En nuestra memoria: Huelga del 9 de abril

Por Marta Denis Valle

HUELGA 9 ABRIL

La huelga general revolucionaria, convocada el 9 de abril de 1958 y reprimida sangrientamente por la dictadura batistiana, conserva un halo heroico imperecedero, 60 años después, en la historia y la memoria de los cubanos.

A las 11.00 de la mañana las principales emisoras de la capital y del interior del país interrumpieron sus transmisiones habituales para anunciar la huelga general, al tiempo que milicias del movimiento clandestino salían a las calles con el fin de detener el tránsito.

íAtención, cubanos! ÂíAtención, cubanos! Es el 26 de Julio [M-26-7] llamando a la huelga general revolucionaria. Hoy es el día de la libertad. El día de la huelga general revolucionaria. íAtención, cubanos!’.

Este hecho constituyó uno de los sucesos trascendentes del año 1958 por su impacto y las grandes manifestaciones de heroísmo entre sus participantes, aunque tuvo carácter parcial debido a fallas en su organización.

Centenares de revolucionarios, en su mayoría jóvenes, lucharon movidos por el deseo de acortar los plazos para el derrocamiento de la sangrienta tiranía, que cada día aumentaba los arrestos, torturas y asesinatos.

Un alto número de ellos se incorporaron a los mártires de la Patria.

LOS CLANDESTINOS EN COMBATE 

La célebre película cubana Clandestinos (1987), del laureado cineasta Fernando Pérez, entre sus escenas conmovedoras ofrece un pasaje del Asalto a la Armería, de la calle Mercaderes, realizado por un comando del M-26-7, en la Habana Vieja.

Era su propósito obtener algunas armas para los comandos clandestinos que operarían en la ciudad en apoyo de la huelga. En esa tienda se vendían objetos para la caza deportiva como escopetas, fusiles, cartuchos, cuchillos y otros.

De los asaltantes a la Armería, fueron asesinados Carlos Astiazaraín Turró, Marcelo Muñoz Zamora, Roberto Casals Fernández del Cueto y Reinaldo Aulet Rodríguez del Rey.

La Habana vivió la voladura de varios registros de electricidad, paros y sabotajes en diferentes centros de trabajo y acciones armadas en Guanabacoa, el Cotorro y otros lugares de fuerte tradición obrera.

Solo lograron debilitar parcialmente el transporte público y el funcionamiento de los comercios.

En la capital ya había sido aplastada en horas de la tarde con un saldo de muertos, entre ellos Macelo Salado Lastra (1927-1958), dirigente del M-26-7 en La Habana, al ser ametrallado y rematado de un tiro El Vedado.

Se dirigía a un lugar cercano para hacer contacto con miembros del Frente Obrero Nacional (FON), pero fue reconocido por agentes represivos de la policía en la esquina de G y 25, donde existe hoy una placa sobre el hecho.

Además de en la capital, hubo acciones en todas las provincias, en algunas con amplitud, como en la ciudad de Sagua la Grande, en la entonces provincia de Las Villas; y duró varios días en el este del país, donde recibió apoyo de los destacamentos rebeldes.

En Matanzas se tomó la radio y se interrumpió el tránsito por ferrocarril, así como otras acciones de sabotajes y paralización del trabajo; lo que incluyó a Varadero y Pedro Betancourt.

Hubo diversas acciones huelguísticas en Santa Clara, Quemado de Güines, Ranchuelo, Corralillo y Rancho Veloz; como también en Camagüey, Ciego de Ávila y otros sitios del centro de Cuba.

Un grupo guerrillero tomó el Cuartel de la Guardia Rural en Corralillo, e izó la bandera del M-26-7.

Otro grupo de guerrilleros atacó el cuartel de la Guardia Rural en Quemado de Güines y luego interrumpió el tránsito en la Carretera Central.

En Sagua la Grande, escenario de un levantamiento popular, lograron paralizar por completo la ciudad con poco más de 30 hombres armados, combatieron a las fuerzas de la tiranía y mantuvieron sus posiciones durante 24 horas.

Se reportaron alzamientos revolucionarios en Ciego de Ávila y en el poblado de Minas, Camagüey; fue asaltada la planta eléctrica avileña de Vicente y realizada la quema de cañaverales en ingenios azucareros.

Con el apoyo del Éjército Rebelde y el fuerte movimiento clandestino, logró mantenerse varios días en las ciudades de Manzanillo, Guantánamo, Santiago de Cuba y Palma Soriano, y en gran número de pueblos y localidades orientales.

En apoyo a la huelga, milicianos santiagueros encabezados por René Ramos Latour (1932-1958), Jefe Nacional de Acción del M-26-7, atacaron el cuartel de Puerto Boniato en la madrugada del 9 de abril.

Daniel, su nombre clandestino, dirigió las acciones en la zona oriental y formó una columna guerrillera que después se integró al II Frente Oriental Frank País. Posteriormente volvió a la Sierra Maestra, donde había peleado en 1957. Allí murió en combate el 30 de julio de aquel año.

Decenas de combatientes murieron en las acciones o eran asesinados por los cuerpos represivos, y cientos resultaron detenidos. En los días siguientes fueron arrojados cadáveres en diversos lugares, con muestras de torturas.

La cifra mayor de muertos estuvo en La Habana con 23 en la capital, siete en el Cotorro y cuatro en Güines; alrededor de 30 en Las Villas, 24 en Santiago de Cuba, tres en Matanzas y uno en el Mariel.

De los villareños, 18 cayeron en Sagua la Grande, ocho en Santa Clara, cinco en Quemado de Güines, tres en Ranchuelo, tres en Santo Domingo y cuatro en Sancti Spíritus, quienes fueron apresados en sus viviendas y asesinados.

De igual forma detuvieron en el interior de una vivienda a cuatro guantanameros, a los que ultimaron el 12 de abril.

Con el duro golpe propinado al movimiento clandestino urbano, el batistato se sintió fuerte y preparó la ofensiva de verano contra el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, la cual fracasó totalmente y marcó la fase final del régimen neocolonial en Cuba.

PL

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