Expedición del Yate Granma (II)

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Por Martha Eugenia López Villeda (*)

Varios miembros del M-26-7 que habían participado en el ataque al cuartel Moncada fueron llegando a México, por orientación del Movimiento en el año 1955 o antes. La vida de Raúl Castro peligraba en Cuba al ser acusado de acciones contra la dictadura y Fidel decide que vaya para México, y es el  24 de junio de 1955 cuando arriba a ese país. Fidel, por su parte, llega días después, el 7 de julio del mismo año.

Sobre la situación en los inicios Fidel dice: “Sinceramente en los primeros tiempos teníamos una situación económica muy apretada. Recuerdo que necesitábamos imprimir y distribuir unos manifiestos (Manifiestos No. 1 y número 2 del M-26-7) y no teníamos dinero. Para tal tarea tuvimos que hipotecar algunas cosas”.

“Nunca pasamos hambre porque comíamos en casa de María Antonia. Estuvimos casi sin dinero, pero no fue un período demasiado prolongado (…) El grupo aumentaba, de Cuba mandaban fondos, las recaudaciones se elevaban, y aquello nos permitía ir resolviendo lo esencial para vivir; además, llevábamos una vida austera, dedicados por entero a la causa”.

Sin títuloA la casa de la cubana María Antonia González acudían casi todos los recién llegados, además de los que ya estaban hacía meses. Los muchachos, como ella les llamaba, encontraban ahí comida y donde dormir, aunque sea en una colchoneta en el piso. Ella prestó gran servicio a la preparación de la expedición, así como otro grupo de mexicanos cuya ayuda solidaria fue imprescindible para el Movimiento.

El liderazgo de Fidel se fortalecía en Cuba, el M-26-7 crecía y ampliaba su organización. Una de las tareas principales del Movimiento era recoger dinero, centavo a centavo, para enviar al grupo de México. Otra primordial era la organización del apoyo al desembarco de los expedicionarios.

Algunos miembros de la dirección del M-26-7 en La Habana como Frank País, María Antonia Figueroa, entre otros, estuvieron en México. Todas las acciones que se llevaban a cabo entre ambas naciones, estaban coordinadas, siempre bajo la dirección de Fidel, pues se tenía una gran confianza en su liderazgo.

En este contexto, Fidel viajó a Estados Unidos. Sobre aquella salida al norte, expresó: “Viajé efectivamente por los lugares donde estuvo Martí: Nueva York, Filadelfia…Conmigo iba Juan Manuel Márquez, existía la necesidad objetiva de recaudar fondos; aunque finalmente no pudimos reunir grandes cantidades, pero alguna ayuda recibimos”.

En cuanto a los peligros, Fidel expone: “A pesar de ser el ámbito propicio, no carecíamos de peligros; nos acechaban perennemente. De ellos se encargaba la legación diplomática batistiana allí (…) Todo lo relacionado con las armas y las municiones lo compartimentamos….El único que sí sabía todos los detalles, donde estaban las armas, cuántos éramos en total, en qué casas se ubicaban los grupos, etcétera, era yo y algunos que permanecían junto a mí”.

En cuanto a los entrenamientos físicos y de tiro, el Comandante en Jefe relataba que los desarrollaron dentro de la ley como el resto de las actividades. “Existía el campo de tiro Los Gamitos, a donde acudíamos habitualmente (…) Nosotros nos hacíamos pasar por deportistas aficionados al tiro (…) Iban conmigo seis, siete, ocho o diez compañeros, grupos pequeños que rotaban para no llamar la atención”.

 

…Continuará

 

* MSc. Martha Eugenia López Villeda, mexicana, incorporada al proceso revolucionario cubano desde 1955, ha escrito varios libros

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