El amor marcado por la pérdida

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Por Cristina Escobar

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Hay noticias que se repiten una y otra vez, y no por eso dejan de ser trágicas. El día del amor, en el que se supone que la gente se quiera más, se convirtió en el día de la pérdida, y la violencia. Un joven de 19 años asesinó a tiros a 17 personas en un preuniversitario en la ciudad de Parkland en el estado norteamericano de la Florida.

Nikolas Cruz, huérfano de madre, que no puede por su edad ni comprar una cerveza en un bar, pudo acceder a un amplio arsenal de armas entre los que se encontró el AR-15, excelente máquina de matar que le permitió terminar con la vida de casi una veintena de personas y seguramente con la suya también, el fiscal pide pena de muerte para el joven.

Mientras todavía lloran las muertes, y los funerales se suceden, el sábado comenzó un evento que dicen estaba planificado hace mucho tiempo, y bajo lluvia sol y sereno se celebraría: una feria de armas, donde exponen y venden arsenales de guerra desde la más pequeña hasta la más mortífera.

A solo 72 horas de la masacre, a una hora en carro de Parkland, una feria para promover la compra y venta de armas. Un problema que persiste en Estados Unidos una y otra vez, un país que demuestra que ser el más rico no lo hace el más civilizado.

Es un asunto en el que no hay secretos, todo está claro. La segunda enmienda de la Constitución escrita a finales del siglo 18 reconoce el derecho a comprar y portar armas de fuego, se basaba en la realidad de la nueva nación despoblada, con comunidades alejadas entre sí, donde en algunos lugares se libraban aún focos de resistencia contra Inglaterra, y donde cazar o protegerse de animales en la inhóspita geografía eran realidades cotidianas.

Han pasado dos siglos desde entonces, y ahí está esa enmienda que acunó como mejor promotora a la Asociación Nacional del Rifle, con fines lúdicos en el comienzo, allá por 1871. Hoy ya no es eso, hoy es casi un partido político, dentro del Partido Republicano.

Pagan mucho dinero para que la voz de millones de estadounidenses que quieren un mayor control sobre las armas no se concrete en propuestas legislativas. Aquellos, críticos de la absurda libertad de comprar armas que solo sirven para matar, no cuestionan el derecho en sí mismo, los estadounidenses atesoran su Constitución como parte inherente a su cultura política.

El problema es que comprar armas es demasiado fácil, en algunos estados casi no hay chequeos de antecedentes, en otros se puede caminar por la calle portando una pistola en la cintura como si fuera una película del oeste.

Los críticos solo quieren eso: control sobre esa venta. Pero los que hacen mucho dinero no quieren ningún control, quieren vender. Los números delatan la realidad. La Asociación Nacional del Rifle paga a los políticos para que nadie se atreva a limitar ese negocio. Esto es legal en esa la muy particular democracia estadounidense donde el dinero determina lo que hacen los representantes del pueblo.

John McCain es el que más dinero recibe: 7 millones en los últimos años. Marco Rubio, a quien se puede identificar fácilmente con todas las causas malas, recibe 3 millones 300 mil. Esto sí es partidista, de los 100 representantes en el Congreso que reciben dinero del lobby de las armas 95 son republicanos, y los demócratas no entran hasta después del puesto 50 del ránking de los beneficiados por los comerciantes de armas.

Más números: Donald Trump recibió 30 millones de dólares durante la campaña para ser presidente. El mismo que ahora dice que el problema de las matanzas no son las armas, sino los problemas mentales, que hay muchos enfermos psiquiátricos y ese es el verdadero problema. Claro si el que tira el gatillo es un árabe o un latino es que son terroristas, pero esos no tienen problemas mentales, si lo hace un estadounidense es que está enfermo.

Hay un dolor generalizado, y mucho miedo. El debate que se viven redes sociales propone ideas muy importantes: primero que son capaces de cuidar más el derecho de portar armas, que a sus propios niños. El día después muchos padres tuvieron que convencer a sus hijos de ir a la escuela.

El AR-15 utilizado por Nikolás Cruz fue el mismo que utilizó Adam Lanza en 2012 cuando entró a una escuela en Connecticut y mató a 20 niños, y el mismo que usó James Holmes ese mismo año en un cine en Colorado dejando 12 cadáveres.

Dicen los defensores que el problema no son las armas, sino las personas que las usan. Y así el círculo vicioso promueve un acceso cada vez más fácil a las armas, y es más fácil coprar un rifle de asalto que un antibiótico.
Es un derecho, y ya, ahí terminan la conversación.

Es el décimo octavo tiroteo del año, cada 60 horas en este joven 2018 ha ocurrido una matanza menor o masiva por armas de fuego. El cuento de nunca acabar, y la noticia que se repite una y otra vez sin que pase nada.

CubaTV

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