En el amanecer del 15 de abril de 1961, aviones mercenarios bombardearon los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, en un intento por destruir la reducida Fuerza Aérea de Cuba para facilitar las operaciones de desembarco por BahÃa de Cochinos.
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, máximo lÃder de la Revolución cubana, victoriosa el Primero de Enero de 1959, aseveró entonces “Si este ataque aéreo fuese el preludio de una invasión, el paÃs en pie de lucha resistirá y destruirá con mano de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra”.
Aquel dÃa, a las 10:30 am, comenzaban las sesiones de trabajo de la Asamblea General de la ONU, y en su agenda tenÃa el análisis de la situación existente en la República del Congo. El canciller de Cuba, Raúl Roa GarcÃa, con su encendido verbo, acusó al gobierno estadounidense por el vil y cobarde ataque a los aeropuertos cubanos.
Roa GarcÃa afirmó en el plenario de la ONU que Estados Unidos era “el máximo responsable de este brutal atentado a la integridad territorial, independencia y soberanÃa de Cuba, que pone en peligro la paz y seguridad internacionales”.
De esa manera Cuba lograba insertar en la agenda de la ONU el tema de la agresión mercenaria; en el paÃs se decretaba el estado de alerta; el pueblo se movilizaba para defender sus conquistas, a la vez que se adoptaban las medidas conducentes para enfrentar la inminente agresión.
Los bombardeos causaron varios muertos y heridos, pero a pesar del factor sorpresa los atacantes fueron repelidos y obligados a retirarse, y una de las naves resultó incendiada y se precipitó al mar.
Eduardo GarcÃa Delgado resultó una de las vÃctimas. Era un joven instructor de artillerÃa, de 23 años de edad, alcanzado por la metralla en Ciudad Libertad, que mortalmente herido escribió con su sangre un nombre: Fidel
El poeta nacional, Nicolás Guillén, conmovido por el suceso, le dedicó el poema titulado “La sangre numerosa.
“Cuando con sangre escribe
FIDEL, este soldado que por la Patria muere,
no digáis miserere:
esa sangre es el sÃmbolo de la Patria que vive
Cuando su voz en pena
lengua para expresarse parece que no halla,
no digáis que se calla,
pues en la lengua pura de la Patria resuena.
Cuando su cuerpo baja
exánime a la tierra que la cubre ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues por la Patria en pie resplandece y trabaja.
Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido:
su sangre numerosa junto a la Patria queda”.
Tomado de Radio Angulo
http://www.radioangulo.cu/historia/9826-el-preludio-de-la-invasion-por-playa-giron