Fascismo mediático made in USA

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Por Francisco Arias Fernández

donald trump

Como en los peores tiempos de la “guerra fría”, los medios de la mafia de Miami y del andamiaje de los servicios especiales estadounidenses satanizan a Venezuela y a su gobierno desbordantes de odio, intolerancia, acusaciones superagresivas, mentiras engordadas desde las oficinas de los congresistas anticubanos y de la fabriquita de inventos del señor John Bolton, en el Consejo de Seguridad Nacional.

Para Cuba y Nicaragua los infundios no son menos, con un lenguaje mucho más irrespetuoso y sucio que el empleado por el citado asesor principal de la Casa Blanca o el vicepresidente Mike Pence, en sus frecuentes reuniones privadas o públicas, con sus aliados de la Florida, amigos íntimos de los mejores socios de los terroristas del estado.

La fábrica de mentiras en español hace millones por estos días para tratar de revertir la aplastante derrota sufrida por el gobierno de los Estados Unidos en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, enfrentada a todo el planeta, con la única excepción de su perdonado, protegido y tolerado régimen sionista de Israel.

Los peores periodistas de Miami y los asalariados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) quieren aprovechar al máximo la repartición de presupuestos para la subversión contra los tres países latinoamericanos, al tiempo que disfrutan y propagan las sanciones económicas y de todo tipo, que Washington asume como venganza, e incluso se afilan los dientes con la primicia de que Trump se apresta a incluir a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo, un nuevo disparate político, que no tiene otro objetivo que escalar la agresión contra el hermano pueblo venezolano.

Las directivas de la Casa Blanca son claras: reproducir mensajes que desalienten cuanto esfuerzo apunte a la paz, el entendimiento y el normal desarrollo de las relaciones civilizadas entre los estados y pueblos de la región; incentivar los conflictos internos; estimular a los militares a retomar los golpes de Estado, como en la era de la operación Cóndor;  desacreditar gobiernos, partidos y personalidades de la izquierda; promover a la contrarrevolución y la ultraderecha.

El Nuevo Herald y CNN en Español tienen su cometido en territorio estadounidense, mientras El País de España, protagoniza la escalada agresiva y tendenciosa, que roza con posiciones fascistoides, estimulados por el lenguaje torpe y contraproducente de Washington.

Algunos se preguntan en Europa si Donald Trump, Jair Bolsonaro o la derecha radical europea serán capaces de reeditar el racismo y la homofobia que imperó hasta no hace mucho en el Viejo Continente, basados en la ola mediática de la extrema derecha neofascista que montada en el nacional-populismo arremete contra gobiernos socialistas, defienden políticas antiinmigrantes y se declaran abiertamente anticomunistas enfermizos.

Mientras utiliza los medios para la guerra contra los demás, Trump se declara y actúa como enemigo de la prensa estadounidense e internacional que lo desenmascara.

El maltrato en público del magnate  presidente el miércoles pasado durante una conferencia de prensa contra el excorresponsal principal de la CNN en la Casa Blanca, Jim Acosta, ratifica la idea de que pasadas las elecciones intermedias, Trump está a la ofensiva, retomando sus antiguos rencores y asumiendo una postura aún más agresiva, que ha sido repudiada o causado preocupación en altas esferas de Londres y París.

El malestar de los viejos aliados con el jefe del imperio obedece al “precipitado alejamiento de Trump de los principios democráticos que ellos consideran sacrosantos”.

Incluso –según la prensa europea- los franceses piden que el Presidente galo rinda cuentas sobre la invitación al mandatario estadounidense, a quien culpan de incentivar las guerras y el número de víctimas a nivel global, mientras pisotea valores elementales de la democracia y derechos humanos fundamentales, como la libertad de expresión.

Los ataques no solo tienen como blanco a la prensa norteamericana o internacional, y al partido Demócrata que le ganó la Cámara de Representantes, y que ha recibido todo tipo de amenazas y chantajes, sino a los enemigos externos, una bolsa que se ha hecho cada día más ancha en el “nuevo momento americano”, como ocurrió en los días de posicionamiento de los fascismos viejos.

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