El más universal de los cubanos

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martiPor José Luis Alonso Lanza 

A días del 163 aniversario del nacimiento del Maestro, del Apóstol, se acostumbra a hablar biográficamente de un hombre cuyas ideas son incuestionables. Hoy, no se le puede dejar de reconocer en una primera instancia sus dotes de político republicano y democrático, libre pensador, escritor, periodista, filósofo y poeta, creador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra del 95 o Guerra Necesaria.

Y no por restar importancia a Doña Leonor y Don Mariano, no voy a hablar de sus primeros años, de su hermosa relación de hermano mayor con sus hermanas, de su amor incuestionable a doña Leonor y el respeto que siempre consagró hacia Don Mariano; de su Presidio Político, de sus deportaciones, de sus estudios en España donde alcanza el título de licenciado en derecho donde es iniciado en los Misterios de la Masonería, aunque en la realidad, ya ese aspecto lo había moldeado su gran amigo y maestro, Mendive.

Qué decir de aquel hombre que en un 27 de noviembre de 1871, recordando a sus hermanos asesinados por la horda de voluntarios  de La Habana, nos dice: ¿A qué recordar ahora todos los horrores de su muerte? Cuando se ha matado, cada día es de duelo, cada hora es de pavor, cada ser que vive es un remordimiento… Y cuando las cabezas han rodado y sonreían al rodar, al par de la sonrisa se ha alzado la mano de los cadáveres para decirnos que no lloremos demasiado, porque hay un límite al llanto sobre las sepulturas de los muertos, y es el amor infinito a la Patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.[1]

Al repasar su vida, de pronto veo al Apósto, en la España de sus padres, siempre modesto, sencillo, siendo testigo presencial de los acontecimientos políticos que culminaron con el nacimiento de la República Española. Ese hombre cuya alma se le ensancha al pensar en Cuba, algo que se percibe en su trabajo “La República Española ante la Revolución Cubana” donde con serenidad y sin cubrir sus ideas, da a conocer este vibrante y magnífico alegato en pro de la libertad de Cuba[2], donde en uno de sus párrafos iniciales señala: Hombre de buena voluntad, saludo la República que triunfa, la saludo hoy, como la maldeciré mañana cuando una República ahogue a otra República, cuando un pueblo libre al fin comprima las libertades de otro pueblo, cuando una nación se explica que lo es, subyugue y someta a otra nación que le ha de probar que quiere serlo. –Si la libertad de la tiranía es tremenda, la tiranía de la liberad repugna, estremece, espanta.

Por octubre del 1884, Martí muestra una vez más la talla, la grandeza, la valentía que encerraba su enfermo cuerpo y a su vez, la sencillez y el respeto por los grandes del 1868, y en carta a Maceo refiere: …Salí en la mañana del Sábado de la casa de Vd con una impresión tan penosa, que he querido dejarla reposar dos días, para que la resolución de ella , unida a otras anteriores, me inspirase, no fuera resultado de una ofuscación pasajera, o excesivo celo en la defensa de cosas, que no quisiera ver yo jamás atacadas…

Con respeto, con serenidad y una gran valentía, en más de una ocasión lo veremos expresarse de forma similar, sobre todo, en cuanto a los asuntos de Cuba se corresponda.

En su bregar en la preparación de la Revolución por la libertad de Cuba, Martí llega a Tampa un 25 de octubre en la media noche, esperado en la comunidad de Ibor City por una cincuentena de hombres curiosos caras por conocer a aquel que se había enfrentado con tanto tino, delicadeza y respeto a hombres como Gómez y Maceo, el hombre que se decía había abandonado a Gómez y Maceo en el 1884[3].

En la mañana, conducido por Ramón Rivero, lector de la fábrica de tabacos, al callar al lector del turno y ser presentado Martí, los obreros de pie, brindaron un modesto repique de chavetas. Modesto repique que Martí supo interpretar en el rostro de aquellos cubanos curtidos por la lucha y el trabajo, quienes reflejaban el cansancio ante la palabra vana.

En la noche, después de haber cantado el himno de Perucho que hace poner de pie a toda la muchedumbre reunida en el Liceo Cubano, allí estaba nuestro Apóstol, quizás cansado después de un tránsito ferroviario que, es posible, le permitiiera diseñar ideas en su mente para su discurso de esa noche.

Luego de presentado a aquella multitud de cubanos,  Martí, con la mano en el pecho como símbolo de fidelidad, se adelanta al proscenio: “Para Cuba que sufre, la primera palabra…”3, y continúa su discurso, discurso que se ha convertido en una pieza obligada para todo estudiante de oratoria, discurso que se convirtió en toda una orden de movilización a la lucha por la libertad de Cuba: Ahora ¡a formar filas! ¡Con esperar allá en lo hondo del alma no se fundan pueblos! ¡Alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo del desorden, o por la torpeza, o por la impaciencia en prepararla; alcémonos para la República verdadera!… Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula de amor triunfante: “Con todos para el bien de todos”[4]

No sé por qué, pero cada vez que me enfrento a este discurso, es como si también estuviera en aquel Liceo Cubano, y como aquella masa de hermanos y hermanas, también quisiera apretar la mano del maestro, estrujarlo también contra mi pecho, como de seguro hicieron los tabaqueros de Ibor City, que no le daban un toque fuerte de chaveta, pero les brindaban su corazón, por la Patria.

Siempre que me piden que dirija mi discurso a la figura de Martí, recuerdo estos instantes y me viene a la mente un poema del Maestro, uno de esos poemas quizás poco conocidos o poco divulgados, que denotan el conocimiento que tenía Martí respecto a las ideas de la evolución de las especies y algunos aspectos del materialismo marxista. Todo aquello que tiene que ver por su amor a la patria.

Este es Yugo y Estrella, poema simbólico donde Martí pone de manifiesto que ante la libertad de Cuba, solo existen dos opciones:

Cuando nací sin sol, mi madre dijo

Flor de mi seno, Homagno generoso,

De mí y la creación suma y reflejo,

Pez que ave y corcel y hombre se torna

Mira estas dos que con dolor te brindo

Imágenes de la vida: ve y escoge

El 1ro de enero del 1959, los cubanos, dignos, los que a vivir no hemos tenido miedo, los que hemos escogido el camino angosto, hoy con toda seguridad podemos decir entonces con Martí:

Dame el yugo, o mi madre, de manera

Que puesto en él de pie, luzca en mi frente

Mejor la estrella que ilumina y mata.

[1] Discurso llevado a cabo en Tampa el 27 de Noviembre, una noche después, de haber sido consagrado por los tabaqueros cubanos en su discurso  de los Pinos Nuevos

[2] Madrid Febrero del 1873

[3] Martí se opone, a la idea de Gómez y Maceo, a llevar en esos momentos un levantamiento armado, sabe que no se ha logrado la unidad necesaria.

[4] 26 nov.1884

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