Expedición del Yate Granma (Parte IV)

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Por Martha Eugenia López Villeda (*)

Llevaba cerca de un año la preparación de la expedición, cuando son detenidos Fidel y otros 22 revolucionarios, el 20 de junio de 1956. Raúl Castro, que no había sido apresado, encabezó las gestiones para la liberación junto a otros compañeros de la dirección del M-26-7. La situación era peligrosa al manipularse la deportación de los detenidos. La vida de Fidel peligraba.

El propio Comandante en Jefe refería que sí existía tal preocupación, “cualquier cosa podía ocurrir; por eso fue decisivo el hecho de que se pidiera ayuda a (Gral.) Lázaro Cárdenas para que intercediera por nosotros. Él tenía mucho prestigio y mucha autoridad (…) Al final fuimos puestos en libertad provisional la tarde del  24 de julio; teníamos el derecho a estar en la calle”.

En medio de la lucha por la liberación de los detenidos se dispuso la salida de la capital mexicana de un grupo de integrantes del Movimiento hacia el Estado de Veracruz para evadir la posible detención y continuar su entrenamiento, el que se aceleraría ante las condiciones que se presentaban. A pesar de las medidas tomadas, meses después fueron ocupadas las armas por las autoridades mexicanas. Debido a delaciones, el Movimiento perdió otro grupo de armas y los detenidos no pudieron participar en la expedición.

f0024454“Habíamos prometido que en el año 1956, seríamos libres o seríamos mártires, tal era el gran problema, y al ser detenidos, el 20 de junio de aquel año, cumplir dicho plazo parecía una quimera… ¡cinco meses me quedaban! Para aquella fecha habíamos perdido una parte de las armas, muchas casas –varias de seguridad-, los campos de tiro donde ir, todo lo que teníamos; ya éramos conocidos, estábamos chequeados por la policía. La situación era muy complicada”, refiere Fidel, y continúa: “En el escaso tiempo restante teníamos que concluir los preparativos y recuperar una parte de las armas, aunque realmente salvamos como el 70%. Teníamos que completar el número de hombres, el entrenamiento, conseguir el barco, preparar el punto de partida, hacerlo todo y bajo la vigilancia de la policía (…) No obstante yo estaba decidido a regresar en 1956. Era lo que sentía, únicamente preso o muerto dejaba de cumplir mi palabra,(…) Así, buscando y buscando el barco, y el sitio de donde partir, dio la casualidad que encontramos el yate Granma en Tuxpan”.

Fidel buscó al Cuate, el mexicano que le vendía las armas, para que hiciera la compra entregando 10 000 dólares y con el resto se firmó una hipoteca que después del triunfo de la Revolución se pagó. Fue necesario repararlo, pero por el corto tiempo no tuvo buena terminación. Se probó su funcionamiento en el río calmado y sin carga; en la travesía aparecieron fuertes contratiempos, se presentó mal tiempo y llevaba sobrecarga excesiva.

“…algunos de nuestros hombres tuvieron que quedarse por el escaso espacio en el barco. Seleccionamos primero a los compañeros de mayor experiencia, a los de más conocimientos, y al final, entre todos los buenos que restaban, a quienes tenían menos peso…La verdad es que sobrecargamos el yate desmesuradamente, un barquito para 10 o 12 personas trasladó 82 hombres”.

A la salida, por el río, tuvieron que bordear una patana que una empresa colocó el día anterior, evitar que los vieran dos soldados de guardia en el espigón, que la hélice del yate no se enredara en el cable que existía de un transbordador. Todos esos peligros los lograron pasar bien.

“Recuerdo que consulté el reloj, pasada ya la medianoche todo estaba listo. Subí a bordo y di la orden se zarpar (…) ¡qué alegría inmensa sentí! ¿Imaginas cuánto tiempo había soñado, trabajado y luchado para conseguir emprender la travesía rumbo a Cuba? (…) Lo primero que hicimos cuando salimos mar afuera fue cantar el Himno Nacional, con una alegría que pocas veces en la vida experimenté… porque en ese momento avanzábamos rumbo a Cuba”.

“Al pasar de los días, ya el último, en la madrugada vivimos el momento dramático en que Roque cayó al mar (uno de los expedicionarios). Cuando ya desistían de continuar buscándolo, di la orden de persistir (…) en el intento final conseguimos rescatarlo”.

“Finalmente, regresamos 82 hombres con una sola arma automática, después nos quedamos con mucho menos, porque éramos un grupito chiquitico. Esto demuestra que nuestras ideas eran correctas, porque si usted supone que va a iniciar una lucha armada guerrillera con 300 hombres y 300 armas automáticas, y la comienza con 82 hombres y una arma automática, y después solo reúne siete armas otra vez, puede llevar a cabo la lucha y obtener la victoria, entonces, nuestras ideas eran muy correctas (…)”

Fidel dice: “Como se conoce, desembarcamos el 2 de diciembre. Así vivimos aquella aventura del siglo, como la llamó el Ché”.

*MSc. Martha Eugenia López Villeda, mexicana, incorporada al proceso revolucionario cubano desde 1955, ha escrito varios libros.

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