Estados Unidos al descubierto

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Por María Josefina Arce

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Nikki Haley embajadora estadounidense en la ONU.

Durante décadas Estados Unidos en la desprestigiada Comisión de la ONU de Derechos Humanos sentó en el banquillo de los acusados a las naciones no afines con sus intereses. El Tercer Mundo, por supuestas violaciones de las prerrogativas ciudadanas, fue el gran juzgado por ese organismo al que las maniobras norteamericanas le confirieron un marcado carácter selectivo, discriminatorio y político.

En 2006 la criticada Comisión sería reemplazada por el Consejo de Derechos Humanos, que recientemente emitió un informe sobre Estados Unidos, hecho al que reaccionó airadamente la administración del presidente Donald Trump, que además, tuvo el cinismo de calificar el documento de engañoso y políticamente parcializado.

Provoca indignación que precisamente sea Washington el que catalogue como hipócrita y egoísta al Consejo, cuando desde el organismo que lo antecediera promovió resoluciones en contra de Cuba y otras naciones del Tercer Mundo.

Por demás su reciente salida de ese órgano de la ONU por haber aprobado crear un mecanismo de investigación sobre la situación en Gaza, lo que afecta a su socio incondicional Israel, evidencia aún más el doble rasero del norteño país, que a lo largo de la historia se ha tomado el derecho de emitir unilateralmente informes sobre la situación de los derechos humanos en otras naciones.

El documento que ahora despertó la ira de Washington concluye que “Estados Unidos, una de las naciones más ricas del mundo, se está convirtiendo rápidamente en un defensor de la desigualdad”, y señala, entre otros datos, que ese país tiene actualmente la tasa de mortalidad más alta entre 20 naciones ricas, y una de las tasas más altas de pobreza infantil en el mundo desarrollado, 21%.

En Estados Unidos, indica el texto, viven 41 millones de personas en la pobreza, de ellas mas de 18 millones en la pobreza extrema, y uno de cada tres pobres es un niño.

Sin embargo, para la embajadora estadounidense ante el organismo, Nikki Haley, es “obviamente ridículo que las Naciones Unidas examinen la pobreza en Estados Unidos” .

Al presentar en los últimos días el informe en la sede del Consejo de Derechos Humanos, en la ciudad suiza de Ginebra, el relator de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos, Philip Alston, replicó a la embajadora Haley que “cuando uno de los países más ricos hace tan poco por los 41 millones de sus ciudadanos que viven en la pobreza, es completamente apropiado que esté bajo escrutinio”.

Los “masivos recortes de impuestos” promovidos por el presidente Trump “beneficiarán abrumadoramente a los ricos”, mientras que otras políticas seguidas por su administración estigmatizarán y castigarán a millones de estadounidenses de bajos ingresos, señaló.

En Estados Unidos hay pobreza y ese flagelo incide con mayor fuerza entre los hispanos y los afronortemericanos. Es una situación que no se resuelve con actitudes prepotentes, aunque claro que tratándose de Estados Unidos ya estamos acostumbrados.

Trump que tanto quiere llevar a Estados Unidos a su esplendor económico y que opina sobre la situación en otras naciones, debería mirar primero el panorama en su propio territorio y preocuparse más por esos millones de norteamericanos que no tienen un techo digno, ni pueden todos los días satisfacer su hambre.

RHC

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