El proceso de nacionalización: un derecho de los cubanos I

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Por Dunia Torres González

“Porque el problema de Cuba no es solo el problema de Cuba; el problema de Cuba es hoy el problema de toda la América Latina”.
Fidel Castro Ruz

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Con la nacionalización de la banca, el 13 de octubre de 1960, comenzó en Cuba un proceso de promulgación de decretos-leyes que puso a disposición del pueblo los recursos que un grupo de burgueses criollos y empresas extranjeras habían amasado por décadas mediante la corrupción, prácticas desleales y el robo descarado; todo bajo la mirada cómplice de gobiernos serviles a los intereses del imperialismo norteamericano y al gran capital. Al triunfar la Revolución, no dudaron un instante en utilizar esos recursos para financiar todo tipo de agresiones contra un proceso que buscaba restaurar la dignidad de todos los cubanos.

Es irónico que en el contexto internacional aún se ponga en duda la legitimidad de ese proceso, única vía posible mediante la cual se podría lograr la proclamación de Estado soberano y la reorientación del aparato productivo para eliminar los beneficios privados y poner por encima la satisfacción de las necesidades colectivas, además de ser la forma justa de preservar la seguridad nacional.

Este fue el resultado de nueve largas décadas de lucha por la emancipación, esa libertad que proclamó Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, y que se le arrebató al pueblo cubano una y otra vez.

Cuba sabe qué es estar bajo el dominio imperialista. Lo vivió en 1898 con la intervención norteamericana en la Guerra Necesaria, cuando le arrebataron la victoria al Ejército Mambí. Asimismo ocurrió en 1902, año en el que vio la luz la seudorrepública, truncada antes de nacer, injerencia que pasado más de un siglo padece por la ocupación ilegal de su territorio con una base naval. En los años que le sucedieron la situación no mejoró, se turnaron una serie de gobiernos títeres que solo respondían a los intereses económicos estadounidenses en la isla. Esa es la verdadera cara de su posición altruista de “colaboración”.

El 10 de marzo de 1952, el país estaba en manos de propietarios extranjeros y de la alta burguesía criolla; se había convertido en el destino predilecto para la inversión del capital norteamericano y en 1958 este ascendía a 1001 millones de dólares. A medida que las empresas estadounidenses se diseminaban por todo el país, el endeudamiento también crecía.

UNA REALIDAD QUE NO SE DEBE OLVIDAR

La corrupción del aparato estatal, trasferencias al extranjero, sobre todo a bancos norteamericanos, por concepto de beneficios, fraudes… esa era la realidad. A pesar de que en el país existían todas las condiciones para competir con las subsidiarias estadounidenses, Batista mantenía sus límites. Las empresas mixtas no favorecían en ningún caso a los nacionales, sino que le pertenecían en la mayor parte a los norteamericanos, que generalmente evadían el pago de los aranceles. La mano de obra y las materias primas se pagaban a precios irrisorios. Para 1957, los mejores centrales azucareros estaban en manos de EE. UU.

Nunca se plantearon la perspectiva de una relación económica en iguales condiciones, sino que fue una situación de mansedumbre e irrespeto hacia el sentimiento nacionalista que latía entre los cubanos. En el año 1959, el 75 % de las exportaciones cubanas tenía como destino el mercado norteamericano, y de allá provenía el 66 % de las importaciones. Además, la producción azucarera, las minas, la banca, la tierra, los servicios públicos de electricidad y teléfonos les pertenecían.

Por fin el 1.o de enero marcó un antes y un después, y también significó el comienzo de un proceso de resistencia, de trabajo arduo, de errores que se irían corrigiendo en el camino de construcción socialista.  Era necesaria la ruptura de la estructura de poder establecida con la República Neocolonial, por eso la relevancia de la Reforma Agraria, la nacionalización de empresas extranjeras y la expropiación de las refinerías de petróleo y los centrales azucareros.

LO QUE NO DIJERON

No es por ser “buen vecino” que ahora Estados Unidos ha puesto de moda el tema de las nacionalizaciones en Cuba. Ahí solo yace una artimaña para recrudecer el bloqueo que ha impuesto a la isla por ya casi 60 años.

Con los Lineamientos aprobados en 2011, en el 6to Congreso del Partido Comunista de Cuba, y ratificados en el 7.o Congreso, han sido muchos los cambios que ha enfrentado el país para perfeccionar su sistema político, económico y social. Entre las prioridades se encuentra el crecimiento de la economía a través de la reestructuración empresarial, la descentralización de decisiones que se pueden tomar en cada territorio, la diversificación de las formas de propiedad y las inversiones extranjeras.

Y es en este último punto donde desean sembrar la duda, quieren que las empresas extranjeras no inviertan en Cuba. Lo que les falta en esta historia es contar cómo politizaron el asunto tras el proceso de nacionalización: agudizaron la política hostil contra la Isla; cancelaron la compra de 700 mil toneladas de azúcar, que era la cuota para 1960, lo que cerró una de las principales fuentes de la economía cubana; usaron el poder de las empresas ESSO, Texaco y Shell; que asumían la importación, refinación y el suministro de combustible en Cuba, para provocar escasez en el país, y se rehusaron a refinar el petróleo que la URSS se comprometió a vender a Cuba a un poco más de dos dólares el barril.

A lo largo de la historia las tácticas de Estados Unidos han cambiado de nombre: Doctrina Monroe, Ley Torricelli o Ley Helm-Burton, pero la finalidad siempre será el deseo de apoderarse de Cuba. Y con Donald Trump en la presidencia esta intención se ha acrecentado, súmele a esto la condición de que “el titiritero de la derecha” se lanza hacia todas partes, y no respeta principios ni leyes, ni nada que no emane de su propio egocentrismo.

Este nuevo espectáculo, el del 4 de marzo, “cuando el Departamento de Estado anunció la decisión de permitir que, a partir del próximo 19 de marzo y al amparo del Título III de la Ley Helms-Burton, se presenten demandas judiciales en tribunales de Estados Unidos contra empresas cubanas incluidas en la Lista de Entidades Cubanas Restringidas, elaborada por ese gobierno en noviembre de 2017 y actualizada un año después”, no ha sido el acto número uno. Al parecer, la trama de su nuevo show mediático depende  de cómo se encuentre su estado de ánimo: ataques acústicos, falsas noticias, recrudecimiento de bloqueo, Título III de la Ley Helms-Burton… Lo que realmente no tolera es que en 60 años el camino ha sido el mismo: solo atañe a los cubanos el destino de su nación.

Cubahora

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