Fidel: Acelerando el ritmo de la Revolución

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Por Narciso Amador Fernández Ramírez

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Había transcurrido el primer mes del triunfo de la Revolución y las medidas prometidas al pueblo no avanzaban con el ritmo necesario.

Fidel Castro centraba en sí todo el aliento y las esperanzas de un país urgido de dejar atrás el oprobioso régimen capitalista de explotación heredado de la tiranía recién derrotada, y con su verbo ardiente y energías inagotables hacía lo imposible por cumplir en el menor tiempo posible las promesas hecha en el juicio del Moncada y recogidas como programa en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá.

Sin embargo, el gobierno constituido en Santiago de Cuba, el propio 1 de enero de 1959, encabezado por el magistrado Manuel Urrutia Lleó y que tenía como primer ministro a José Miró Cardona, se mostraba inoperante y las leyes revolucionadas urgidas de aprobación quedaban envueltas en un manto burocrático y nada avanzaba al ritmo que las circunstancias históricas que vivía Cuba demandaban.

Era necesario darle un vuelco radical a la situación creada. Luis M. Buch Rodríguez, quien fuera  testigo excepcional de los primeros pasos de la formación del Gobierno Revolucionario en su condición de ministro de la Presidencia y secretario del Consejo de Ministros, narra el momento en que a Fidel se le propone para ocupar el cargo de primer ministro.

Así lo cuenta Buch en su libro Gobierno Revolucionario: génesis y primeros pasos: “La crisis interna se intensificaba sin vislumbrarse una solución. Necesitábamos una autoridad de prestigio y arraigo popular, y llegamos al criterio de que Fidel era la figura indicada para hacerse cargo del Gobierno, como Primer Ministro.

”En cuanto a Fidel, sabíamos que no le sería fácil tomar la decisión de asumir el Premierato. En más de una ocasión había manifestado el propósito de mantenerse como fiscalizador del Gobierno, ya que así podía moverse con entera libertad, sin ataduras a reuniones, actos oficiales y demás funciones. Sin embargo, ante la gravedad del momento, era necesario tomar medidas drásticas para evitar un posible desastre.

”El Jefe de la Revolución, con su intuición innata, se percató de que no había otra solución y optó por el mayor de sus sacrificios: integrarse al Gobierno como Primer Ministro”.

Pero, impuso sus condiciones. Una de ellas, de un alto valor simbólico: mantendría su uniforme verde olivo y su barba rebelde. El propio Buch reproduce el diálogo: “Preguntó “¿Tengo que quitarme el uniforme?” Le contesté: “Bueno, Fidel, no sé; pero fíjate en las opiniones que priman en América sobre los militares como jefes de gobierno”. A lo que replicó: “¡Ah, no, no; este uniforme y estas barbas significan la rebeldía de la Sierra Maestra y de nuestra Revolución, y no me las quito de ningún modo, búsquense otro Primer Ministro!”.”

A las 6:00 de la tarde, del 16 de febrero de 1959, Fidel Castro —en acto solemne trasmitido por la radio y la televisión—, asumía el cargo de Primer Ministro y la Revolución entraría en un camino de trascendentales medidas y transformaciones. Ahora sin las trabas de antes, aunque todavía tendría que lidiar unos meses más con el pensamiento conservador y burgués del presidente Urrutia, lo que generó nuevos y graves inconvenientes.

Fidel en su discurso de asunción del cargo estableció el rumbo futuro de la nación, sin desconocer los peligros y obstáculos que tendría por delante, al tiempo que enfatizó en la necesidad de impulsar la Reforma Agraria, como ley indispensable para el ulterior desarrollo del país:

“De cuantas tareas he tenido que realizar en mi vida, ninguna considero tan difícil como esta, ninguna considero tan preñada de obstáculos, ninguna considero tan dura de llevar adelante, porque estoy consciente de todas las dificultades, estoy muy consciente de todos los obstáculos. (…) No tengo, sin embargo, temor al esfuerzo que debo realizar; no tengo temor por las dificultades que haya de encontrar en el camino. Soy un hombre de fe y siempre he afrontado las obligaciones resueltamente.

”Hay impaciencias y, sin embargo, nadie está más impaciente que nosotros. Le pedimos al pueblo que no se impaciente porque nosotros vivimos llenos de impaciencia. Somos hombres de trabajo, somos hombres de acción y nos gustan los hechos más que las palabras.

”Quiero aprovechar este instante de la toma de posesión como Primer Ministro para decirles a los trabajadores y a los campesinos que los tenemos presentes, que no los olvidamos; que la reforma agraria —la ley más amplia, más amplia que la de la Sierra Maestra, que resuelve el problema de los campesinos que no tienen tierra— está confeccionándose y que será una realidad dentro de breves semanas”.

Terminado el acto público, comenzó la primera sesión del Consejo de Ministro presidida por Fidel. Allí se aprobó, entre otras leyes, un proyecto de ley por el que se suprimió total y definitivamente la Renta de la Lotería Nacional, de tan triste historia de peculado y corrupción, y en su lugar se creó el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV), con los objetivos de ahorrarle al pueblo lo que perdía en el juego e invertir los fondos que se pudieran allegar para la solución del problema de la vivienda en nuestro país.

Luego, bajo la conducción de Fidel, llegarían las leyes más radicales de esa primera etapa de la Revolución, cuyo punto más alto sería la aprobación de la Primera Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo del propio 1959, firmada en La Plata, pleno corazón de la Sierra Maestra.

CubaAhora

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