El rostro oculto y las pasiones…

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Fidel--66Por Daily Sánchez Lemus

“Cuando estalló La Coubre, descubrí  el rostro oculto de todas las revoluciones, su rostro de sombra: la amenaza extranjera sentida en la angustia. Y descubrí la angustia cubana porque, de pronto, la compartí. Hay que haber visto la alegría siempre despierta de construir y la angustia, el temor permanente de que una violencia estúpida lo aplaste todo: hay que haber vivido en la isla y haberla amado, para comprender que cada cubano siente a cada minuto las dos pasiones juntas y que en él una se exalta por la otra.”

Así escribió Jean Paul Sartre, intelectual francés que estaba en La Habana ese 4 de marzo de 1960 y que un día después compartió tribuna con Fidel y otros dirigentes y colegas. Antonio Núñez Jiménez narra en su libro En Marcha con Fidel 1960, cómo vivió ese día en el que la sombra del terrorismo atacó a los cubanos.  Ninguna voz más autorizada que la de los testigos de aquel momento.

Así cuenta Núñez Jiménez:

“El reloj de mi despacho del INRA marca un poco más delas tres de la tarde. Es el viernes 4 de marzo. Una terrible explosión conmueve toda la ciudad. Las ventanas de cristal de sólido edificio del Instituto Nacional de Reforma Agraria trepidan como si un terremoto sacudiera sus cimientos.

Inmediatamente hablo por el intercomunicador con Fidel, en el despacho contiguo.

-¿Oíste?- atino a preguntarle al Comandante en Jefe, de quien escucho como respuesta:

-¡Vamos, rápido!

Cuando llego al garaje, ya Fidel ha bajado y los dos carros de la escolta se alejan velozmente.

Fidel –luego lo supe- tuvo la seguridad absoluta de que aquella explosión solo podía ser en el barco “La Coubre” que nos traía de Bélgica las armas necesarias para la defensa de la Patria.

(…)

Sigo el auto de Fidel hasta llegar a la Avenida del Puerto, que da la impresión de un campo de batalla: el humo cubre gran parte de la zona y las explosiones continúan. Al bajarme del asfalto.

Entre los primeros compañeros que han llegado al trágico escenario se encuentran los Comandantes Raúl Castro y Ernesto Che Guevara, el presidente Osvaldo Dorticós y el compañero Pepe Llanusa, comisionad de La Habana. (…)

Bomberos y policías tratan de contener a pueblo que desea rescatar no solo los cadáveres y los heridos, sino también las armas que puedan haberse salvado de la explosión. En esa circunstancia, advierten la posibilidad de una segunda explosión, pues gran parte de la carga aún se encuentra en el interior del barco.

Y así ocurre. Son las tres y cuarenta y cinco de la tarde. Algo menos que la primera, su efecto es monstruoso. Tiemblan la calle y los edificios. En muchas cuadras a la redonda  llueven fragmentos de  hierro y pedazos de cuerpos humanos son lanzados al espacio.

Las llamas alcanzan otras naves de la terminal marítima y las incendian. Nunca podré olvidar el cadáver mutilado de una niña sobre la alfombra roja de su propia sangre. (…)

A pocos metros de “La Coubre”, nuestro Comandante en Jefe dirige las labores de salvamento”.

La crónica sobrecoge. Las imágenes son fuertes y la conmoción llega hasta hoy cuando se repasa una y otra vez los retratos del desastre. La Revolución Cubana tenía sobre sí la condena de pagar por ser auténtica y definitiva. Los primeros años serían para demostrarlo y el pueblo así lo hizo, consciente de que lo hermoso nos cuesta la vida. No se equivocaba Fidel -siempre al frente- cuando el 8 de enero, en su discurso al entrar a La Habana, dijo que en lo adelante todo sería más difícil. Y lo supo desde que escribió su carta Celia en 1958, al ver los cohetes que habían tirado en la casa de un campesino colaborador, y le aseguró que cuando la guerra acabase, comenzaría una mucho más larga y sería la que tendrían contra los “americanos”, porque su apoyo a Batista ya descubría posiciones futuras contra la revolución.

Y sí. El llamado por Sartre “rostro oculto”, caracterizado por la angustia, exaltó pasiones: el sabotaje a La Coubre, en medio del dolor y la impotencia, fue otro impulso para ratificar compromisos y fundar. Los cubanos tenían, con ese ataque, la certeza de que el camino sería muy duro y que todo le sería negado de manera fácil por el vecino poderoso que nunca se ha resignado a perder. Pero se mantuvo firme, -se ha mantenido- y decidió que Patria o Muerte, siempre luchando por ese chispazo entre dos tinieblas, al decir del propio Sartre, que es la vida.

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1 Comentario

Javier Nd dijo:

La historia no se puede olvidar y a nuestros heroe y martires tampoco se olvidan, ahora nos toca a nosotros seguir adelante

4 marzo 2017 | 01:07 pm