Estados Unidos juega al solitario

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Por Guillermo Alvarado

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Para pocos fue una sorpresa el anuncio del gobierno de Donald Trump de que Estados Unidos se retira del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un organismo que no ha logrado manipular políticamente y donde a pesar de las ínfulas imperialistas se le da el mismo trato que a todas las demás naciones.

El secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, y la embajadora de ese país ante la Organización de las Naciones Unidas, Nikki Haley, se encargaron en conferencia de prensa de dar la noticia, que estuvo acompañada con graves ofensas contra una entidad que ha tratado de mantener equilibrio en sus resoluciones por medio del Exámen Periódico Universal, un proceso donde los países, sin distinción alguna, deben rendir cuentas ante la comunidad internacional de su actuar en esta materia.

Pompeo calificó al Consejo como “un pobre defensor de los derechos humanos y, lo que es peor, en un ejercicio de hipocresía sin vergüenza”, y la señora Haley dijo que el organismo mantiene una campaña “patológica” contra Israel.

Hasta ahora a Washington le ha sido imposible manipular, chantajear y torcer la voluntad internacional para sancionar a su antojo a países soberanos, como lo hacía con la desprestigiada Comisión de los Derechos Humanos, que cayó debido a sus propios excesos.

Para Estados Unidos, además, es una prioridad de política exterior defender a su aliado estratégico en el Oriente Medio, el régimen de Israel, que sí mantiene una persecución patológica en contra el pueblo de Palestina.

Trump se marcha del Consejo de Derechos Humanos como lo hizo de la UNESCO el año pasado, en donde su antecesor Barack Obama suspendió en 2011 los aportes financieros tras la admisión de Palestina como Estado de pleno derecho.

Es verdad que la pérdida del 22 por ciento de su presupuesto fue un duro golpe en la organización, pero con esfuerzos y una mejor administración de los recursos siguió adelante con sus programas más importantes.

No dudo que el Consejo de Derechos Humanos logrará hacer lo mismo.

Hay que recordar, además, que el presidente de Estados Unidos abandonó el Acuerdo sobre Cambio Climático de París, el Tratado Nuclear con Irán, el pacto Transpacífico, el de Libre Comercio de América del Norte y puso un pie fuera de la Organización Mundial del Comercio con su guerra arancelaria.

Lejos de ganar prestigio, el jefe de la Casa Blanca enfrenta una gran repulsa, como ocurrió con la separación de los hijos de familias indocumentadas, medida que debió revertir a medias ante la condena universal.

El señor Trump sigue jugando al solitario en un mundo que reclama cada vez más cooperación y olvida que los imperios que se aislaron en la historia sucumbieron víctimas de sus miedos y contradicciones.

RHC

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