Enero de cartilla y fusil

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1-300x291Plaza de la Revolución, 2 de enero de 1961. Una gran expectación en el pueblo congregado allí. De pronto un ruido extraño, como el de miles de tractores de es-tera agrediendo al pavimento. “¡Vienen los tanques!”. Eran los T-34, el famoso tanque mediano soviético que solo en filmes habrían visto los cubanos. Majes-tuosos, en una hilera que a un periodista se le antojó interminable, eran vitoreados por los asistentes. El se-creto a susurros que circulaba por toda Cuba ahora se hacía a voces: ante las presiones de Estados unidos sobre Europa occidental para que no le vendiera armas a Cuba, la Revolución las había adquirido en la Unión Soviética y otros miembros del Pacto de Varsovia.

El más grande desfile militar en la historia de la na-ción lo abrió el comandante Juan Almeida, entonces jefe del Ejército Rebelde, escoltado por cuatro colum-nas de tropas especiales del Ejército Rebelde. Detrás de ellos, a paso marcial, exhibieron sus armas las compañías de bazucas, las baterías de morteros y ca-ñones antitanques. Mientras que los muchachos de las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario portaban orgullosos sus bazucas ligeras, los milicianos marcha-ban con sus fusiles, los batallones femeninos, y me-tralletas los hombres. Les siguieron los niños artille-ros, con sus piezas antiaéreas, las populares “cuatro bocas”.

Según el colega Gabriel Molina, presente aquel día en la Plaza, “de entre las masas de hombres y mujeres de pueblo que vitoreaba el desfile surgió un canto rít-mico, zumbón y victorioso: “Rifle, fusil, escopeta, a cuba se le respeta”.

El imperio contraataca

El año 1961 nacía cargado de aires de guerra. Un in-cendio de gran magnitud había iluminado en las últi-mas horas de 1960 la esquina de Neptuno y Galiano: en la tienda La Época los bomberos trataban de impe-dir que las llamas se extendieran a los edificios aleda-ños. Para esa tarea contaban con la ayuda de milicia-nos, soldados y gente de pueblo, que de forma volun-taria habían acudido al lugar, desafiando las llamas y el humo.

Semanas después, tras la captura del jefe de una red terrorista se supo que el fósforo vivo y la sustancia gelatinosa inflamable usada en el sabotaje habían sido suministradas por oficiales de la CIA bajo la fachada de diplomáticos de la embajada estadounidense. El contrarrevolucionario explicó, en su comparecencia por televisión, que ese era el comienzo de un plan mayor de la CIA: “incendiar La Habana” como prepara-ción para una posible invasión armada.

No era el único indicio de la agresión de gran mag-nitud que se avecinaba. En una finca ubicada en el oc-cidente de Guatemala recibían entrenamiento militar un gran número de contrarrevolucionarios bajo el mando de militares estadounidenses. Una pista de aterrizaje y hangares subterráneos se habían construi-do en la hacienda, enlazada por una carretera en construcción con la costa del Pacífico. El cercano aeró-dromo de Retalhuleu había sido remodelado y amplia-do, y amigos de Cuba habían denunciado la presencia en el país de bombarderos con insignias cubanas que solo podían tener dos propósitos: atacar a la Isla o pa-ra simular una agresión cubana contra alguna nación centroamericana.

Coherente con su estrategia, Washington dio un pa-so más y el 3 de enero anunció públicamente la ruptu-ra de relaciones diplomáticas con Cuba.

La luz de la enseñanza

Aunque su comienzo oficial se hizo después, a finales de enero, la Campaña de Alfabetización se inició el primer día del año, cuando se abrieron aulas en cen-tros de trabajo y casas particulares para enseñar a leer y escribir a los cientos de miles de iletrados que aún existían en el país. Uno de aquellos maestros volunta-rios fue Conrado Benítez, un joven matancero que cuando le preguntaron su disposición de marchar al Escambray, respondió: “Todo el tiempo que fuera ne-cesario”.

Lo ubicaron en Topes de Gavilanes, que se llamaba antes Corrales de Fragoso. Según los campesinos de la zona “hablaba poco. Fue el primer maestro por aquí. Daba las clases a los niños y ya estaba organizando las de los mayores”. Se preocupaba por sus alumnos, que-ría que tuvieran ropa, calzados y uniforme, les tomó las medidas y la talla a cada uno para conseguirlos. Otros testimonios aseguran: “Iba a las casas a ver por qué los niños no iban a clases, jugaba con ellos. Era noble, callado y serio. Ayudaba a los pobladores de la zona en las tareas agrícolas como cualquier hombre de campo”.

Sabotaje a la tienda La Época. La violencia contrarre-volucionaria se desataba en campos y ciudades.

Alzados contrarrevolucionarios secuestraron al jo-ven maestro en la noche del 4 de enero de 1961. Cuentan que el jefe de la banda le propuso incorpo-rarse a ella. “Ante todo soy revolucionario y no traicio-naré a mi pueblo”, replicó Conrado. Días después, de-bajo de una guásima, tapados con hojas secas, un grupo de milicianos encontraron los cadáveres del maestro y de Heliodoro Rodríguez, este último funda-dor de la milicia en la zona.
Lamentablemente, no fue Conrado el único maestro asesinado, otros engrosarían la lista de víctimas del terrorismo contrarrevolucionario. No obstante la Campaña siguió y Cuba fue declarada Territorio Libre de Analfabetismo.

La Operación Jaula de las FAR silenció a la CIA

La Revolución aprendía a defenderse. El Consejo de Ministros promulgaba una ley que incluía la pena ca-pital a los autores de sabotajes, incendios y asesina-tos. Unos 60 mil milicianos, que comenzaron a llegar escalonadamente desde el 9 de diciembre en la llama-da Operación Jaula de las FAR, eran movilizados hacia el Escambray para neutralizar a las bandas de alzados que cometían crímenes a diario. La CIA, entretanto, intentaba enviarles ayuda a las partidas de contrarre-volucionarios. En Condado, Trinidad, el 6 de enero, un avión de la agencia, al ser tiroteado por la milicia, arrojó todo su cargamento. Al día siguiente el periódi-co Revolución reportaba la captura de fusiles, ame-tralladoras Thompson, fusiles ametralladoras Brow-ning, granadas, balas incendiarias, municiones, de di-verso tipo, explosivos de alto poder, detonadores y radios portátiles. Luego cerca de Bahía Honda otro cargamento similar caía en manos de los milicianos.

Años después se supo que todos esos alijos forma-ban parte de la Operación Silencio. Era el armamento que la CIA le había prometido a los jefes contrarrevo-lucionarios a finales de 1960 con el fin de que ellos respaldaran la invasión armada que ya proyectaba rea-lizar. Con gran olfato político el enlace de la agencia con los alzados escribió por aquellos días un mensaje en clave para Langley donde afirmaba: “Si cayó Opera-ción Silencio en manos del enemigo estamos perdi-dos”. Y así fue, la Operación Jaula de las FAR, al que-brarle el espinazo a la Operación Silencio de la CIA prefiguró el desastre total de lo que luego sería la in-vasión por bahía de Cochinos.

Un peligroso “agente de Castro”

Sobre los gobiernos latinoamericanos se ejercían fuer-tes presiones por parte de Washington. Perú no las resistió y se unió a los que ya habían roto relaciones con Cuba. En Venezuela la Dirección general de Policía (Digepol) estableció una estrecha vigilancia sobre los exiliados cubanos que simpatizaban con la Revolución y una manifestación de estudiantes y obreros venezo-lanos en apoyo a Cuba fue violentamente reprimida, con un saldo de varios muertos.

Y en la continuación del cerco contra la Isla rebelde, el 16 de enero Washington establecía la prohibición de viajar a Cuba a ciudadanos estadounidenses que no estuviesen autorizados por el departamento de Estado.

Vanguardia del magisterio

El 23 de enero, en el teatro de la CTC, se daba inicio formalmente a la Campaña de Alfabetización durante el acto de graduación de la segunda promoción de maestros voluntarios, a quienes Armando Hart, enton-ces ministro de Educación, calificó de “verdadera van-guardia del magisterio revolucionario en los campos”.

Conrado Benítez. De él dijo Fidel: “He ahí las tres ra-zones por las cuales los agentes del imperialismo lo asesinaron; era joven, era negro, era maestro”

La evocación de Conrado Benítez, graduado del pri-mer grupo de maestros voluntarios, no faltó en voz de Fidel. “Como ustedes, pasó por los campamentos de las montañas; […] acudió al llamado de enseñar a los niños del campo; […] pasó los días de lluvia y las no-ches de frío; un maestro de los que, como ustedes, pasó por todas las privaciones de las montañas en el noble afán de enseñar […] no iba a Miami, este joven no iba a París, este joven no tenía Cadillacs; era un hombre joven de 18 años que solo conocía del sudor honrado, que solo conocía de la pobreza, que solo co-nocía del sacrificio; era un joven humilde, y un joven negro, por lo cual conoció también de la discrimina-ción cruel e injusta; […] He ahí las tres razones por las cuales los agentes del imperialismo lo asesinaron; era joven, era negro, era maestro”.

Cinco días después Fidel inauguraba la Ciudad Esco-lar Abel Santamaría en lo que había sido sede del re-gimiento Leoncio Vidal, en Santa Clara. “Es posible que ya el año que viene no podamos inaugurar, el 28 de enero, algún cuartel militar convertido en escuela. ¿Saben por qué? Porque ya se nos están acabando los cuarteles. Podremos abrir nuevos centros, construir otras ciudades escolares, pero ya no tendrán ese sabor tan grato para ustedes y para nosotros, de ver conver-tido en magnífico centro, de ver llenos de maquinarias esos pabellones que ayer estaban llenos de fusiles, de máquinas de muerte”.

También se refirió Fidel a la situación que atravesa-ba Cuba entonces y recalcó que los milicianos “no solo van a combatir y liquidar a los elementos contrarrevo-lucionarios, sino que van a desarrollar, al mismo tiempo, la campaña de alfabetización. Es posible que ninguna fuerza militaren la historia del mundo hubie-se llevado, juntos, estos dos instrumentos: su fusil y su cartilla de alfabetización”.

En otro momento del discurso apuntó: “La Revolu-ción se ha propuesto ganar una de las más grandes batallas por la cultura que haya librado ningún pueblo: se propone erradicar el analfabetismo en un año”. Idea que reiterará en varias intervenciones. A los escépticos que pensaban que no se podía resistir al imperialismo y al mismo tiempo enseñar a leer y escribir a cientos de miles de cubanos, les repetirá: “Ya veremos cómo enseñamos hasta el último analfabeto, y ya veremos cómo aniquilamos hasta el último criminal contrarre-volucionario”.

Tomado Bohemia

http://bohemia.cu/historia/2016/01/enero-de-cartilla-y-fusil/

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