El 11 de Abril de 1895: Una efeméride gloriosa

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Por Miguel Angel García Alzugaray

Después de una ardua labor en el extranjero, para recaudar recursos y aunar voluntades para la gesta libertaria cubana, José Martí, el jefe político, el organizador e inspirador de la nueva clarinada, y Máximo Gómez, el jefe militar supremo, el revolucionario sagaz e inclaudicable, símbolo del internacionalismo y de la modestia, llegaron procedentes de Santo Domingo con el fin de incorporarse a la denominada Guerra Necesaria, iniciada el 24 de febrero de 1895.

Marti-Playitas

El 11 de abril de ese año, pasadas las 10 de la noche desembarcaron por Playitas de Cajobabo, en el actual municipio de Imías, las dos figuras más prominentes de la causa independentista. Playitas de Cajobabo fue el sitio escogido para que desembarcara la libertad, y nadie: ni la oscura noche, ni el oleaje irascible, ni las rocas, podrían detenerla.

Este desembarco constituyó una de las hazañas más importantes del siglo XIX cubano.

Al respecto, escribiría en su diario de campaña José Martí: “Bajan el bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubascos. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras, la playita al pie del Cajobabo, me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande.”

De ese modo, describe el Apóstol su azaroso desembarco para incorporarse a la gesta libertaria junto a Gómez, Francisco Borrero, Ángel Guerra, César Salas y Marcos del Rosario.

Los seis expedicionarios habían salido de Montecristi rumbo a Cuba el 1ro de abril a bordo de la goleta Brothers. Al día siguiente, llegaron a la isla de Gran Inagua, donde descubrieron que los marineros habían desertado, lo que les impidió continuar viaje de inmediato. El 5 de abril, luego de la búsqueda infructuosa de una nueva tripulación, los cubanos abordaron al carguero alemán Nordstrand, que se dirigía a Cabo Haitiano, al Norte de Haití, y posteriormente a Puerto Antonio, en la costa Norte de Jamaica. El capitán del navío simpatizaba con la causa cubana y aceptó a los expedicionarios como pasajeros encubiertos.

En su odisea llegaron a Cabo Haitiano el día 6, reembarcaron el 9 y en la madrugada del 11 de abril arribaron a Matheu Town, capital de Gran Inagua, donde subieron al vapor, el bote que los llevaría a la playita de Cajobabo, después que el Nordstrand —en su viaje a Jamaica— los acercara a la costa Sur de Guantánamo.

Martí continúa reflejando en su diario los instantes sublimes de arribar a la patria querida y de nuevo en armas, en la guerra necesaria que él ayudara a gestar, sin discrepancias ni contradicciones:

“Ya arde la sangre. Ahora hay que dar respeto y sentido humano y amable al sacrificio”.

Palabras que parecen dichas no solo para ser recordadas hoy, sino para ser honradas cada día por todos en nuestro actuar cotidiano.

La historia consigna que desde su desembarco el 11 de abril por Playita de Cajobabo, se establecieron 13 campamentos a lo largo del trayecto, lugares donde Martí y los expedicionarios hicieron estancias y pernoctaron. Pasaron tramos por caminos cenagosos, empedrados, boscosos, espinosos, con pasos de ríos y arroyos, y por agrestes zonas montañosas.

Pero dejemos que el propio Martí, con su magistral pluma, nos narre sus vivencias: “Arriba por piedras, espinas y cenegal. Oímos ruidos, y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo.”

Después de caminar tres kilómetros y esperar a las tres de la madrugada llaman a la casa de los Leyva. Son atendidos por Adela y Gonzalo, es donde por primera vez se le brinda abrigo y hospitalidad en tierra cubana.

Martí al respecto dijo. “Yo no olvidaré nunca todo lo ocurrido esta noche, pero mucho menos el encuentro con esta gente, este fogón y este café”.

A las 9 de la mañana salen destino a la finca Sao de Nagecial, propiedad de los Leyva.

Resaltamos la importancia de conocer la Ruta Martiana, ya que tiene una gran significación histórica, pues en su trayecto se llevaron a cabo hechos trascendentales: Martí redacta su correspondencia hacia Nueva York y toda la de Baracoa; escribe sobre la muerte de Flor Crombet y describe la belleza natural del territorio. En los últimos días de permanencia en Guantánamo, Martí atendió fundamentalmente el trabajo de esa jurisdicción. Recibió a Pedro Agustín Pérez, quien le entrega la primera bandera.

En Arroyo Hondo, recibe de regalo, salido de las cuadras del ingenio Los Caños (hoy Paraguay), el caballo con que cayera combatiendo de cara al sol en Dos Ríos. Habla de la necesidad de dejar ordenada la guerra enérgica y magnánima, de reprimir cualquier intentona de perturbar la guerra con promesas; escribe diferentes circulares, asciende a José Maceo al grado de Mayor General y prepara la Asamblea del pueblo cubano.

El arribo del Delegado del Partido Revolucionario Cubano a la playita marcó, sin dudas, el fin de sus privaciones después de muchos años de exilio y de preparación de la Guerra Necesaria. En ese punto de la geografía nacional, y en el momento histórico del desembarco, expresó con extraordinaria emoción su dicha grande de pisar tierra cubana.

La llegada de Martí y Gómez fue acogida con gran júbilo por el pueblo, especialmente por quienes desde la manigua luchaban por la independencia.

Fue precisamente en la región extremo oriental del archipiélago donde más tiempo permaneció el Héroe Nacional antes de caer en combate, el 19 de mayo de ese año.

También allí, y a pocos días de su arribo por Playitas, resultó ascendido a Mayor General del Ejército Libertador en un intramontano sitio conocido como Rancho de Tavera, del territorio de Imías.

Y es que el mérito de Martí radica en haber encontrado un equilibrio entre lo político y lo militar y crear un nuevo concepto de revolución más allá de la guerra, en el que los principios de la unidad de todo el pueblo, antimperialismo y amor a la tierra que le vio nacer, trascienden hasta el día de hoy.

El 11 de abril de 1995, a las 10 : 20 pm, , 100 años después, cuando la naturaleza quiso por pura coincidencia, comportarse igual que en 1895, en una noche oscura, la figura de Fidel se perfilaba a la luz de lejanos relámpagos cuando se acercó al mar, hasta que las olas mojaron sus botas guerrilleras, y parado, firme, con la Bandera de la estrella solitaria en alto y de frente al mar, estuvo varios minutos, para después dirigirse hacia el monumento, en el que colocó la bandera, y dijo:

“He venido a recibir en el año del Centenario, de manos de Martí, la Bandera de la estrella solitaria, y solo pido que las futuras generaciones la mantengan ondeando para siempre en una patria Libre”.

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2 Comentarios

Gonzalo Ramos dijo:

Muy romántico, pero, ¿cómo aplicarlo en épocas no menos trágicas y aún más cargadas de amenazas y penurias?

12 abril 2018 | 07:15 am
@TOCOPIAL dijo:

UN PERIPLO ANGUSTIOSO CON TRANSBORDOS FORTUITOS Y UN FINAL GLORIOSO DE MISIÓN CUMPLIDA, QUE HOY PODEMOS CONOCER GRACIAS A LA PLUMA DE NUESTRO MAESTRO Y LA ACUCIOSA INVESTIGACION DE NUESTRO HISTORIADOR.

12 abril 2018 | 09:13 am