El camino de los libertadores se consolidó en La Habana (Entrevista a Nicolás Maduro)

Lea más de: , , , , ,

Confieso que ya casi había perdido las esperanzas de concretar esta entrevista, cuando el teléfono comenzó a vibrar –discreto, pero persistente– en medio de una tormenta de ideas entre blogueros amigos que presagiaba una tarde larga en debates. “Dime”, dije bajito. “La cosa es lo mismo en una hora que en tres, pero está confirmada; ven pa´ acá”, se escuchó al otro lado de la línea”.

No dijo mucho, pero entre cubanos nos entendemos: “la cosa” siempre es algo importante; así que bastó para escurrirme de la reunión, no sin antes pedir excusas con el socorrido: “se me presentó algo urgente, vengo ahora pa’ acá”.

Apenas unos segundos bastaron para saltar a la calle y hacerle hasta señales de humo al primer “almendrón” que pasó. No había tiempo para muchas esperas, “la cosa” era urgente, después de varios días en un compás de espera, solo mitigado por el intenso trabajo durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. La suerte estaba echada. Lo más importante son las preguntas y están a la mano; la grabadora, las cámaras y los mejores colegas de trabajo se encargarían del resto.

Ya le había dado un estrechón de mano hace más de un año en Caracas, o más bien él a mí, porque este entrevistado es de los hombres honestos que mira fijo a los ojos y te aprieta duro cuando saluda, como autobusero que aún es. No lleva muchas presentaciones Nicolás Maduro Moros, es el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el primer obrero en llegar a la alta magistratura. “El hijo de Chávez” le dicen muchos.

Y es que Maduro lleva el signo de Chávez tatuado en su alma desde el día que escuchó aquel “por ahora” del Comandante el 4 de febrero del ‘92. Pero si he de contar lo que más me impresionó durante la entrevista a manera de adelanto, subrayaría la vehemencia con que defiende el proyecto de integración latinoamericana y caribeña, esa herencia bicentenaria que ha asumido en pro de nuestros pueblos. Su discurso está cargado de historias, reflexiones y de un amor inmenso por Venezuela que apasiona a más de uno. Maduro habla de lo nuestroamericano, no como una utopía, sino como el proyecto posible en manos de todos.