EE.UU. solo blinda el interés imperial

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Por Norelys Morales Aguilera

Un balde de agua fría ha caído sobre las pretensiones de Barack Obama de “blindar” o hacer “irreversible” la estrategia de la administración en sus relaciones con Cuba, mediante la directiva de política sobre la Normalización de las relaciones entre ambos países.

Primero fue la reacción de Donald Trump afirmando en Miami que rompería relaciones con la Isla. A continuación el titular del Congreso estadounidense, el republicano Paul Ryan, dijo que planea mantener el bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba.

Sus motivos son que, “Como los últimos dos años de normalización de las relaciones sólo han envalentonado al régimen a expensas del pueblo cubano, tengo toda la intención de mantener nuestro embargo sobre Cuba”.

En un comunicado, Ryan llamó a las acciones de Obama “intentos de apaciguar al régimen opresor” en Cuba, y explicó que fortalecerían su Gobierno y pondrían en peligro los derechos de propiedad intelectual de compañías estadounidenses, según Reuters.

Cualquier analista neutral encuentra el empecinamiento y la incapacidad de aceptar, que perdieron la apuesta frente al gobierno y el pueblo cubano.

Sobre la Directiva Presidencial y las medidas que la acompañan la cancillería cubana ha dado respuestas mesuradas y con reconocimiento, a lo que de positivo puede haber en estos pasos.

Cuando se analizan los tips de Ryan, resultan los mismos de la ultraderecha que ha saboteado las pretensiones de Obama, que no ocultan, a pesar de todo, el interés marcado de alcanzar el derrumbe de la Revolución Cubana, por métodos más sutiles, pero no menos agresivos.

Aun así, la construcción de una nueva relación a la luz de la lógica imperial, se conduce porque “Cuba es una amenaza” o “Cuba es el enemigo” según el mismísimo Obama que firmó la Ley de Comercio con el enemigo, un estatuto de 1917 que sustenta el bloqueo, y solo aplicado a la Isla. Benévolamente un eufemismo si hablamos de intenciones.

De acuerdo con el respeto a la soberanía nacional, la Habana ha reconocido avances en el área diplomática, pero considera con amplio respaldo popular, que el pleno restablecimiento de los vínculos pasa por el levantamiento del bloqueo, la entrega del territorio ocupado de Guantánamo y el fin de las injerencias en los asuntos de la isla.

De modo que si lo que está cambiando con la política de la administración Obama, que concluirá unos cien días, es el “método, pero no la meta” ¿por qué la actitud belicosa hacia cambios expresados en absurdos argumentos como los de Paul Ryan? ¿Por qué el retroceso que se propone la ultraderecha?

Es que Cuba es “el virus”, un ejemplo que definitivamente hay que extirpar puesto que para un Imperio, tal cual lo es el de Estados Unidos, toda disidencia debe ser silenciada. El método mafioso está a la vista, como un remanente activo de la Guerra Fría, que pareciera nunca terminar.

Cuba es un vecino menor, que no es amenaza ni bloquea a Estados Unidos. No resiste comparación la geografía del archipiélago cubano, su población, su economía, su PIB o cualquier estadística, frente al país que tiene el mayor ejército del mundo, el mayor presupuesto militar, armamento nuclear y más bases castrenses en todo el orbe, que cualquier otra potencia.

Se trata, pues, de un condicionamiento político y la insoportable humillación, con que asumen la independencia a 90 millas de sus costas. La ultraderecha es la expresión de las apetencias imperiales y su mafia corporativa, que ha asaltado la democracia estadounidense.

Por último, aunque la síntesis obliga a limitar la amplitud de las respuestas, sea dicho, que entre “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”, el corpus teórico de la política incluye su definición de pueblo, que son los dueños, los nuevos ricos, los ciudadanos convertidos en consumidores, autómatas, para el Gran Hermano, definitivamente.

Para los cubanos sigue siendo válida la conceptuación de Fidel Castro, desde su alegato “La Historia me Absolverá”: los obreros, los campesinos, los intelectuales, los maestros, los estudiantes, los hombres y mujeres, de la ciudadanía, en fin, sin distingos: con todos y para el bien de todos.

Pero, los halcones de la guerra y del capital sobre los seres humanos, los que pretenden desbancar de la utopía realizable, solo entienden de agresividad y de sumisión a sus dictados. Mal andan con Cuba.

Por lo pronto, echan un balde a las aspiraciones de Obama, dado que el único blindaje del que entiende el sistema imperial es su propio interés hegemónico.

Isla Mía

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