Fidel en Brasil, un primero de enero

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Por Angélica Paredes López

La Niña 02Es el último día del año 2002 y el Comandante Fidel Castro llega al Aeropuerto Internacional de Brasilia, vistiendo el uniforme verde olivo que lo ha acompañado durante décadas.

Periodistas locales y extranjeros quieren acercarse al gigante, quien semanas antes había enviado un mensaje a su pueblo, difundido en la Sesión Ordinaria de la Asamblea Nacional, donde había explicado que una picada de insecto infectada, le había provocado una linfangitis en su pierna izquierda y los médicos le habían recomendado reposo.

“Se me recomendó fomentos fríos de suero fisiológico y colocar la pierna de forma horizontal. No estar de pie. Se añaden unas pastillas para ayudar a la recuperación”, expresó Fidel en esa detallada carta, que tuvo por objetivo responder a “la inquietud de muchos ciudadanos por su estado de salud”.

Habían transcurrido poco más de diez días. El equipo cubano de prensa que cubriría la histórica toma de posesión de Luiz Inacio Lula da Silva el primero de enero de 2003, conocía suficientemente bien, como toda Cuba, la perseverancia del Comandante, pero teníamos dudas acerca de su presencia en la nación suramericana debido a la dolencia que lo aquejaba.

El grupo que lo esperaba era pequeño, pero de profesionales experimentados como el periodista Joaquín Rivery y el fotorreportero Ahmed Velázquez, a quien tempranamente perdimos al año siguiente. Se encontraban además, Leonel Nodal, corresponsal de Prensa Latina, el camarógrafo Omar de la Cruz y el colega del Sistema Informativo de la TV, Froilán Arencibia.

Los imprescindibles Danylo Sirio y José Luis Ponce, se ocupaban de todos los preparativos para que Cuba conociera los detalles de la esperada visita.

Y en medio de un júbilo desbordado descendió Fidel de su “querido y seguro IL-62”. Fue caminando hacia nosotros sin prisa, pero erguido, con impresionante paso.

La Niña 03Besos para “la única dama” – como él mismo dijo- y saludos afectuosos para “los caballeros”.

Nadie se atrevía a preguntarle. ¡Qué dilema! El Comandante  de pie, ansioso de hablar a cubanos y brasileños. Nosotros, en cambio, paralizados ante su estatura, temerosos de contrariar la orden de los médicos, atentos ante cualquier movimiento hecho con su pierna izquierda.

Para la prensa cubana, en ese instante, era más importante su salud que tenerlo conversando largo tiempo, como él acostumbra. Nadie rompe el hielo. Fueron segundos que parecieron horas. Hasta que esta reportera pregunta: “Comandante, ¿qué siente al acercarse otro primero de enero, que ahora también pertenece al Brasil de Lula?”

“El primero de enero ya no solo será cubano, ahora el primero de enero es latinoamericano. La toma de posesión de Lula, mañana, será el mejor regalo para la Revolución cubana. Estoy feliz y vengo a festejar con el pueblo brasileño”.

No dice más y respetuosamente espera que alguien lance la segunda pregunta. Fidel desea continuar hablando .Lo sabemos. Lo conocemos.

Detrás de él, escoltas y médicos, con discreción absoluta, hacen señas y nos piden una pausa. Fidel necesita llegar al hotel. Pareciera que estamos inmóviles, que se agotaron las preguntas, que evadimos el diálogo. Pero sus soldados de la palabra solo intentan protegerlo, cuidarlo.

Fidel insiste: ¿No hay otra pregunta?

-Hasta mañana, Comandante.

Y asegura: “Estoy alegre porque veo el despertar de la conciencia latinoamericana. Buenas noches y felicidades. Por la diferencia de horario celebren dos veces el aniversario del triunfo de la Revolución cubana”.

Siento un golpecito cariñoso en la cabeza como el padre que da las buenas noches. Esa pierna convaleciente nos duele mucho más que a él. Nos inquieta su pierna, mientras él se ocupa del futuro de América.

Entonces parte hacia el hotel donde se hospedaría unas setenta y dos horas. Allí esperó el 2003 con su amigo Frei Betto y miembros de la familia del teólogo brasileño. Supimos que a las 12 de la noche, cuando estallaron los fuegos artificiales, el líder cubano anunció la llegada del nuevo año. Más tarde, cuando el reloj marcó las 12 de la noche en Cuba (3:00 a.m. en Brasil), los presentes en el encuentro saludaron el aniversario 44 del triunfo de la Revolución.

Al día siguiente, luego de los actos de investidura de Lula, nuevamente me encontré con Fidel. El Comandante esperaba para almorzar a uno de los nuevos Ministros nombrados en el Gabinete.

Más de catorce años después de aquel primero de enero de 2003, incluso después de su partida física, Fidel sigue inspirando con su ejemplo al mundo. Y el Brasil de Lula, necesita como nunca antes, de la fuerza y el coraje de los buenos patriotas.

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