Desembarco del Granma: una hazaña heroica

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Por Ada Oramas

Si Homero hubiera vislumbrado la dimensión de la hazaña de los expedicionarios del Granma, supiera que su Odisea tiene paralelos en la historia, en cuanto a las vicisitudes y riesgos de una travesía-con riesgo de muerte- para una tripulación decidida a emprender el camino hacia la victoria.

Tal concepto esta plasmado en el documental La odisea del Granma, realizado por Mundo Latino, que constituye una reconstrucción histórica de aquella acción que marcó el inicio de las luchas guerrilleras que materializaron una sucesión de sacrificios y retos a la valentía y al coraje.

En aquel viaje, inspirado por el noble fin de alcanzar la total independencia de la Patria, sus tripulantes redoblaron la decisión de vencer o morir que siempre ha marcado la batalla de aquellos héroes que se arriesgaron o inmolaron por la victoria definitiva.

El 25 de noviembre partió el yate Granma desde la ensenada de Tuxpan, en el puerto de Veracruz, donde hoy está anclada una reproducción que representa un emblema de orgullo para los vecinos del lugar.

UNA BATALLA CONTRA EL MAR EMBRAVECIDO

Varios factores incidieron en la tardanza de la llegada a las costas cubanas del yate que zarpó de tierras veracruzanas el 25 de noviembre de 1956. Los 82 hombres a bordo, unidos al peso de las armas y las roturas del motor obstaculizaron el avance de la embarcación, a lo cual se unieron momentos de mal tiempo.

En la madrugada del primero de diciembre, el Granma se acercó a la zona escogida para su desembarco. Sin escatimar esfuerzos, Roque y Mejía, piloto y timonel, alternaban ambas tareas, mientras oteaban el horizonte y buscaban inútilmente el faro de Cabo Cruz.

En su lucha contra aquellos vientos tempestuosos Roque cayó al mar, ante el embate de una ola gigantesca. A pesar de un tiempo que retaba a los marinos más avezados, el coraje se impuso, cuando Fidel ordenó detener la marcha y rescatar al combatiente. Una hora más tarde divisaron las luces. Llegaron a las boyas por el canal de Niquero y, para su sorpresa, su actual ubicación no coincidía con la carta náutica, por lo cual se vieron precisados a cambiar el rumbo.

Al llegar el atardecer de ese día, Fidel informó que de un momento a otro desembarcarían y dio a conocer la estructura militar que existiría a partir de ese momento en los combatientes, lo cual conformaba la génesis del Ejército Rebelde, que iría a la Sierra Maestra a luchar con las armas en la mano contra la tiranía batistiana.

Es por ello que, al llegar a tierra, no encontraron el respaldo de los insurrectos cubanos. Estaba previsto que les ayudaran a avanzar en aquel terreno inhóspito para ascender hacia las montañas, donde establecerían los campamentos del Ejército Rebelde, pero no fue posible debido a los dos días de tardanza en su llegada por los múltiples inconvenientes que caracterizaron el viaje.

En la tarde del primero de diciembre, Fidel informó que se dirigirían a la costa para desembarcar. En una punta de mangle nombrada Los Cayuelos encalló el Granma, lo cual obligó a adelantar el desembarco para las 6:50 a.m. del 2 de diciembre de 1956.

Fue difícil, pues tuvieron que atravesar más de un kilómetro de tupidos manglares y grandes pantanos, transportando cargas pesadas y venciendo el agotamiento.

Era muy difícil avanzar hacia las montañas, sus zapatos se destruían porque el fango ablandaba y hacía pedazos las suelas, lo cual obligó a la mayoría a andar descalzos por vez primera en sus vidas.

Antes de bajar el pelotón de la retaguardia, cruzaron cerca una lancha de cabotaje y un barco arenero. Surgió entonces otra dificultad, a primera vista invencible. Por falta de petróleo, el yate no pudo regresar a las costas de Caimán Brac, como era la idea inicial de Fidel.

ASCENSO HACIA LA VICTORIA

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En aquellos momentos, la voluntad no flaqueó y se crecieron a pesar de no saber en qué lugar se encontraban. Por ello, prefirieron esperar a que llegaran refuerzos, si es que se encontraban en Cuba.

La verdad les llegó con el campesino Ángel Pérez Rosabal, quien les confirmó que estaban en el territorio nacional. Su ascenso a las montañas de la Sierra Maestra dio continuidad a la lucha contra la más cruel tiranía de toda la Historia de Cuba.

Los constantes triunfos contra los soldados batistianos, llamados despectivamente por el pueblo “casquitos”, unidos a la estrategia de la lucha clandestina, convirtió en victoria aquel batallas titánico que culminó con el Triunfo de la Revolución Cubana. No hay cubano que no detenga su paso al contemplar el Yate Granma en el memorial que lleva su nombre, y que constituye el tesoro más precisado del Museo de la Revolución.

Cubahora

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