Fidelidad y amor a Cuba

Por Daily Sánchez Lemus

fidel y celia, sierra maestra

Él: “¡Cuídate mucho! No sé por qué tengo la seguridad de que no te puede ocurrir nada. Ha sido demasiado grande nuestra desgracia con Frank, para que pueda repetirse.”1

La espesura del monte, su humedad, el verde protector, el tiempo… Llevaba allí lo suficiente como para saber que ese sería su sitio de siempre. La Comandancia crecía hacia dentro y hacia fuera, con frentes en la Sierra, intrépidos en la ciudad, con el pueblo que poco a poco iba convocando y que ya nadie podía detener…

En medio de aquel batallar, de cada reflexión sobre la táctica o la estrategia política de la victoria, aparecía ella como abejita revoloteando de aquí para allá…Y eso era muy agradable… Ella era la encargada de todo…y cuando se pensaba en todo, era simple y tremendamente eso: todo.

Desde que la vio, supo que allí tendría a la persona de absoluta confianza a la que entregar sus más increíbles sueños, y luego la veía realizándolos…Ella venía siendo una especie de maga…Pero no era la magia de sombrero de copa oscuro, que aparece bajo las luces de los teatros y cubre la cabeza de hacedores de trucos…Ella era la que con trabajo y detalle, quitando el poco tiempo al descanso, pensaba, organizaba y veía crecer hospitales de campaña, la escuelita de aquella loma, pidiendo hasta el mínimo de los materiales para ellos, o la tela para uniformes en el taller de costura, pensando en la alimentación de la tropa…

A ella le escribió una carta breve, a modo de testamento político, en la que se convencía de que su lucha iba a ser contra el gobierno de Estados Unidos que no reconocía lo legítimo de la revolución de las montañas… Ella fue para él la compañera insustituible que lo mantenía al tanto de todo, el puente esencial entre el pueblo y la máxima dirección del país, lo humano de la Revolución hecho persona que rompía cualquier barrera ante la urgencia de un cubano.

Con él viajó a muchos sitios, cortó caña, desafió huracanes… La recuerda mucho en aquellas reuniones discutiendo cómo se verían más lindos nuestros estudiantes con los uniformes nuevos, diseñándolos, construyéndoles Palacios y campamentos, convirtiendo lo yerto en enredadera vital que cubre de verde el espacio….

La quiso mucho, sí. Y la quiere.

Se veía en sus ojos, en el abrazo de las instantáneas que en blanco y negro dejan para la historia los años hermosos del inicio de la Revolución. Todos la querían. Era la madrina, la cuidadora, la asistente, la brújula…cómo no querer y respetar y extrañar a la mujer que puso su vida en función del amor que ambos compartieron con una generación entera: Cuba.

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Ella: “(…) Tan pronto puedas nos mandas un termómetro, el de nuestra escuadra lo rompió Fidel que está con gripe (…)2.

No se podía permitir el mínimo desliz en ninguna de sus funciones. Y no porque le costase la vida sino porque le podía costar a la Revolución. Desde que supo de él, desde que lo vio el primer día, su fe creció. Estaba convencida de que la Revolución con él estaba garantizada. Por eso lo cuidó tanto.

Esa misma fe que hizo resistir a Melba y Haydée la prisión porque, como dijera su hermano Abel Santamaría, si Fidel vivía, la revolución seguiría. Esa misma convicción tuvo ella.

Por eso puso su tiempo a disposición de la lucha por su país. Organizadora de la red  de campesinos para el desembarco del yate Granma, atenta y férrea seguidora de las órdenes de Frank País en el Movimiento 26 de Julio, veladora de los refuerzos, los recursos, las necesidades de su pueblo.

Lo contemplaba en la Comandancia pensando el próximo combate e imaginando todo después del triunfo, porque iban a triunfar. Entonces, como sabía que no siempre tenía tiempo, se convertía en su escribana, y así hacía circular mensajes a todos los amigos y compañeros de lucha en nombre de Alex que estaba lleno de tareas, pero que en ella confiaba como en sí mismo.

Lo veía con el uniforme raído ya, necesitando uno nuevo, y sin importarle otra cosa como no fuese el próximo combate. Se encargaba entonces de mandarle a hacer otro, de estar al tanto de sus cigarros, su papel, su tinta, de recolectar cada nota para cuando se fuese a contar la historia.

(…) Trajo el Agitado dos uniformes, no están ni terminados, hasta los bolsillos les faltan. Otra cosa, que los uniformes se están haciendo de una sola medida, estrecha. (…) Ocúpate del de Alejandro que le hace falta. A los pantalones que les hagan doble costura en el tiro.[i]

Se ha dicho muchas veces, y nunca está de más repetirlo, que para contar la historia de Fidel y la Revolución, hay que hablar de Celia…

Él marcó su vida, porque le dio el motivo y la oportunidad de luchar por su país, de ver coronado el sueño de su padre, de los mambises que se frustraron cuando una enmienda menguó el esfuerzo de la manigua.

Ella lo quiso mucho. Y le quiere desde todas partes… como todos los cubanos que conocemos el incalculable valor de la vida y amamos a quienes se juegan la suya por los otros. Lo cuidó porque sabía que él es vital para Cuba.

                                                  …..

2

Él la piensa-lo sé-. Nadie en Cuba ha dejado de recordarla ni de quererla. Y sabe que este cumpleaños se lo hubiera celebrado, o quizás lo pensó también allá en el monte, entre sus compañeros queridos, los de los días difíciles y hermosos de la Sierra. Fidel la ha llevado siempre junto a él…

Ella sigue siendo la guía en tiempos difíciles y la fuente a donde acudir una y otra vez por la unidad y los valores de este país que son tan necesarios.

La relación entre ambos nació del amor y la fidelidad a Cuba, a Martí y a la libertad.

Por eso siempre van juntos, cuidando con celo la obra que vieron nacer y crecer, con varias generaciones de cubanos que han dado su vida por ella.

 

  1. Carta de Fidel a Celia el 14 de agosto de 1957
  2. Documentos de Celia en la OAHCE
  3. Carta a Daniel, (René Ramos Latour) consultada en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

 

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