Por Jorge Wejebe Cobo

El poblado de El Uvero, situado frente a la costa en las estribaciones de la Sierra Maestra, fue escogido por el Comandante en Jefe Fidel Castro para librar uno de los primeros combates del naciente Ejército Rebelde, dirigido por él en el amanecer del 28 de mayo de 1957 con un primer disparo al equipo de radio del cuartel de la localidad.
Poco antes de esa acción, las fuerzas de Fulgencio Batista reforzaron el cuartel con un destacamento de 60 soldados, fuertemente equipados.
De antemano, el servicio de inteligencia de la dictadura conoció la fecha de salida el 19 de mayo desde Estados Unidos de la expedición del yate Corynthia, compuesta por 27 compañeros de otra organización insurreccional, dirigida por Calixto Sánchez White, que perseguÃa desembarcar en la costa norte de la región oriental para abrir un frente en la Sierra Cristal.
El coronel FermÃn Cowley Gallego, jefe militar de la región norte de la antigua provincia oriental y quien era famoso por matar a los prisioneros a golpes, al conocer la oportunidad que tendrÃa de ascender y hacer méritos ante el dictador asesinando a revolucionarios, esperó el desembarco con cientos de soldados y masacró a la mayorÃa de los expedicionarios, entre ellos a su jefe, e impidió que se establecieran en la Sierra Cristal como eran sus planes.
Fidel conoció acerca de esa expedición y para desviar la atención de la soldadesca enemiga que irÃa tras la persecución de los que viajaron a la Isla en el Corynthia, decidió realizar el ataque contra la guarnición de El Uvero, como expresó en su reflexión del primero de junio de 2007, titulada Un esclarecimiento honesto.
Destacó que un fuerte sentimiento de solidaridad los llevó a una decisión difÃcil que ponÃa en gran peligro la existencia de la columna rebelde todavÃa en una etapa temprana de consolidación de su capacidad de combate, pero ante esos peligros prevalecieron los valores de lealtad con los que combatÃan a la dictadura sin importar a que tendencia u organización insurreccional pertenecÃan.
En esa época, el núcleo insurreccional de alrededor de 100 combatientes se iniciaba en la práctica de realizar emboscadas en los caminos y vÃas de acceso, en las cuales el factor sorpresa y el dominio del terreno permitÃan hacer bajas, sin casi pérdidas y solo un año después dominarÃan ya la estrategia de cercar unidades enteras batistianas y aniquilarlas como correspondÃa realizar en El Uvero.
No obstante, con informaciones escasas e imprecisas en la madrugada del 28 de mayo comenzó el riesgoso ataque contra las posiciones enemigas, que a pesar de los riesgos que implicaba culminarÃa con una victoria rebelde adelantada a su tiempo.
El enemigo organizó la defensa del cuartel basada en fortines hechos de gruesos troncos de madera, defendidos por soldados con ametralladoras y fusiles automáticos, que fueron tomados por asalto uno a uno, con un gran derroche de coraje.
Juan Almeida resultó impactado en el pecho y se salvó porque una cuchara que llevaba en el bolsillo atenuó la herida. Guillermo GarcÃa mantuvo el fuego y neutralizó uno de los fortines. Ernesto Che Guevara disparó parado con un fusil ametralladora que se encasquillaba.
Raúl Castro avanzó con su pequeño pelotón contra otro de los fortines de troncos, todo en una carrera contra el tiempo antes de que apareciera la aviación.
Asà fue transcurriendo el asalto, hasta que los soldados se rindieron después de alrededor de tres horas de acción bélica.
Casi la tercera parte de los participantes resultaron muertos o heridos. Las fuerzas rebeldes tuvieron siete bajas, entre ellos Julito DÃaz y Emiliano DÃaz (Nano) además de ocho heridos, entre ellos Juan Almeida, mientras que las fuerzas batistianas perdieron 14 hombres y totalizaron 19 heridos. Solo unos pocos soldados pudieron escapar.
Los revolucionarios ocuparon decenas de armas y miles de proyectiles y sobre todo se fortaleció el espÃritu de lucha. Al decir del Che, con esa victoria se alcanzó la mayorÃa de edad del Ejército Rebelde.