El “aterrizaje suave”de Cuba en el capitalismo y la “secuencia óptima” (Parte III: Modérate, mi amor)

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Iroel Sánchez

Si me declarara nacionalista y me sorprendiera coincidiendo en objetivos y lenguaje con el gobierno de Estados Unidos y sus asalariados en Cuba, estaría yo  muy confundido.

Emilio Ichikawa señala en su blog a Arturo López Levy como uno “de los  principales organizadores”  de un reciente evento en La Habana, “patrocinado por el Reino de Noruega“. Eso apunta el filósofo citando al sitio Cubanet, financiado por el gobierno de Estados Unidos. Curioso, el Reino de Noruega -subrayado en el post original de Ichikawa- patrocina también, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, el Oslo Freedom Forum del 12 al 14 de mayo de 2014, al que asistirá Yoani Sánchez, según informa el sitio Martí Noticias.

El bloguero de Miami entrecomilla “plattistas disfrazados de nacionalistas” para referirse a los que -según él- “han recibido patrocinio del Reino de Noruega para reunir intelectuales en La Habana”. Y buscando pistas, como dice hizo él con mi artículo “Milton Friedman pasea por La Habana repartiendo “agua de fuego”, encontré una entrevista realizada a López Levy durante su presencia en el evento habanero al que alude el filósofo donde, dicho sea de paso, junto a profesionales del “cambio de régimen” pagado por Estados Unidos, participaron personas que considero patriotas, e incluso amigos. El docente de Denver University ofrece en esa entrevista una solución para el cambio de política de EE.UU. hacia Cuba y la búsqueda de los objetivos de Washington “por un método más persuasivo y menos coercitivo” que quizá pueda explicar el uso desde Miami del término plattismo entendido como la aceptación por cubanos de la subordinación de lo que suceda en Cuba, o en su proyección internacional, a la voluntad de Estados Unidos. Dice Arturo López Levy:

“La política del embargo es una política imperial porque pretende imponer a través de la coerción el tipo de gobierno que a ellos les gustaría en Cuba, con las políticas que a ellos les gustarían desde Cuba. Es posible que esa política sea suplantada por una política de proyección hegemónica que lo que procura es persuadir al otro actor, a partir de dinámicas de información, dinámicas de incentivos, de que es mejor, para el actor más débil, adoptar cambios que lo hagan caber o entrar en un rompecabezas mayor donde predomina el liderazgo norteamericano.

“Esto es algo que Cuba no parece aceptar y eso ya es un conflicto de Cuba no solo con Estados Unidos sino con un sistema internacional donde la primacía norteamericana es una realidad. El actual sistema político cubano y la dirección cubana no se sienten cómodos con el mundo de esa manera y hacen todo lo posible por cambiarlo. ¿Es posible que Cuba modere esa manera de ser? Yo creo que sí. ¿Es posible que Estados Unidos asuma la búsqueda de sus mismos objetivos por un método más persuasivo y menos coercitivo?”

Entiendo que pueda parecer que para el entrevistado es el comportamiento de Cuba el que resulta “conflictivo”, porque esta no quiere “adoptar cambios que lo hagan caber o entrar en un rompecabezas mayor donde predomina el liderazgo norteamericano”. Cierto que puede resultar contradictorio decir eso, utilizar el lenguaje oficial de Washington sobre la Revolución cubana y llamarse “nacionalista”.

Y muchos pueden pensar -conociendo la relación de más de 200 años entre las dos naciones- que pedirle a un país a 90 millas de Estados Unidos que se sienta cómodo con la primacía norteamericana en el mundo es sugerirle que se suicide, entierre su futuro como nación independiente y se olvide de todo lo que la Revolución ha conquistado para las mayorías. Precisamente por Cuba no aceptar ese liderazgo es que EE.UU. está hoy aislado en Latinoamérica respecto a su política hacia la Isla y la Revolución ha podido sobrevivir y arribar a un continente distinto que exige a Washington aceptarla con total derecho en la próxima Cumbre de las Américas, quitar el bloqueo y cambiar su política, lo que es también un reclamo mundial. Tomando esos referentes, pareciera que es la política de EE.UU. hacia Cuba la que tiene un conflicto con Latinoamérica y buena parte del planeta.

Pero no siempre ha sido así. El escritor Eduardo Galeano resumía semanas después de los antentados del 11 de septiembre de 2011, la imposición al mundo de una especie Enmienda Platt universal y lo contrastaba con el rol de Cuba:

“Pienso que en un mundo donde el servilismo es alta virtud; en un mundo donde quien no se vende, se alquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad; Cuba está siendo, una vez más, boca de esa voz.  (…)

“Pareciera que se está disputando la Copa Mundial del Felpudo. Uno tiene la impresión, y ojalá sea una impresión equivocada, de que los gobiernos compiten entre sí a ver quién se arrastra mejor por los suelos y quién se deja pisar con mayor entusiasmo. La competencia venía de antes pero, a partir de los atentados terroristas, hay una casi unanimidad en la obsecuencia oficial ante los mandones del mundo. (…)

“Pienso que en un mundo donde el servilismo es alta virtud; en un mundo donde quien no se vende, se alquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad; Cuba está siendo, una vez más, boca de esa voz”

No tengo ningún prejuicio contra la emigración cubana, este blog y varios de sus colaboradores dan prueba de ello.   Puedo suscribir lo dicho por Yadira Escobar: “Fuera de Cuba, también hay patriotas. No se puede generalizar”, y aplaudo la diáfana aclaración de María Isabel Alfonso, Co-Directora de Cuban Americans for Engagement, a propósito del artículo de Emilio Ichikawa “Debuta en EE.UU un nuevo grupo cubanoamericano de activismo político”. Sin embargo, ¿es patriótico pedir que Cuba “modere esa manera de ser” y sea uno más en el felpudo para ser llevado por Estados Unidos -”por un método más persuasivo y menos coercitivo”- hacia “un régimen pluripartidista y una economía de mercado”?

Es difícil encontrar algo novedoso cuando se condiciona un cambio en la política de Washington con lo mismo que se esgrimió por EE.UU. desde que comenzó sus agresiones contra la Revolución: que Cuba renuncie a una política exterior independiente, lo que es una de las prevenciones buscadas por el apéndice que desde el país del Norte se impuso a la Constitución cubana en 1901, la Enmienda Platt. Gracias a nuestra conflictiva “manera de ser”, el presidente Barack Obama se vio en la obligación de aceptar la presencia y escuchar con respeto al líder revolucionario cubano Raúl Castro -la cabeza del gobierno que EE.UU. intenta derrocar- en el cierre del homenaje internacional a Nelson Mandela. Porque mientras Washington apoyaba al régimen del apartheid y consideraba a Mandela lo mismo que sigue considerando a Cuba, un terrorista, los cubanos no se moderaron para apoyar la lucha de los patriotas sudafricanos.

En otros escenarios tal vez las cosas pueden ser distintas. De acuerdo con las condiciones de igualdad y reciprocidad que deben regir las relaciones entre nuestro país y la Unión Europea, correspondería ahora a la República de Cuba –como dije en mi post antifriedmaniano– “convocar a participantes nórdicos a un evento en Oslo sobre el futuro del Reino de Noruega en el que se discuta la pertinencia de la monarquía allí existente”. Sé que es poco práctico, Cuba no tiene el dinero para pagar nada en tan distante lugar, pero en otro sentido debe ser más fácil que hacerlo aquí, porque Noruega  no sufre bloqueo alguno de Estados Unidos, sino que es su aliado militar, acompañándolo en lugares como Afganistán, donde la promoción de los Derechos Humanos y la democracia por las tropas ocupantes ha costado la vida a miles y miles de civiles, incluyendo no pocos niños.

Pero, parafraseando a Obama, seamos creativos. Yo pondría una cláusula en los acuerdos que ahora mismo se han comenzando a negociar con la UE que obligue a que por cada centavo destinado desde allí a eventos políticos, culturales, académicos, producciones editoriales y artísticas relacionados con los problemas de Cuba, haya un financiamiento equivalente para que entidades cubanas hagan lo mismo con temas internos de un estado europeo. Así, por ejemplo, la embajada de Cuba en España podría organizar un evento con participación de los  sindicatos, las “mareas” educativas y sanitarias y los afectados por las hipotecas para discutir soluciones a esos graves problemas que los afectan allí, o ir más allá y debatir sobre la institucionalidad y el modelo social vigente en tierras ibéricas. Aunque ¡oh! pecado, eso tal vez supondría “un conflicto de Cuba no solo con Estados Unidos sino con un sistema internacional donde la primacía norteamericana es una realidad”.

Tomado del Blog La Pupila Insomne

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