El regreso de un engendro

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Por Miguel Angel García Alzugaray

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Como ocurre con la mayoría de las películas de terror hollywoodenses, cuando piensas que un ente maligno ha sido destruido para siempre, reaparece con mayor vitalidad en las ulteriores partes de las sagas, para causar dolor y muertes al por mayor.

Al parecer la administración de Donald Trump no es ajena a esta morbosa tendencia, por lo que desde su llegada al poder se ha dedicado a resucitar cuanto engendro político considera útil para alcanzar sus perversos propósitos incorporándolos a su irracional equipo de gobierno, cuyo principal propósito es poner en práctica los planes hegemónicos del decadente imperialismo yanqui.

Así, Mike Pompeo, Secretario de Estado de la administración Trump, anunció recientemente el nombramiento de Elliott Abrams, nada menos que para “ayudar al pueblo venezolano a restaurar la democracia y la prosperidad de su país”. Se espera que Abrams coordine todos los esfuerzos diplomáticos para reemplazar (entiéndase golpe de Estado) al presidente Nicolás Maduro con el autoproclamado presidente Juan Guaidó, reconocido por los Estados Unidos, la desprestigiada OEA, algunos injerencistas miembros de la UE y varios gobiernos lacayos de América Latina.

“Es muy bueno estar de vuelta”, dijo con su habitual cinismo Abrams a los periodistas en el Departamento de Estado el viernes: “Esta crisis en Venezuela es profunda, difícil y peligrosa y no puedo esperar para ponerme a trabajar en ello”.

La reacción a ese anuncio no se hizo esperar en la nación sudamericana: “EE.UU. nombró como ‘emisario en Venezuela’ al mismo personaje que ejecutó el golpe de 2002“, fue el titular del artículo con el que la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) dio a conocer el nombramiento.

Abrams asumió su nuevo reto de inmediato: acompañó a Pompeo en la sesión que se celebró en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a pedido de Estados Unidos, para discutir la crisis en Venezuela.

En esa reunión, Washington presionó hasta lo indecible para que los demás países reconocieran al líder de la oposición, Juan Guaidó, quien se autoproclamó “presidente encargado” de Venezuela el 23 de enero.

Trayectoria de un renombrado sionista

Los grandes medios de comunicación” omiten hoy informar sobre el pasado siniestro de Elliott Abrams, escogido por Trump para “restaurar la democracia” en Venezuela. El republicano Abrams, de 70 años y con un español fluido, es considerado un ultraconservador que en su carrera diplomática ha abogado por el liderazgo de Estados Unidos en el orden mundial.

Abrams es una de las apuestas de Pompeo para derrotar a la Venezuela bolivariana.

Es autor de cinco libros, entre ellos: “Undue Process, Security and Sacrifice” (“Proceso indebido, seguridad y sacrificio”), “Faith or Fear: How Jews Can Survive in a Christian America” (“Fe o miedo: cómo los judíos pueden sobrevivir en una América cristiana”), y “Realism and Democracy: American Foreign Policy After the Arab Spring” (“Realismo y democracia: la política exterior estadounidense después de la Primavera Árabe”). En todos estos mediocres libelos se exalta la supuesta predestinación imperialista de los Estados Unidos.

Abogado de vocación y con amplia trayectoria en el mundo de la política injerencista de Washington, Abrams, de ascendencia judía, nació en Nueva York en 1948. Recibió el grado de maestro en relaciones internacionales de la Escuela de Economía de Londres en 1970, tres años antes de obtener un doctorado en la Escuela de Leyes de Harvard. Es un furibundo militante de los círculos sionistas norteamericanos más recalcitrantes.

Abrams es muy repudiado en el seno de Centroamérica por apoyar los conflictos de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala durante la década de los 80′.

El funcionario se desempeñó como asistente adjunto del presidente George W. Bush y asesor adjunto de seguridad nacional en ese gobierno, para el cual también supervisó la política de Estados Unidos en el Medio Oriente y el apoyo de los Estados Unidos a Israel en su represión permanente al pueblo palestino”, en el marco del llamado Consejo de Relaciones Exteriores, con sede en Washington.

Se convirtió en uno de los asesores de la Casa Blanca en la mal llamada democracia global, o sea la imposición por la fuerza del sistema político norteamericano.

También fue uno de los que propuso la invasión a Irak durante el gobierno de Bush, según el periódico estadounidense Wall Street Journal.

El caso “Irán-Contra”

La participación de este maquiavélico estadounidense en estas coyunturas no es celebrada. Ciertos sectores le acusan de “intervencionista” por este historial, pues le responsabilizan del respaldo de las fuerzas militares de Estados Unidos a la contrarrevolución armada de Nicaragua, los llamados ‘contras’, mientras era Vicesecretario de Estado del gobierno de Ronald Reagan.

Este caso se trató de uno de los principales escándalos de la historia reciente de Estados Unidos. El tema acaparó la audiencia global cuando uno de los asesores de Reagan, Oliver North, compareció en 1987 ante el entre legislativo estadunidense para explicar cómo el gobierno de Washington le vendía armas a Irán de forma secreta para financiar a la guerrilla de la Contra, que organizada por la CIA luchaba contra el gobierno sandinista en Nicaragua.

Los confrontamientos armados desataron una situación crítica en Nicaragua, apoyada por Estados Unidos. Por este motivo, la nación centroamericana llegó el caso a la Corte Internacional de Justicia, ente que falló a su favor. Washington en un principio rechazó la decisión de la corte, pero terminó por aceptarla.

Las organizaciones de derechos humanos, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, denunciaron las políticas de Reagan y la responsabilidad de Abrams, especialmente por su política frente a Irán.

 Masacre en Centroamérica

De acuerdo con el diario británico The Guardian, Abrams es “ampliamente recordado en Centroamérica como el autor intelectual de horrendos crímenes”. El diario señala que, durante su paso por el gobierno de Reagan, Abrams “intentó encubrir una masacre de mil hombres, mujeres y niños en El Salvador” que el mismo propiciara.

Se trata de la masacre de El Mozote, ocurrida en diciembre de 1981, en la que unas 1.000 personas fueron ejecutadas por fuerzas especiales del Ejército, que realizaban labores de contrainsurgencia y perseguían a guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En una ceremonia en ese lugar, el entonces canciller de El Salvador, Hugo Martínez, pidió perdón por lo que llamó la “ceguera del Estado”.

Los asesinatos fueron cometidos por tropas salvadoreñas que pertenecían al extinto Batallón de Infantería de Reacción Inmediata Atlacatl.

En 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos anunció una condena contra El Salvador por esa masacre ocurrida durante la guerra civil que tuvo lugar entre 1980 y 1992.

El reporte de HRW

Un reporte de 1992 de la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) sobre lo ocurrido en El Mozote y “la necesidad de recordarlo” señala que:

“(…) Durante una audiencia en el Senado, el subsecretario de Estado para los Derechos Humanos, Elliot Abrams, astutamente distorsionó varios puntos para desacreditar las versiones públicas de la masacre”.

  • “Abrams también insistió en que el número alto de víctimas reportadas en la prensa era inverosímil, señalando que sólo 300 personas habrían estado viviendo en El Mozote en el momento de la presunta masacre”.
  • “(En el Senado) Abrams prodigó elogios al Batallón Atlacatl, diciendo que ‘el batallón al que usted se refiere (en relación con la masacre de El Mozote) ha sido elogiado en varias ocasiones en el pasado por su profesionalismo y por la estructura de comando y control cercano en que las tropas se mantienen cuando entran en batalla”.

El golpe de Estado contra Chávez

Además, como miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional de George W. Bush, Elliott Abrams alentó el golpe militar contra el gobierno elegido democráticamente de Hugo Chávez en Venezuela en 2002, envenenando la relación de los Estados Unidos con Chávez cuando se revocó el golpe y Chávez regresó al poder.

Odio visceral contra Cuba

En su intervención del sábado en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Abrams indicó que “hoy existe un satélite presente aquí y es Venezuela, que desafortunadamente se convirtió en satélite de Cuba y Rusia“.

Abrams criticó el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba durante el mandato de Obama. Y es que su posición de cara a Cuba no ha sido nunca la más positiva.

En 2014, frente a la noticia de que Estados Unidos planeaba normalizar las relaciones con el país caribeño, Abrams escribió en Weekly Standardque la medida debía preocupar a los aliados de Estados Unidos en el Medio Oriente, Asia y Europa, quienes se preguntarían si Estados Unidos anunciará algún día un “cambio de política importante” hacia otros provocadores regionales, como Irán, China y Rusia, recordaba el periodista de la BBC Anthony Zurcher.

Por todo lo expuesto, muchos periodistas y observadores estadounidenses, , como Chris Hayes de MSNBC, se han mostrado horrorizados por el nombramiento de Abrams, debido a la historia “siniestra” del ex diplomático estadounidense.

Tras su nombramiento, la prensa internacional ha evocado lo que este reaccionario republicano escribió en 2016 en un artículo de opinión publicado en Weekly Standard, titulado: “When You Can’t Stand Your Candidate” (“Cuando no puedes apoyar a tu candidato”).

En ese comentario, Abrams le advirtió a su partido que “ha nominado a alguien que no puede ganar y que no debería ser presidente de Estados Unidos“.

Esas palabras parecen haber quedado en el olvido tanto para Abrams como para el gobierno de Trump.

Jill Stein, candidata a la presidencia de los Estados Unidos para las elecciones de 2012 y 2016 por el Partido Verde, publicó en su cuenta de Twitter

El hombre designado por Trump para Venezuela, Elliott Abrams:

– Respaldó a escuadrones de la muerte en América Latina que asesinaron a miles de personas bajo dictadores de extrema derecha.

– Mintió al Congreso de EU para encubrir actos de traición en el escándalo Irán-Contras.

-Lideró en 2002 el intento de Golpe de Estado contra Venezuela.

¿Creen todavía que la designación de Abrams se trata de preservar la democracia y de los derechos humanos en la región?

Evidentemente, resucitar un engendro político de esta naturaleza sólo tiene un fin: promover una intervención armada contra Venezuela, de acuerdo con los más retrógados principios de la doctrina Monroe, tan del gusto del oligarca Donal Trump.

No obstante, estamos convencidos que sus malévolas intenciones ¡se estrellarán esta vez contra la firmeza del valeroso pueblo de Simón Bolívar, Hugo Chávez y Nicolás Maduro!

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