Escándalos famosos del Pentágono

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Percy Francisco Alvarado Godoy

Descubrir el lado más oscuro de todas las artimañas, trapos sucios, fabricación de falsos pretextos para iniciar guerras y operaciones encubiertas, acoso sexual, filtración de documentos y otros malos manejos del Pentágono, ha sido uno de los más preciados anhelos de periodistas honestos, tanto de EE.UU. como del mundo. Un lugar cimero en este empeño lo ha logrado Seymour Hersh.

Hersh asestó su primer golpe noticioso en 1969, al poner sobre aviso a la opinión pública mundial la nada célebre matanza de My Lai, en la que fueron asesinados más de tres centenares de vietnamitas, incluidos niños, mujeres y ancianos.  Fue, sin dudas, un duro golpe contra el papel de su país en Indochina y uno de los tantos granos de arena que motivó el despertar de la lucha contra la guerra en Vietnam en EE UU.

Luego de importantes destapes de operaciones encubiertas de la CIA como lo fueron los intentos para desestabilizar al legítimo gobierno de Salvador Allende, los seguimientos e intentos de asesinato por parte de la CIA contra líderes de otras naciones, el programa nuclear israelí, el rol de Kissinger en la desestabilización en Vietnam y Chile, las operaciones del Plan Cóndor, los affaires amorosos de Clinton con Mónica Lewinsky, volvió a la carga contra el Pentágono en abril de 2005, mediante un artículo titulado  “Tortura en Abu Ghraib”. Otra vez salió a la luz el sadismo de los militares norteamericanos y otra vez el mundo se escandalizó. El gobierno de George W. Bush sufrió el descalabro, incluido su Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, obligado a dejar su puesto.

Hay indicios de que Hersh estuvo varias veces en peligro y más de un alto miembro del Pentágono y la CIA analizó la posibilidad de hacerlo desaparecer. Sin embargo, Hersh siguió desenmascarando ante un público ávido por conocer la verdad oculta detrás del secretismo gubernamental.

El 16 de junio de 1992 otro escándalo sacudiría al Pentágono y que condujo a la renuncia y procesamiento legal del entonces Secretario de Defensa de Ronald Reagan, Caspar Weinberger, como resultado del destape del escándalo Irán-Contras. La acusación contra Caspar –chivo expiatorio y no el único culpable-, incluyó varios cargos tales como   los de obstrucción de la investigación del Congreso, perjurio y falsificación de datos. De nada sirvió el espaldarazo que trató de darle Reagan, ya expresidente, a uno de sus más importantes instrumentos de su política guerrerista.

Con la masiva filtración de documentos por parte de WikiLeaks, otra vez el Pentágono fue puesto en la mirilla de la opinión pública mundial, al ser sacados a la luz sus secretos mejor guardados.  Nada pudo hacer la Casa Blanca para amortiguar el enjuiciamiento de cada persona y de los medios de prensa. Salieron a la luz operaciones encubiertas, fuentes de información, actividades cuestionables, crímenes horrendos, turbias manipulaciones y otras trapisondas vinculadas a la guerra de Afganistán y al actuar de la administración Obama. Se supo entonces de secretos que involucraban a Pakistán y otras naciones en la guerra sucia afgana, tanto como aliados o como soportes de los talibanes.

A partir de esos momentos se hicieron familiares para la gente apelativos como  Task Force 373, Delta Force, Seals y otros, como tropas élites secretas cuya misión es la de servir como fuerzas letales en varias partes del mundo y, particularmente, en Afganistán. Estas fuerzas actuaban por doquier, violando fronteras territoriales de otros países en sus incursiones de muerte, cometiendo crímenes y otras atrocidades, con el visto bueno del Pentágono y el gobierno.

Estos comandos élites se encargaron de la eliminación física, sobre la base de una lista de objetivos, denominada Joint Prioritized Effects List, la que acumuló miles de nombres. Su divisa era, simplemente, “capturar o matar”.

Lo cierto es que, a pesar de algunos logros incuestionables, muchos de sus blancos fueron víctimas civiles a los que se consideró siempre como daños colaterales. Un ejemplo de ello fue la muerte de 7 niños para conseguir la captura de Abu Laith al-Libi, un terrorista de Al Qaeda, eliminado en Waziristán, Pakistán, en abril de 2007.

Otro escándalo que ha afectado al Pentágono es el uso de drones como Reaper o Predator, cuya eficacia en la selección de los objetivos es dudosa y ha causado –sigue causando y lo seguirá haciendo-, la muerte de centenares de inocentes, sobre todo en Afganistán y Pakistán.

En marzo de 2012, otros dos nuevos escándalos afectaron seriamente al Pentágono y a la imagen de sus tropas. La aparición de una foto de un grupo de francotiradores de la unidad conocida como Sniper Scouts, posando durante su estancia en el 2010, en la localidad de Sangin, en Afganistán, en la que posan junto a su bandera nacional y un símbolo nazi de las SS, causó una mala impresión en todo el mundo, el cual todavía no sobreponía de la aparición de un video en que cuatro miembros del Marine Corps se veían orinando sobre los cuerpos de varios talibanes muertos.

El Pentágono sufrió las consecuencias de la inapropiada conducta de su personal militar en Cartagena de Indias, Colombia, al involucrarse con 21 prostitutas en un hotel de esa ciudad, durante las noches del 11 y el 12 de abril del 2012. Junto a miembros del Servicio Secreto destinados a cuidar a Obama, el personal militar violó importantes normativas de seguridad y fueron retirados del país. Ni el entonces Secretario de Defensa, Leon Panetta, pudo amortiguar el escándalo.

Otro escándalo que afectó a las élites del Pentágono y la CIA tuvo que ver al darse a conocer los vínculos sexuales del general David Petraeus, entonces director general de la CIA, así como del general John Allen, comandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán, con Jill Kelley, una bella mujer de la Florida, esposa y madre de tres hijos. Otra vez Panetta trató de calmar los ánimos luego de la renuncia de Petraeus  y la jubilación de Allen. La citada mujer niega estas relaciones sexuales, empero involucra a otra mujer nombrada Paula Broadwell, amante del exdirector de la CIA.

En octubre del 2013, ante el cierre del gobierno norteamericano, el Pentágono se vio obligado a buscar una solución para poder pagar a los familiares de los soldados caídos en combate. Ante la falta de liquidez, tuvo que contactar a una fundación nombrada Fisher House, para lograr remediar el penoso asunto. Hubo casos tan bochornosos como el del soldado Jeremiah Collins, muerto en combate en Afganistán, cuya madre carecía de recursos para los gastos de su funeral.

En enero de este año, el Pentágono se vio sacudido por otro escándalo, al ser publicadas por revista TMZ  41 fotos que muestran a soldados norteamericanos quemando los cuerpos inertes de soldados iraquíes, en la localidad de Fallujah, en el año 2004.

A finales de enero, el Secretario de Defensa, Chuck Hagel, tuvo que tomar cartas en el asunto y ordenar una profunda investigación, luego que trascendieran informaciones sobre el uso de drogas y alcohol, así como falsificación de pruebas de aptitud, por parte de numerosos oficiales encargados de la fuerza nuclear norteamericana, particularmente los pertenecientes a la Base Aérea de Malmstrom, en Montana.  Esta práctica se extendió a 6 bases militares de EE UU ubicadas en ese país y en el Reino Unido. Ese escándalo aumentó la ya deteriorada imagen de los militares, luego de que un general, encargado del control de los misiles nucleares norteamericanos se viera envuelto en un sonado caso de vínculos con prostitutas y abuso de alcohol durante una visita a Rusia.

Estos son solo algunos ejemplos de la moralidad cuestionada, del dudable patriotismo de las tropas USA y de los numerosos escándalos en que han visto envueltos altos jefes del Pentágono y unas fuerzas militares con las manos manchadas de mucha gente inocente.

Tomado del Blog Descubriendo Verdades

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