#FidelCastro estropea la euforia de los voceros de #EstadosUnidos

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fidel-castro-lee-libro-barack-obamaPor Norelys Morales Aguilera

El pasado 10 de marzo, la Casa Blanca descartó que fuera a producirse una reunión entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el exmandatario cubano Fidel Castro, durante la visita del Presidente a La Habana.

En una entrevista con la agencia de noticias Reuters, el asesor adjunto de Seguridad Nacional del presidente Obama, Ben Rhodes, dijo que por el contrario, el mandatario se reuniría, como hizo, con “disidentes” cubanos después de completar eventos oficiales con el actual jefe de Estado, Raúl Castro. [1]

Sin embargo, el monopolio mediático supranacional, ni siquiera se aventuró a suponer cuál podría ser la voluntad del líder cubano Fidel Castro, demostrando una vez más que lo que llaman ‘balance’ es un eufemismo más de la manipulación. Algún día lo sabremos, y quizás hasta el propio Fidel lo cuente, porque en su fecundo reposo, se da la libertad de expresar su pensamiento y sigue iluminando, como no lo creen asesores y estrategas de la realpolitik de Estados Unidos.

La prueba irrebatible ha sido la reacción desafinada de los voceros del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, John Kirby y Josh Earnest, respectivamente [2], luego del articulo de Fidel “El hermano Obama”[3], en un interesante y cuidado texto que esperábamos los revolucionarios cubanos, cuya esencia está resumida en una frase: “No necesitamos que el imperio nos regale nada”.

Kirby trató de restar importancia al papel de liderazgo histórico de Fidel al descartar, primero que todo, que EEUU no espera que sus reflexiones repercutan en la normalización de relaciones entre Washington y La Habana. Claro que no, si Fidel trató durante años, por diferentes vías públicas y diplomáticas, de que las relaciones entre ambos países mejoraran, pero ahora les alerta de que los cubanos no son bobos.

Por su parte, Earnest, dijo que la crítica de Fidel al discurso de Obama demuestra que la visita del mandatario tuvo el efecto previsto por los norteamericanos, en el sentido de “aumentar la presión” para que el gobierno cubano mejore su respeto a los derechos humanos. “El hecho de que el expresidente se sintiera obligado a responder de forma tan contundente es una indicación del significativo impacto de la visita del presidente Obama a Cuba”, concluyó.

¿”Aumentar la presión”? Sí, usted ha leído bien. Esta sigue siendo “… la revolución de las reflexiones” calificada así por el José Martí, que los asesores de Obama desconocen y no están dispuestos a conocer, mientras que a los cubanos nos acompaña. Ninguna teoría ni retórica justifica tales desplantes, si pensaramos con seriedad que Estados Unidos quiere ayudar al pueblo de Cuba.

Es interesante saber que en un sucinto memorando la Casa Blanca divulgó el informe confeccionado por el presidente Barack Obama, de sus impresiones sobre su breve visita a La Habana. [4]

Solo le interesó señalar aquellos aspectos en que se proyectó su viaje, como el contacto con los “disidentes” y trabajadores no estatales.

“Me hablaron de sus esperanzas y sus luchas, hablamos sobre lo que podemos hacer juntos para ayudar a los cubanos a mejorar sus vidas”.

“Tuvimos una maravillosa cena en uno de los paladares de La Habana, los restaurantes familiares donde los estadounidenses y los cubanos podrían reunirse y hablar sobre plátanos tostones”.

“Voy a recordar el espíritu innovador de los empresarios de Cuba, especialmente a los cuentapropistas que ejecutan sus propios pequeños negocios, como el alquiler de habitaciones, salones de belleza, peluquerías y servicios de taxi”.

¿Será otro chiste del ejecutor del soft power que un país cualquiera pueda acceder al desarrollo bloqueado y solo con pequeños negocios, que fueron incentivados en la Isla -no a instancias de EE.UU.- a partir de concebir el perfeccionamiento además, de las empresas estatales y servicios públicos como la salud y la educación, que Obama no tuvo más remedio que elogiar en su discurso al pueblo cubano?

Claro, que Fidel Castro le estropeó la euforia a los voceros, no solo por su probada genialidad política, sino que los hechos también lo confirman.

Solo dos ejemplos:

  1. El 25 de marzo 2015 Roberta Jacobson, en ese momento subsecretaria de Estado, informó que el Presidente había solicitado al Congreso 2 mil millones de dólares para Latinoamérica y de esa suma 53,5 millones se destinarán para la Iniciativa Regional de Seguridad, (CBSI), y una buena cantidad se emplea en programas de promoción de “la libertad de prensa y los derechos humanos” en Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua.
  2. A solo 72 horas de culminar la visita oficial de Obama a la Isla, el Departamento de Estado informó un programa de orientación de prácticas comunitarias, respaldado con 753 mil 89 dólares, para jóvenes líderes emergentes de la llamada sociedad civil de Cuba. [5]
Más claro, ni el agua pura de los montes cubanos.
Tomado de Isla Mía

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