El principal enemigo de la integración latinoamericana (Parte II y Final)

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Por Miguel Angel García Alzugaray

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A través de métodos como la violencia y el estrangulamiento económico, Estados Unidos ha tratado de dominar la región. Según Chomsky, de manera general los asuntos internacionales de EE.UU. muestran más que un ligero parecido con la mafia.

Es totalmente irracional el “derecho” de Estados Unidos a intervenir en los asuntos internos de nuestros pueblos y entre esas intromisiones se deben destacar las agresiones militares, económicas y políticas cuantas veces considere necesarias, para proteger los intereses de las clases dominantes que son consecuentes servidoras del imperio.

Durante la larga “guerra fría” en América Latina y el Caribe se desataron monstruosas agresiones criminales de Estados Unidos con el manido pretexto de acabar con el “comunismo internacional” y preservar los sagrados valores de la democracia, la libertad y los derechos humanos, en cuyo nombre impusieron y protegieron dictaduras crueles que acabaron con la vida de millares de hombres y mujeres acusados de ser luchadores por la liberación de sus pueblos.

Tras los principios que EE.UU. dice defender, se esconden los verdaderos objetivos imperiales trazados en el disparatado “destino manifiesto” diseñado por la “clase superior anglosajona” que se considera con autorización cuasi divina para someter a nuestros pueblos indomestizos.

Para cumplir con ese “destino”, los Estados Unidos, desde su fundación, crearon una serie de doctrinas y pusieron en práctica la agresión militar a través de la doctrina de las cañoneras, la agresión económica por medio del dólar, las invasiones armadas con los “marines”, las agresiones clandestinas a través de la CIA, DEA, y la “comunidad de inteligencia”.

No hay país en América Latina y el Caribe que no haya sufrido la agresión imperial estadounidense que se mantiene hasta estos días en las continuas agresiones a Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia.

Cuando se habla de relaciones con Estados Unidos, inexorablemente hay que referirse a la política de terror desatada desde las más altas esferas de la Casa Blanca, del Pentágono, la CIA, Departamento de Estado y de la poderosa industria bélica con el objeto de dominar a nuestros pueblos y de dividirlos para reinar.

Mientras Estados Unidos siga en su papel de gendarme universal y de poder imperial unipolar, América Latina será para ellos el patio trasero y el Caribe su lago particular.

Estados Unidos contra la integración latinoamericana

El catedrático de ciencias sociales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y exponente de la Teoría Marxista de la Dependencia, Theotonio dos Santos explica cómo “el gran capital quiere destruir la integración latinoamericana”.

El gran capital va camino de romper de forma radical las ventajas que la integración puede proporcionar a la región. Según Dos Santos, la integración regional es una iniciativa de interés latinoamericano “más que de interés del capital trasnacional”. El científico opina que este deseo de crear aparatos de integración en la región nada tiene que ver con el imperialismo.

“La integración regional tampoco nunca será parte de los intereses del subimperialismo brasileño. EE.UU., que es el actor imperialista superior, jamás ha defendido una política de integración regional: ahora está tratando de romperla. […] Quieren derrumbar a Venezuela, y a todos los gobiernos que están comprometidos con los procesos de integración”, explica Dos Santos.

Uno de los aparatos de integración “que avanzaba a pesar de todo” es la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), cree Dos Santos, notando que “hay muchos intereses que buscan sabotearla”.

“EE.UU. los está usando [a los países de América Latina que se pliegan a sus designios] para promover una política anti-China. ¿Qué quieren? ¿Qué dejen de exportar a China? Lo que hay detrás de esto, como en Oriente Medio, es que quieren destruir cualquier fuerza que se oponga a las políticas de EE.UU., un país que en efecto, como fuerza destructiva todavía tiene un poder muy grande a través de este tipo de alianzas, pero como fuerza constructiva, como un agente articulador de una nueva economía, no le veo influencia por ningún lado”, concluye Dos Santos.

Por su parte, proyectos como el TPP no se trata solo de un proyecto anti-China como algunos afirman, sino también de un proyecto “anti-integración”, al mismo tiempo que “la única posibilidad que existe para nuestros países es apostar por una política de desarrollo regional”. “El gran capital está en el camino de romper de forma radical las ventajas que la integración puede proporcionar a la región”, lamenta el experto.

Sabedor que América Latina es una región comprometida con la defensa de la paz, tal como quedó consagrado en la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno en La Habana el 29 de enero de 2014, durante la II Cumbre de la CELAC, Estados Unidos ha recrudecido bajo el gobierno de Donald Trump su ofensiva para sabotear este objetivo. .

Resumiendo, en la gran mayoría de los países de América Latina lo que está en juego hoy no es la construcción del socialismo ni la superación inmediata del capitalismo. Lo que está en juego es la misma existencia de estas naciones y su posibilidad de salir del subdesarrollo y la dependencia.

Lo que está en juego es, aún, la superación o no del neoliberalismo. Por lo tanto, grandes metas a alcanzar ahora son el rescate en esos países del poder decisorio de los Estados nacionales, el rescate de las políticas de desarrollo, la afirmación de un proyecto popular y la promoción de la integración latinoamericana.

Siguiendo la lógica propuesta por esa interpretación, parece claro que los enemigos de la integración latinoamericana no son los gobiernos progresistas bolivarianos como afirman los que tratan de implosionar hoy UNASUR. Los verdaderos enemigos son el imperialismo norteamericano y los monopolios privados nacionales y extranjeros que controlan los sectores industriales, comerciales, financieros y de servicios.

Por ese motivo, es hora de reorganizar las alianzas nacionales, populares, democráticas, integracionistas, anti-liberales, anti-imperialistas y anti-oligárquicas. Es el momento de insistir en la superación completa del neoliberalismo y el engaño de la mano invisible del capitalismo.

Durante estos últimos 60 años,nuestro invicto Comandante en Jefe Fidel Castro demostró que la única alternativa que tienen los países de América Latina y el Caribe de salir del subdesarrollo es a través de la unidad e integración política y económica.

Los pueblos, su unidad, su integración, fueron la constante en el más grande estadista y volcaría toda su energía en defender al país, primero, y al resto del continente después.

Como expresara: “Frente a los grandes grupos que hoy dominan la economía mundial, ¿hay acaso lugar en el futuro para nuestros pueblos sin una América Latina integrada y unida? ¿Es que no seríamos capaces de ver que únicamente unidos podemos discutir con Estados Unidos, con Japón y con Europa? ¿Es que solo cada uno de nosotros puede enfrentar esa colosal tarea? Las grandes potencias económicas no tienen amigos, solo tienen intereses”.

Sobre este crucial aspecto el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, subrayó durante su discurso en la clausura de la Sesión Constitutiva de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 19 de abril de 2018:

Los países de Nuestra América no podremos enfrentar los nuevos desafíos sin avanzar hacia la unidad dentro de la diversidad para ejercer nuestros derechos, incluido el de adoptar el sistema político, económico, social y cultural que decidan sus pueblos, según reza la Proclama de la América y el Caribe como Zona de Paz, aprobada en nuestra capital, como ustedes conocen.

Hoy se pretende dividirnos y destruir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; se desempolva el instrumento de la política norteamericana que siempre fue la desprestigiada OEA, y se crean grupos de países que, con el pretexto de proteger la democracia, contribuyen a la perpetuación de la dominación imperial.

“Cuba apoya los esfuerzos en la defensa de la paz, convencida de que solo el diálogo, la negociación y la cooperación internacional permitirán encontrar solución a los graves problemas del mundo”.

En virtud de lo expuesto podemos concluir que estos tiempos son tiempos de reflexión que impulsen la lucha antiimperialista en cualquier lugar de América Latina. No son tiempos para cruzarse de brazos sino para crecer juntos y forjar la integración de nuestras patrias que permita la unidad económica, política y cultural. Es hora de que nuestras generaciones concreten el sueño de nuestros Libertadores: Una sola patria grande, unida, poderosa, libre, soberana.

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