El gran silencio: el maltrato de los aborígenes australianos

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Varios sucesos recientes en Australia, han servido para resaltar lo poco que las personas y culturas de los aborígenes y las características de las naciones de la Isla del estrecho de Torres aparecen en el radar nacional. La falta de una educación formal acerca de los aborígenes y el fracaso de los medios de comunicación para remediarlo son los responsables conjuntamente con una apatía general que impregna el carácter nacional.

La cuarta y más reciente película del renombrado periodista John Pilger, Utopia, acerca de la situación de los aborígenes australianos, es “un retrato épico de la cultura más antigua e ininterrumpida y una investigación sobre la pasada represión colonial y la actual rapacidad”. El prominente jugador de rugby aborigen y Australiano del Año, Adam Goodes, dijo que la película era “la voz de la Australia Aborigen”, pero el estreno, en presencia de 4.000 personas, apenas fue mencionado por los medios convencionales.

“El Gran Silencio australiano” acerca de la historia entre indígenas y no indígenas australianos, de la que el antropólogo W.E.H. Stanner habló en 1968, todavía existe hoy día.

Los medios convencionales ignoran a los que están fuera de la distribución normal

Entre los críticos aparentemente ofendidos por la película de Pilger se encuentra el columnista de The Australian y director ejecutivo del Sydney Institute, Gerard Henderson, quien se opone a su conclusión de racismo inherente, y se queja de que “no hay material nuevo en Utopia”. A Henderson no le importa la masiva discrepancia entre la esperanza de vida, salud, bienestar y educación de los indígenas y los no-indígenas australianos, conocida desde hace mucho, pero no rectificada.

Escribiendo para The Guardian Australia, Luke Buckmaster, se quejó de que una película sobre asuntos australianos fuera aireada en la televisión pública del Reino Unido, antes incluso de exhibirse en los cines australianos. Si hubieran preguntado Buckmaster y otros disgustados a Pilger porque fue este el caso, tendrían que haber descubierto que la financiación no sólo era inviable en Australia, como Pilger dijo a AAP sino que ningún distribuidor australiano quiso correr el riesgo, uno dijo que era “demasiado negra”… La última vez que algo semejante ocurría en Australia fue con la memorable serie del 2008 Los Primeros Australianos.

En los medios convencionales, las vidas de los primeros australianos raramente aparecen como tema de interés. Cuando el príncipe William y su esposa Kate recorrieron las antiguas colonias en Oceanía, resaltó el abismo entre el protagonismo de los indígenas australianos y los de Nueva Zelanda. Las crónicas en los medios australianos eran una anomalía si contenían más de tres palabras referidas a encuentros de la pareja real con ancianos aborígenes entre los miles de palabras referidas a su vestimenta y comida.

Para muchos medios australianos es más fácil de enfocar los accidentes de carretera que causaron cerca de 2.000 muertes en una población de 23 millones el año pasado, que implicarse en los temas de los aborígenes: entre 2001 y 2010 una de cada 24 muertes de aborígenes fue por suicidio y, entre 2000 y 2007, 601 aborígenes murieron en prisión. Esto de una minoría que comprende aproximadamente el 2,5% de la población australiana.

Pero ¿por qué las actitudes de los medios australianos convencionales acerca de su población indígena son tan diferentes, digamos, de Nueva Zelanda, donde los maoríes son más prominentes y respetados? Una periodista amiga de Nueva Zelanda atribuye esto en parte al efecto goteo desde el gobierno dispuesto a financiar la educación pública, para todos los habitantes, incluso periodistas.

Cuando le pregunté a mi amiga, que trabajó para una fuente de noticias digitales en Australia y Nueva Zelanda, dónde está la diferencia, recibí una respuesta exasperada acerca del racismo poco serio del que fue testigo por parte de sus colegas australianos. Dijo que no había tenido nunca la oportunidad de hablar del tema con un periodista australiano, porque nunca le preguntaron:

“Los (australianos) hablaban casualmente en la entrevista telefónica acerca de por qué no cubrieron un caso indígena particular. Ellos tenían una actitud: ‘no es una preocupación, no es racismo, es la verdad,  no es lo que la gente quiere leer’, que no puedes encontrar en las redacciones de Nueva Zelanda. No entendieron que era precisamente racismo y que tenían una responsabilidad al cubrirlo. En Nueva Zelanda algo parecido no se habría pronunciado nunca con un comentario tan cómodo como ‘Aquí somos todos personas blancas’.”

Una oportunidad para cambiar el status quo

Las culturas indígenas – fueron alguna vez mas de 700 naciones aborígenes – son utilizadas en los eventos deportivos como las Olimpiadas – y promovidas como atractivos turísticos, pero la realidad es que están en gran medida desconocidas e ignoradas en Australia. Los estudiantes aprenden poco de la historia de las antiguas civilizaciones en el mundo, comparado con Nueva Zelanda, donde el maorí es una lengua oficial que es enseñada en las escuelas y es preponderantemente medida en el censo.

En una comparecencia en el programa “The Stream” en Al Jazeera, John Pilger señaló la actitud frente a los asuntos indígenas: “obstinada indiferencia” y “¿qué puedo hacer yo?”. Señala la ausencia de toda referencia a combates entre los invasores británicos y los aborígenes en la institución conocida como Memorial de la Guerra Australiana como evidencia de racismo: “no es sólo un legado, sino que es muy actual a través de las actitudes y políticas gubernamentales hacia los pueblos originarios del país”.

Cuando Pilger preguntó en el Día de Australia –el aniversario de la invasión británica de 1788- a los australianos blancos qué lugar ocupan los indígenas en la sociedad contemporánea, se encontró con la vergüenza de personas que conocen poco acerca de lo que estaban siendo preguntadas.

La elite blanca que establece la agenda educacional en Australia, está tratando de conservar la cultura europea a cal y canto. En enero el gobierno conservador de Abbott, ordenó una revisión del nuevo plan de estudios establecido por el anterior gobierno laborista. Los dos hombres blancos – sí, justo dos – designados para conducir la revisión fueron criticados por un grupo de 176 prominentes educadores australianos por carecer de “la amplitud de miras requeridas para producir una equilibrada e imparcial revisión”

En 2011 el más controvertido revisor del plan de estudios, Kevin Donnolly, hizo esta crítica entre otras, del enfoque curricular de los laboristas: “cada materia propuesta en el plan de estudios nacional tiene que abrazar a los indígenas, el medioambiente y las perspectivas asiáticas y aspectos de la historia curricular, compulsivamente leídos más como un manifiesto de la cultura de izquierdas, que como una racional y balanceada visión de la historia como disciplina”.

En el diario digital de Murdoch news.com.au siguió al ministro de educación Christopher Pyne mofándose sarcásticamente de la inclusión de la cultura indígena para ayudar a enseñar a los alumnos álgebra y fracciones en el nuevo plan, el cual está todavía por implementarse a lo ancho de Australia.

Muchos australianos, incluidos los comisionados electorales del país, a menudo exponen con orgullo que Australia fue el primer país en el mundo, en 1902, de otorgar el voto femenino y el poder pertenecer al parlamento federal, estableciendo un record universal. Pero lo que a menudo se pasa por alto o no se sabe es que las personas indígenas no sólo fueron expresamente excluidas de las votaciones federales hasta 1962, sino que no tuvieron plenos derechos de ciudadanía y no fueron tenidos en cuenta en el censo hasta 1967 – los aborígenes fueron clasificados como “flora y fauna”.

En cambio, entre 1949 y 1973 los ciudadanos británicos pudieron entrar a Australia sin visado, acceder al estado del bienestar y tenían derecho a voto. Los súbditos británicos en el censo electoral antes del cambio de la legislación en 1984, todavía tienen el derecho de voto sin ser ciudadanos.

Para los aborígenes australianos, el resultado neto de ser permanentemente ignorados por la población no-indígena es una esperanza de vida 10 años menor, tasas de alfabetización drásticamente menores y desempleo masivo. En febrero fue lanzado el informe anual sobre diferencias, mostrando que la esperanza de vida no había cambiado y que el incremento del desempleo,  tema en el que el jefe del organismo Reconciliación de Australia culpó a los políticos incapaces de escuchar a la mucha gente que debían servir.

Los australianos están actualmente debatiendo si reconocer en la Constitución a los primeros pobladores, como ya hizo Nueva Zelanda. Reteniendo la historia de los aborígenes en el programa escolar e incluyendo a los aborígenes en la Constitución, provee una oportunidad para rectificar el pasado indigno e injusto y mostrar a los australianos el respecto a la población indígena y a valorarlos.

Fiona Broom es una periodista que escribe en distintos medios australianos y también en Aljazeera.

Toamdo del Blog Descubriendo Verdades

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