Fidel y los desastres naturales

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 Por Adelfa Hernández Hernández 

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Fidel siempre ha estado al frente en cada momento difícil de la Revolución. Cuando el famoso ciclón Flora que afectó a las antiguas provincias de Oriente y Camagüey en octubre de 1963, el líder de la Revolución cubana dirigió las operaciones de auxilio a los damnificados.

Quizás su mismo espíritu de deportista, de guerrillero, de escalar montañas y hasta de aprender a nadar en la posa Los Jobos en su natal Birán, lo forjaran para atreverse a desafiar los “demonios” de la naturaleza.

Cuando el “Flora” no solo utilizó todos los recursos que estaban a mano como aviones de fumigación, helicópteros, botes de remos o motor, caballos, anfibios de las Fuerzas Armadas sino que a nado recorrió las principales zonas afectadas, apoyando en las tareas de salvamento.

Las personas que pudieron, escalaron los techos o copas de los árboles para poder sobrevivir, pasando frío, sin comer nada durante varios días. Recordemos que el ciclón entró el día cuatro y se enseñoreó durante cinco días con un rumbo errático y hasta hizo un lazo sobre las actuales provincias de Las Tunas, Granma, Holguín y Camagüey. Las torrenciales lluvias asociadas a él causaron inundaciones nunca antes vistas y provocaron la muerte de aproximadamente dos mil personas y graves daños materiales.

El Primer Ministro del Gobierno Revolucionario Comandante Fidel Castro arribó a las provincias afectadas y dirigió personalmente las tareas de rescate y salvamento.

Su mayor preocupación era el lugar de mayor peligro: el río Cauto, que se había convertido en un “Amazonas”.

El coronel Aroldo Casalí Gómez, quien en ese momento era el jefe de operaciones de la Unidad Militar 3 278 en Holguín, narra cada una de las vivencias ocurridas en esos días devastadores del ciclón Flora, junto a Fidel.

“Desde esta división se enviaron a diferentes lugares cinco columnas de salvamento y evacuación y cada columna tenía de 30 a 40 vehículos, con otros medios como ambulancias, pipas, y una cantidad suficiente de oficiales y soldados que se enviaron por ejemplo a Mayarí Abajo, a Las Tunas, Chaparra, a Mir, Cacocum.

“Realmente nuestra unidad fue la vanguardia en todo el Ejército Oriental en las tareas de evacuación y salvamento de la población.

“El compañero Fidel llega a Holguín el día siete alrededor de las 3.00 o 4.00 p.m. del mes de octubre, el ciclón penetró en Cuba el día cuatro de ese propio mes por la región de Guantánamo y estuvo durante cinco días moviéndose en todas las provincias orientales y un pedazo de allá de Camagüey.

“Se había trasladado desde Las Tunas-Camagüey por carretera y ahí antes de llegar a la zona de Holguín hay un río que atraviesa, a mitad de la carretera entre Holguín y Las Tunas, y según noticias él se lanzó al agua y atravesó las fuertes corrientes nadando hacia el lado de acá.

“Llegó aquí un poco empapado de agua y fue recibido en el puesto de mando que tenía el Partido desde hacía cuatro o cinco días en un local que está en Libertad y la calle de La Periquera (Frexes), en un segundo piso. Allí tenían montado un puesto de mando para dirigir las tareas que se estaban desarrollando en interés del ciclón Flora.

“A Fidel se le dio una información detallada por el jefe de la Unidad Carlos Fernández Gondín, por el compañero del Partido y, él preguntaba, fue minucioso, yo estaba ahí en esa oficina anotando las cosas que iba planteando y las indicaciones que iba dando.

“El Comandante ordenó que al amanecer del día siguiente, el día ocho, había que tener ya una columna preparada para salir en dirección al Cauto y eso nos correspondió a nosotros, al igual que las demás columnas.

“Dio las orientaciones de más o menos qué composición debían tener esas columnas y cuando terminamos fuimos para la unidad, teníamos poco tiempo, pero se hizo todo lo que había indicado, trabajamos tarde y noche organizando esas columnas.

“A las 4.30 a.m. ya estaban listas y partimos, nos adelantamos, Fidel indicó que él salía posteriormente, nosotros íbamos avanzando en dirección a Cauto Cristo.

“Yo iba al frente, eran alrededor de 40 vehículos con pipas, ambulancias, hablamos de que el ciclón estaba batiendo en la zona de Holguín, y había muchas lluvias, ya yo llevaba cuatro días sin dormir y ese iba a ser el quinto día.

“Enviamos una pequeña caravana de camiones pesados hacia Gibara y de allá se trajeron alrededor de 15 a 20 botes, lanchas, tanto de remo como de motor, famosos motores de planta y motores fuera de borda, montados en camiones Zil, y se trajeron hasta Holguín y se montaron en los camiones de la columna de Fidel.

“De modo que cuando partimos a las 4.30 p.m., ya íbamos con las embarcaciones montadas en los vehículos, esa columna estuvo integrada, además, por tres transportadores anfibios Verdein 40, que eran los únicos que quedaban, habíamos enviado ya nueve en distintas columnas.

“Es interesante que hablemos de los carros anfibios estos porque hubo que probarlos, ver como estaban técnicamente y asignar los compañeros que iban a conducir esos vehículos.

“Salimos en dirección a Cauto Cristo, ahí el agua le daba por las ventanas a las viviendas, a ambos lados de la carretera era agua, o sea que la carretera era una línea y a ambos lados era agua y, en algunos lugares pasaba el agua por arriba de la carretera.

“Llegamos a un lugar como a 20 kms de Cacocum, que le dicen El Naranjal, porque ya a partir de ahí las crecientes que venían del Cauto y de un famoso río pequeño Camazán habían arrollado con esa carretera, las piezas de concreto estaban viradas ahí, y el turbión de agua que pasaba por arriba era enorme, por lo que tuvimos que detenernos.

“Y en ese momento llegó Fidel, hacía 10 minutos que habíamos parado allí, y vio aquello, se le explicó, empezó a pedir datos de la composición de la columna y entonces ordenó que se empezara a preparar a los anfibios para hacer un reconocimiento en dirección a Cauto Cristo.

“El Comandante se ocupó personalmente de dotar a cada anfibio de gomas llenas de aire y amarradas, para lograr mayor flotabilidad, iba él mismo, utilizaba la soga para atar las gomas con ayuda de los demás compañeros, estaba yo ahí también ayudando, el compañero Fernández Gondín y el personal de su escolta.

“Fidel había pedido un casco y una capa, se trajeron como tres. Entonces indicó las personas que iban a ir en cada anfibio, entre ellos compañeros como Universo Sánchez, el médico personal de él que en esa época era un Comandante que no recuerdo el nombre, y así tres o cuatro más, eran como siete que iban en cada anfibio.

“Ordenó bajar de la carretera hacia el agua y él fue el último, se montó en el carro, entonces de pie en uno de los anfibios pidió que quién se quedaba de jefe de toda esa columna, yo no me monté en ningún anfibio.

“El jefe de la división Fernández Gondín me indicó que yo me quedara de jefe de toda la columna esa para desde ahí empezar a evacuar personal. Yo me presento ante Fidel como se hace en las fuerzas armadas y digo mi nombre.

“Fidel explica que con todos esos medios vaya rescatando personas que están por ahí, por ambos lados de la carretera, que él iba a dar un reconocimiento en dirección a Cauto Cristo y que si tardaba mucho, no formara mucho corre, corre, algo así me dijo: no nos va a pasar nada, y entonces se monta en el anfibio y sale al frente de los tres vehículos, hacia la izquierda.

“Yo cojo un oficial, con un bote y dos remeros y los monto en un botecito y les indiqué que fueran detrás de los anfibios y que Fidel no se diera cuenta, se pierden por detrás del bosque y como a la media hora vienen gritando ya desde lejos, que a los anfibios se los había llevado la corriente de agua.

“En la carretera donde estábamos en dirección a Cauto Cristo hay un puente largo como de 60 metros que la corriente de agua se había llevado, nada más quedaba el casco del puente, pero por ahí por el puente es por donde el turbión de agua se desplazaba y arrastra a los tres anfibios.

“El de Fidel va delante, sube a la parte superior del anfibio, de pronto choca con el puente, da un brinco y cae arriba del puente, y otro compañero igual, entonces logran con la soga que llevaba cada anfibio amarrarlo.

“Los otros dos vienen también detrás, chocan con el puente y los dos, llenos de compañeros, el agua los succionó, los metió por debajo del puente y esos dos salieron del lado de allá, cada uno llevaba chaleco salvavidas, eso fue lo que los salvó.

“Cuando esos dos anfibios pasan del lado de allá, se dispersa la gente que sabía que estaban dando vueltas, en los árboles y en las puntas de los palos de las cercas se sostienen, entonces Fidel coge sogas y cables de unos postes que habían caído sobre el puente, cables telefónicos y amarra una cámara de goma y empieza a soltarla del lado de allá y va rescatando a los compañeros que estaban en los árboles cercanos, los va halando para acá.

“Los dos botecitos que salen por el mismo itinerario que Fidel a darle apoyo, se los lleva la corriente de agua, pero cuando van llegando allí los que estaban arriba del puente lo protegen y aguantan los botes, y Fidel coge un bote de eso lo sube arriba del puente, lo amarra por la popa y con dos subidos al bote, van sacando a los compañeros que están regados por los árboles, y de esa forma Fidel sacó como a 14 que estaban arriba de los árboles.

“No había comunicaciones con el Ejército Oriental, entonces el jefe del Estado Mayor General ordena que me manden a buscar, que quiere hablar conmigo, yo salgo para Holguín.

“A todas estas estamos hablando de que yo no sabía nada de Fidel, todo esto me lo cuentan después. El jefe del Estado Mayor General me dice usted estaba allí y digo que sí, y qué pasó, le cuento, y dice: ´cómo ustedes dejaron montar a Fidel en ese anfibio, esta es la segunda vez que me echan una descarga´, le digo allí estaban Comandantes pero Fidel se negó y se montó en el carro.

“Me dan la orden de que regresara allá de nuevo, revisara a ver qué hacíamos, para ver si Fidel estaba en algún lugar por ahí, que iba a mandar a Almeida que estaba con unos helicópteros por Camagüey.

“Organizamos donde podía aterrizar el helicóptero, revisamos aquello, limpiamos un tramo de la carretera y como a las dos horas Almeida llegó, estaba muy nublado, había ráfagas de viento muy peligrosas para andar en helicóptero.

“Yo soy quien lo recibo y ni me saludó, me dice qué es lo que pasó, dónde está Fidel, le cuento, y dice cómo lo dejaron montarse en los anfibios, esa es la tercera vez que me echan una descarga por haber dejado salir a Fidel en los anfibios”.

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