El Partido y la continuidad histórica de #Cuba

Por Pedro Antonio García Fernández

Ladyrene Pérez / Cubadebate

Ladyrene Pérez / Cubadebate

Cuando se reunieron el 16 de agosto de 1925 para fundar el primer Partido Comunista de Cuba (PC) y afiliarlo a la Tercera Internacional de Lenin, aquellos revolucionarios no eran marxistas formados ni amplios conocedores del socialismo científico, pero anhelaban la redención de la clase obrera y el pueblo cubanos.

En aquella época había muy malas traducciones al español de los clásicos del marxismo y solo los que sabían francés o inglés, como eran los casos de Carlos Baliño y Julio Antonio Mella, pudieron nutrirse de textos fidedignos. De ahí que la educación política ideológica de los militantes fuera tarea priorizada. Baliño y Mella, además, se propusieron el rescate al ideario del Apóstol, sobre todo de su faceta antimperialista silenciada por la sociedad de la época. El líder estudiantil publica por aquellos días las Glosas al pensamiento de José Martí (1926), el primer análisis del pensamiento del Héroe Nacional desde una óptica marxista. En aquellos años fundacionales el PC fijó claramente su posición en su órgano periodístico Lucha de clases cuando planteó: “Con la enseñanza de Lenin, haremos una realidad el postulado de Martí adaptado al momento histórico: Con todos y para el bien de todos”.

Con posterioridad sobre esta temática profundizarían mediante ensayos y artículos otros destacados dirigentes comunistas como Blas Roca, Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez. Al articular tan sabiamente el ideario martiano y el pensamiento patriótico del siglo XIX con el marxismo leninismo le posibilitó al primer Partido Comunista , desde 1925 a 1961, desempeñar exitosamente su ardua labor en la formación de una conciencia revolucionaria en nuestro pueblo.Además, durante la neocolonia, impulsó la creación de sindicatos y organizaciones campesinas, femeninas y juveniles, defendió los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad y luchó contra la injerencia imperialista, contra las injusticias sociales y todo tipo de discriminación.

En los años que gozó de legalidad (1939-1952), bajo las denominaciones de Partido Unión Revolucionaria Comunista (desde 1939) y Partido Socialista Popular (a partir de 1944), batalló en la asamblea constituyente de 1940 y luego en el parlamento burgués siempre en defensa del pueblo. También los comunistas participaron activamente en la lucha contra la tiranía machadista (desempeñaron un importante papel en la huelga de agosto de 1933) como contra la batistiana (1952-1958), donde cayeron abatidos varios de sus dirigentes como el sindicalista José María Pérez y el líder estudiantil Fulgencio Oroz.

En la región central de la Isla los comunistas organizaron un destacamento guerrillero, que adherido al Pacto del Pedrero, suscrito por el Che en Las Villas, hizo causa común con sus hermanos de las columnas del Movimiento 26 de Julio y los comandos del Directorio Revolucionario. Juntos, el Partido Socialista Popular y estas dos organizaciones, derrocaron a la tiranía.

Ya con la Revolución en el poder y bajo el liderato de Fidel, se autodisolvieron en 1961 para dar paso, al año siguiente, al Partido Unido de la Revolución Socialista, que desde 1965 adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba (PCC).

Con la creación del actual Partido la Revolución forjó el instrumento político idóneo que garantiza su continuidad histórica y la construcción del socialismo, objetivos primordiales de todo el pueblo cubano. En 1975, en un momento en el que se evidenciaba la fuerza y madurez de la Revolución, el PCC celebró su Primer Congreso, que culminaba su proceso de organización al aprobar sus estatutos y su Plataforma Programática.

En este primer congreso se analizó cómo perfeccionar el papel del PCC como fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado cubanos y cómo llevar a cabo el proceso de institucionalización del país. Para esto último, se aprobó la celebración de un referéndum sobre la Constitución Socialista, a la que ya antes la población había debatido su articulado en sus lugares de residencia y centros de estudios y de trabajo.

Entre 1989 y 1991, con el derrumbamiento del llamado socialismo real en Europa del Este y la desintegración de la URSS, Cuba perdió de golpe el 86% de su capacidad de compra y su PIB se redujo drásticamente. Para derrocar a la revolución cubana, Washington recrudeció el bloqueo. En 1992 fue promulgada la Ley Torricelli, luego reforzó aún más el bloqueo con la Helms-Burton.

Solo bajo el liderazgo del Partido, en medio de incontables dificultades Cuba pudo detener la caída de la economía, hallar nuevos mercados y adoptar las medidas necesarias para la recuperación del país. A 90 años de la fundación del primer Partido Comunista, un enorme reto enfrentan los cubanos de hoy ante la nueva situación existente. Hay embajada estadounidense en La Habana pero permanece el bloqueo. De palabra y obra dejó bien claro el canciller yanqui John Kerry que EE.UU. seguirá subvencionando la subversión en la Isla y no les retirará su apoyo a aquellos que, fieles al imperio, sigan obedeciendo lacayunamente los dictados de Washington. Ante esta nueva situación a los revolucionarios cubanos solo les queda como única opción la obligación insoslayable de fortalecer la unidad en torno a su Partido Comunista y evidenciar la voluntad de resistir y vencer multiplicando los esfuerzos en todos los terrenos.

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