El hombre de Berna

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Por: Jorge Wejebe Cobo

En 1943, en plena II Guerra Mundial, la ciudad de Berna, la capital de la neutral Suiza, posiblemente tuviera la mayor densidad por kilómetros cuadrados de agentes de inteligencia de todo el mundo, pero los pesos pesados en esa disputa a muerte eran los servicios especiales norteamericanos, soviéticos y alemanes.

La contrainteligencia Suiza hacia el papel de árbitro para evitar que las operaciones secretas de los aliados por un lado y de Alemania nazi por otro, guardara una proporcionalidad que no pusiera en peligro la neutralidad del pequeño país.

A ese entramado se incorporó un poco conocido abogado norteamericano de 50 años, de aspecto sereno, alto, de espejuelos que agrandaban su mirada, la cual se hacía más inquisidora para sus interlocutores. Acostumbraba a prender su inseparable pipa para oír en silencio cada palabra de las conversaciones de su interés.

Se llamaba Allen Dulles (1893-1969) y era jefe de los Oficina de Servicios Estratégicos OSS para Europa, el servicio de la inteligencia estadounidense, y en lugar de establecerse en la segura Inglaterra, decidió atravesar Francia e Italia ocupadas por los alemanes y radicar su puesto de mando en la sede norteamericana en Berna, donde se expuso a ser secuestrado por los agentes alemanes, pero decidió correr el riesgo.

Allí en Suiza jugaría la partida de su vida, que lo llevaría a la cima y al éxito de la política y el espionaje estadounidense en el siglo XX, carrera que solo declinaría 28 años después, pero en otro escenario muy lejos de la gélida urbe, en una playa del Caribe.

La telaraña divina

Allen Dulles provenía de una familia de políticos, _su hermano mayor Foster, llegaría a ser secretario de Estado_, y tenía la obsesión de que el espionaje requería una habilidad muy refinada, propia de las inteligencias superiores.

Su libro de cabecera era El arte de la Guerra, del filósofo chino Sun Tzu, quien vivió dos mil años antes, y en el que se deleitaba con su descripción de los cinco clases de espías: el nativo, el espía interno, el doble agente, el espía liquidable, y el espía flotante, todos dentro de la telaraña divina de informantes que según el referido asiático debía tener cada emperador.

El profundo anti comunismo de Allen Dulles se reveló en la propia Berna en 1916, donde fue designado como diplomático en la primera misión como oficial de la inteligencia y atendió a un exiliado ruso de estatura media y de complexión fuerte para su tamaño, quien le solicitó una visa para visitar EE.UU, la cual le fue rechazada, por considerarlo un indeseable en Norteamérica, se trataba de Vladimir Ilich Lenin.

El jefe de la OSS en Europa se vinculó a las estructuras económicas alemanas desde los años veinte cuando era junto con su hermano Foster, abogado de un conglomerado de empresas financieras, del petróleo y de industrias del acero de Alemania que apostaron decisivamente por Hitler y lo apoyaron financieramente para que consolidara su poder e iniciara sus guerras de conquistas.

Fungían como accionistas principales en esa coalición el abuelo del ex presidente George Bush, Prescott Sheldon Bush y a su suegro George Hebert Walter. Los que fueron investigados por sus relaciones con intereses nazis por el Congreso norteamericano al final de la II Guerra Mundial, de lo cual salieron indemnes por el apoyo de Dulles que se encargó de desvirtuar y esconder las pruebas que los inculpaban.

La llegada de Dulles a Berna no paso inadvertida, como él había calculado, y poco después comenzaron a presentarse propuestas de colaboración a la sede norteamericana provenientes desde provocadores nazis hasta verdaderos patriotas alemanes o miembros del régimen desilusionados con el fascismo y se le atribuyen importantes reclutamientos en las esferas de poder alemanas

Pero su más grande éxito estratégico fue operación Sunrise (“Amanecer”), mediante negociaciones secretas que se realizaron en Berna con el gobierno nazi en los meses finales de la Guerra, encaminadas a alcanzar una “paz separada” de Gran Bretaña y EEUU con el III Reich dejando al margen a los aliados soviéticos.

De esta forma, los nazis habrían podido concentrar todo su esfuerzo bélico y la totalidad de sus divisiones en el Frente oriental donde enfrentaban al Ejército Rojo.

Los principales negociadores de Sunrise fueron el general de las Waffen-SS Karl Wolff (por la parte alemana) y el propio Allen Dulles (por la parte anglo-estadounidense).

A Dulles no se le podía acusar de falta de premonición política, la verdadera movida estratégica de esas negociaciones más allá de la inminente derrota alemana, era el diseño y preparación de la futura guerra fría contra la URSS, y el comunismo.

Estos planes dieron origen a la más grande reconversión de espías de la historia moderna, cuando los servicios secretos norteamericanos dirigidos por Dulles recorrieron media Europa en busca de colaboradores de la Gestapo y órganos de inteligencia nazi y científicos militares para ser reutilizados contra la URSS, dentro de la llamada Operación Paper Clip.

El General Reinhard Gehlen, jefe de la inteligencia nazi en el frente oriental se pasó al bando norteamericano con todos sus archivos y fue el fundador del servicio secreto de Alemania Occidental, el BND en 1956 y lo dirigió hasta 1979.

Los Generales Walter Schellenberg, jefe de la inteligencia política de Hitler y el mencionado Karl Wolf, fueron acogidos con indulgencia por los aliados anglo norteamericanos y no tuvieron que pagar por sus crímenes de guerra.

Gloria y ocaso

Culminada la guerra, Dulles tuvo un papel protagónico en la creación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y del Consejo Nacional de Seguridad en 1947 y de forma especial en la directiva de dicho consejo del 18 de junio de 1948, la NSC-102, desclasificada en 1998, que preveía la realización de acciones encubiertas, de tipo terroristas, de guerrillas, espionaje, guerra sicológica y otras contra los estados y grupos hostiles a los EEUU.

Por primera vez en la historia moderna de EE.UU un órgano de inteligencia, además de ocuparse de sus tareas tradicionales, integraría acciones paramilitares y de guerra cultural o sicológica para derribar gobiernos, sin necesidad de utilizar las fuerzas armadas de forma directa como hasta ese momento.

En 1953, Allen Dulles salió de su discreta posición a la sombra de la fundación de la CIA y fue nombrado su director y se dedicó con entusiasmo a deshacerse de gobiernos incómodos para los EE.UU, perfeccionando las operaciones encubiertas que se estrenarían en toda su intensidad, primero en Irán en 1953 y Guatemala en 1954.

Tanto en una como en otra nación, gobiernos progresistas realizaron o intentaron medidas nacionalistas como una mayor participación del país en el negocio petrolero frente a los consorcios anglo-norteamericanos y una reforma agraria limitada a tierras ociosas en Irán y Guatemala, respectivamente.

Los equipos de la CIA que derrotaron a estos gobiernos no tuvieron prácticamente oposición alguna. Se movían impunemente reclutando a militares, políticos, periodistas, organizando tropas mercenarias y hasta delincuentes comunes, repartiendo millones de dólares, trabajando a toda máquina y sin ocultar demasiado la mano de los servicios especiales estadounidenses, pero tuvieron un éxito total.

Fueron los días de gloria, de Allen Dulles consagrado como la estrella del espionaje norteamericano para la época, aunque en el plano familiar quedó desolado. Su único hijo fue herido en la cabeza en la guerra de Corea y resultó incapacitado para el resto de su vida.

Era tanta la influencia de Dulles dentro de la administración del Presidente Eisenhower que pudo enfrentarse con éxito a la política del macartismo en la década de 1950 que auspiciada por el poderoso Edgar Hoover, jefe del FBI, puso en peligro delicadas operaciones de la CIA en el campo cultural, al llegar a los extremos de acusarla de ser tolerante con el comunismo por utilizar a sectores anti soviéticos de la izquierda en Europa y culpó a altos oficiales de las fuerzas armadas y de la propia agencia de ser simpatizantes de los “rojos”.

Dulles le solicitó al presidente Eisenhower parar los ataques del vociferante senador cuando se proponía llevar esas acusaciones a una sesión pública del senado en 1954. El mandatario apoyó a la CIA y en menos de un año Joseph McCarthy era historia y moriría alcoholizado víctima de cirrosis y hepatitis en 1957, a los 48 años de edad, aunque Edgar Hoover se mantendría en su puesto hasta su muerte en 1972.

A la administración de Eisenhower le llevó menos de 6 meses después del triunfo de la Revolución cubana, el 1ero de enero de 1959 considerarla junto a su joven líder Fidel Castro como un peligro para los EE.UU y nadie puso en duda en la administración estadounidense que para la CIA y su invicto Director sería una tarea exitosa acabar con el gobierno revolucionario en la Isla.

Allen Dulles se esmeró y aplicó, sin tener en cuenta la radicalización del proceso cubano y el calibre de sus líderes, su formula de triunfo contra Cuba con acciones terroristas, sanciones económicas, aislamiento internacional y por último la invasión de Playa Girón, la que se convertiría en la derrota más humillante que sufriría los EE.UU en el siglo XX.

La CIA y su director fueron considerados por el presidente John F. Kennedy los máximos responsables del desastre, lo cual le costaría el cargo a Dulles y a sus principales colaboradores vinculados a la invasión. Hasta sus últimos días el ex director culparía a Kennedy de ser el verdadero responsable de la derrota y traidor al no decidirse a invadir la Isla.

Dulles saldría de su ostracismo en 1963 al ser nombrado el 29 de noviembre de 1963 por el presidente Lyndon Johnson para uno de los siete puestos de la Comisión Warren, con el fin de investigar el asesinato del Presidente Kennedy el 22 de noviembre de ese año, a pesar de que se encontraba dentro de los sospechosos junto con cubanos contrarrevolucionarios y la mafia de estar implicados en el hecho, como se ha demostrado en investigaciones posteriores.

El principal creador de la CIA murió el 29 de enero de 1969 y fue enterrado con altos honores estatales y su legado es más actual que nunca dentro de las agencias de seguridad y de las propias administraciones norteamericanas que utilizan y renuevan las operaciones encubiertas como parte de su política de hegemonía mundial.

(Tomado de: Cubaessurtidor)

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1 Comentario

GERMAN dijo:

EXISTE UN LIBRO PUBLICADO EN CUBA EN LOS AÑOS 60 TITULADO “EL GOBIERNO INVISIBLE” Y EN EL CUAL LA FIGURA DE ALLAN DULLES CONJUNTAMENTE CON SU HERMANO JOHN FUSTER RESALTABAN TANTO EN LA POLITICA EXTERIOR COMO EN POLITICA DE INTELIGENCIA Y SUBVERSION.
TAMBIEN LA FIGURA DE ALLAN SE RESALTA EN LA SERIE “17 INSTANTE DE UNA PRIMAVERA” EN LAS CONVERSACIONES CON LOS NAZIS EN AQUELLA PRIMAVERA DE 1945 Y DE ESPALDA A LOS SOVIETICOS QUE LLEVABAN EL PESO FUNDAMENTAL EN EUROPA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

14 febrero 2012 | 05:16 pm