El asesinato de Rodolfo Rosell, un crimen del imperialismo

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Por Pedro Antonio García Fernández

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El odio se ensañó en el pescador Rodolfo Rosell.

El 12 de octubre de 1962, como siempre hacía cuando su esposo, Rodolfo Rosell andaba de pesquería, Elisa Bertó se levantó un poco más temprano que los demás días.

“Cuando fui, como de costumbre, a llevarle el desayuno, y él no apareció, eso me aterró, porque era la primera vez que no se presentaba”, confesaría años después a una periodista.

En aquella entrevista, Elisa Bertó afirmaba: “Mi esposo no desconocía el peligro que significaba atravesar el canal de entrada de la bahía de Guantánamo, porque a ambos lados estaban apostados los soldados norteamericanos, quienes una noche le tiraron”.

“A partir de ese momento el temor me embargaba cada vez que salía al mar, y por eso le pedí que dejara de hacerlo, pero él no cejó nunca en el empeño”.

Cuando la esposa del pescador dio la voz de alarma, sus vecinos y amigos iniciaron la búsqueda que se prolongó hasta la mañana del 13 de julio, cuando fue avistada su embarcación Las dos hermanas  en un cayo distante a unos conco kilómetros del poblado de Caimanera.

La lancha estaba encallada y ladeada completamente. Dentro hallaron el cadáver de Rodolfo Rosell Salas, con la ropa hecha jirones y signos evidentes de tortura. En su cráneo y otras partes del cuerpo eran visibles las perforaciones hechas probablemente con punzones y hematomas de una cruel golpeadura.

PEQUEÑA BIOGRAFÍA

Rodolfo Rosell Salas nació en Baracoa, el 10 de septiembre de 1932. Era el tercero entre seis hermanos de una familia de campesinos pobres. Desde pequeño conoció de la miseria y privaciones propias de ese sector social en la neocolonia.

Como todo niño campesino de su época, solo pudo estudiar hasta el sexto grado. Sus hermanos suelen asegurar que amaba a los animales y gustaba de montar a caballo. Desde muy pequeño aprendió a nadar en el mar, lo que disfrutaba de sobremanera.

Durante la insurrección contra la tiranía batistiana militó en el movimiento 25 de Julio y participó activamente en huelgas y acciones combativas. Muchas veces para burlar la vigilancia policial tuvo que refugiarse en Corojo de Caujerí, donde vivían sus suegros.

Tras el triunfo revolucionario, Rosell se incorporó a la cooperativa pesquera Gustavo Fraga, de Caimanera, donde trabajó como dependiente de la tienda del pueblo, aunque luego simultaneó esa tarea con la pesca, al lograr adquirir una embarcación, gracias a las facilidades de pago que le brindó su cetro de trabajo.

Fue uno de los primeros en ingresar a las Milicias Nacionales Revolucionarias de la localidad.

El 11 de julio de 1962, abordó alegre su lancha Las dos hermanas para cumplir con su faena diaria. En su hogar dejaba a sus hijos Maricela y Rodolfo, entonces de siete y cinco años respectivamente, y a su esposa Berta, embarazada de la que luego sería su hija Reina.

En los testimonios recogidos por la prensa de la época, sus compañeros de la cooperativa acusaron a los marines de la base naval estadounidense de haber perpetrado el crimen.

Uno de los amigos del mártir subrayó: “Lo que persiguen los yanquis es que este asesinato tenga de nuestra parte una respuesta violenta contra la base que les brinde el pretexto para invadirnos, pero lo único que han conseguido es unirnos más y reafirmar nuestra disposición a derrotar cualquier agresión”.

NO FUE EL ÚNICO CRIMEN

Las provocaciones y tropelías cometidas por la soldadesca yanqui en la ilegal base naval de Guantánamo, se iniciaron incluso antes de la invasión por bahía de Cochinos. El 10 de enero de 1961 el trabajador cubano, Manuel Prieto Gómez, resultó herido al ser atacado dentro de la instalación militar.

El primer asesinato lo cometieron el 15 de octubre de 1961 contra la persona del también obrero cubano de la base, Rubén López Sabariego, abominable hecho que dejó huérfanos a nueve niños y adolescentes.

Tampoco la muerte de Rodolfo Rosell sería la última que sufriría una familia cubana. El 19 de julio de 1964 falleció el guardafronteras cubano Ramón López Peña, ultimado por disparos hechos desde la base naval.

Otro guardafronteras, Luis Ramírez López, también perdería la vida en mayo de 1966, mientras cumplía su misión de custodiar desde una posta el territorio nacional, víctima de una ráfaga disparada por marines yanquis.

Cubahora

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