfatiza, que en Cuba se vistió el uniforme verde olivo, pero es significativo agregar que luego se hicieron muchos más, y a todos nos llena de orgullo que ese uniforme sea hoy todo un símbolo, pues identifica a nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior».

UNIDAD Y SOLIDARIDAD

«La unidad y solidaridad lograda entre los luchadores clandestinos y el pueblo, evitó aquel día una masacre similar a la desatada por el régimen el 26 de julio de 1953». Así precisó hace algunos años a este periodista el doctor Francisco Durán Castillo, entonces médico internista de la llamada Colonia Española, quien falleciera hace apenas dos días. Sirva este recordatorio como modesto homenaje.

«En nuestro hospital funcionaba un sindicato muy combativo en las demandas por mejoras laborales, detalló, pero el sentimiento revolucionario se fortaleció a partir del Moncada, cuando estando yo de guardia recibí a varios asaltantes heridos y con nuestro director, el doctor Alejandro Posada Recio, al frente, el colectivo impidió valientemente que los matones de la dictadura se los llevaran.

«Para el levantamiento, agregó, Frank y Vilma Espín organizaron las llamadas casas-botiquín, donde con un médico, enfermeros y personal de apoyo se atenderían los combatientes heridos. A mí me correspondió seleccionar a parte del personal médico, entrenar los activistas en primeros auxilios y acopiar en el hospital medicamentos y material de sutura.

«Cesado el tiroteo, los guardias controlaban las calles y bajo esas condiciones fui llamado para rescatar a un combatiente del cerco de la policía, al cual sacamos por delante de los militares disfrazado de una mujer que requería de asistencia médica urgente, mientras que otro combatiente, refugiado con una ametralladora calibre 30 en la casa-botiquín del doctor Mirabal, fue sacado audazmente con arma y todo en nuestra ambulancia», destacó quien en relación a estos hechos guardara prisión durante varios días.

Valorando tan activa participación popular que se fortalecería para el desarrollo ulterior de la lucha clandestina, donde cientos de hombres y mujeres entregaron o arriesgaron sus vidas por un mejor destino para la Patria, en su emotivo discurso del 30 de noviembre de 1979, aniversario 23 del heroico levantamiento armado, el General de Ejército Raúl Castro Ruz expresaría:

«La organización creada en Santiago de Cuba formó parte del núcleo de todo el trabajo clandestino revolucionario y las directrices que para ello trazó Frank País estuvieron vigentes durante toda la guerra y dieron la tónica a todos los esfuerzos desarrollados en esa dirección. (…) Es realmente admirable que Frank haya podido intuir de modo tan complejo los principios básicos del trabajo entre las masas…».

Granma

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