Fidel en el corazón de Encrucijada

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Por Mairyn Arteaga Díaz

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Tres kilómetros separan al central Constancia, hoy Abel Santamaría, de la cabecera municipal de Encrucijada; allí no solo recuerdan con cariño a Abel: también conocen, porque los enorgullece la historia, de cuando Fidel visitó el batey en 1953.

En el Constancia transcurrió la niñez de Abel Santamaría Cuadrado, desde los seis años hasta que ya cumplidos los 20 decidió trasladarse a La Habana; en el pueblito del central quedó la familia de raíces gallegas y temperamento fuerte y ahí regresaría Abel en numerosas ocasiones.

Aquella vez, dicen que a mediados de junio, días antes del asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, Abel, Haydée y Fidel fueron al Constancia, recorrieron el pueblito, estuvieron en la casa de los Santamaría Cuadrado, ahora convertida en museo.

Del paso de Fidel por allí se acuerdan los más longevos, los que compartieron infancia con Abel, los que aún hoy lo añoran y veneran; tal vez, Antonio García (Aldo), que con 90 años guarda momentos de su relación con la familia de héroes.

Cuentan que, a sus compañeros de juego unas décadas atrás, Abel les presentó a Fidel con el pedido de que por ningún motivo dijeran su nombre, resguardo de la acción que acontecería semanas después, siempre maduro y responsable, en franca protección de los intereses de la Patria

Según afirman los investigadores, en el patio de la casa del Constancia, Abel y Fidel sostuvieron importantes conversaciones y se atesora en escritos la escena, casi como imagen viva, debajo de las matas que poblaban el terreno.

Se dice que fue en ese hogar donde se perfilaron detalles de la gesta del Moncada, quizás por ello, constituya orgullo para los encrucijadenses y para cada cubano que se privilegie con visitarlo.

Alberto González Rivero, escritor de la zona, dedicado al conocimiento de la prole de los Santamaría, sabe que Fidel, desde el mismo instante en que se conocieron, causó en Abel una impresión genuina, que lo llevaría a afirmarle a Haydée el hecho de encontrar al hombre que cambiaría los destinos de Cuba, Martí en persona.

Cuenta González Rivero que Haydée sentía por Abel un amor incondicional, casi único, y una admiración sin precedentes, pero que, cuando alentada por las palabras de su hermano conoció a Fidel, ella, que lo quería más que a nadie, le dijo: tienes razón, él es el líder.

Ahora en Encrucijada se recuerdan anécdotas como esta, se reviven los mitos y se honra a los hombres, a Abel, hijo predilecto de esta tierra y al Comandante Fidel Castro, eterno entre los habitantes de la Mayor de las Antillas.

ACN

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