Desde el alma…

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Por Daily Sánchez Lemus

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La prensa cubana ha tenido el delicado empeño de estar a la altura de su tiempo, – y han sido tiempos siempre complejos- por cuanto lo mejor de ella ha sido lo que se ha escrito con alma, nunca contra ella ni sin ella.

En los tiempos que corren, cuando ya la información transita caminos extensos en cuestión de segundos por intermedio de la tecnología; y cuando cada quien que tenga acceso a ello es un periodista en potencia que puede emitir juicios, crearse espacios y perfiles para opinar de su realidad, el reto de lo objetivo crece.

No se trata de otro sacrificio diferente al que se entrega por amor y con la certeza de que la pasión es también el trayecto intenso y perpetuo de la lucha por conquistar el amor de todos y para todos. Siendo así, el sacrificio se vuelve entonces fe de vida, camino elegido con dicha y no por ser la única alternativa.

“Tiene tanto el periodista de soldado”, escribiría Martí. Y lógicamente no se trata de quien obedece ciegamente un juicio o criterio que funde, sino del comprometimiento a una causa por la cual se lucha también desde el periodismo y precisa esfuerzos.

El periodismo es una actitud ante la vida que permite tomar partido, compartir con los semejantes, representarlos, escuchar y hacer que otros escuchen y comprendan. Se es periodista cuando no se puede dejar de escribir, de sentir la necesidad de opinar y compartir el criterio con responsabilidad. Se es periodista cuando el compromiso con la verdad y la justicia están por encima de cualquier interés personal.

Se debate a diario sobre libertad  de prensa –un debate tan añejo como su misma causa-, cuando somos conscientes todos de que los grandes medios y monopolios de la información  responden a una maquinaria, a una empresa que da buenos dividendos en función de la ideología de quien paga por construir la realidad con el color de su conveniencia. Pero también está la prensa que sigue siendo la alternativa a los del dinero, en la que el valor ético sobrepasa lo económico porque se basa en la moral y la verdad. Al respecto, decía José Martí: “Solo quien sabe de periódicos, y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre.”

Nació Patria  el 14 de marzo de 1892, con esa esencia, sumada a la de la lucha revolucionaria del Partido fundado por el Apóstol, quien ha escrito: “Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir, tócale examinar los conflictos, no irritarlos con juicios apasionados; no encarnizarlos con alarde de adhesión tal vez extemporánea; tócale proponer soluciones; madurarlas y hacerlas fáciles, someterlas a consulta y reformarlas según ella; tócale, e fin, establecer y fundamentar enseñanzas, si pretende que el país la respete y que conforme a sus servicios y merecimientos, la proteja y la honre.”

La prensa cubana tiene que crecer, a lo largo y a lo ancho; no dejar vacíos cuando podemos llenar de sentido cada suceso, con respeto y ánimos de fundar; beber de lo mejor de su historia y ser fuente también para los nuevos tiempos; la prensa ha de ser el espacio en el que podamos demostrar el triunfo de una obra social con inteligencia, y capacidad de diálogos responsables.

No podemos permitirnos divisiones, aunque sí definiciones; las palabras tienen que ser para fundar. No se trata de no prestar atención a cuanto criterio se emita desde espacios nuevos que surgen en este contexto donde la posibilidad de difundir información es enorme e incontrolable a veces. Se trata de tener la información, la preparación y los argumentos suficientes como para hacer de cada uno de nuestros medios el sitio para el cual se quiere vivir  y que quieren tener nuestros públicos. No se trata de concesiones. Se trata de inteligencia y ternura. De valor y esclarecimientos. De hacer revolución con espacio para la cultura con una mirada transversal que nos enriquezca a todos.  Se trata de comprender la altísima misión de explicar en la paz, y fortalecer y aconsejar en la lucha.

Se trata de no de recordar las palabras de Martí en un trabajo como este, un día como este, sino de practicarlo como sagrada letra. De saber que somos mediadores y no creer que somos los más importantes por nuestro verbo o nuestra pluma: lo más importante es la historia que contamos, la gente que reflejamos, la idea que defendemos…. La vanidad exacerbada por uno mismo o por algún elogio –ya sea amigo o de lobo-  no es síntoma inequívoco de buen ejercicio de la profesión, sino triste olvido de la misión social que en verdad tienen los periodistas, y el deber está allí donde se es más útil.

La libertad, la unidad y el amor sostienen el periodismo revolucionario de Martí. Ese es el legado.

Así retomo las recientes palabras de Fernando Martínez Heredia, cuando le fuese entregada la Distinción “Félix Elmuza”: La Unión de Periodistas de Cuba y la máxima autoridad de nuestro Estado están reafirmando con esta ceremonia su apoyo a la labor de las mujeres y los hombres que a lo largo de todo el país laboran y sirven al pueblo en este campo de actividad, su voluntad de enaltecer las conductas tan esforzadas que mantienen y su comprensión de la necesidad y la urgencia de que la estrategia de la Revolución le dé cada vez más peso a un desarrollo efectivo de los medios de comunicación, que conjugue militancia y libertad, motivaciones y recursos, y otros factores imprescindibles. Para que el periodismo pueda estar a la altura del movimiento histórico, como baluarte y como instrumento cultural del socialismo y la soberanía nacional, en esta coyuntura crucial.

De esa fuente hemos bebido. Y claro, ha habido y habrá tragos más dulces o más amargos… Pero de eso se trata: de la lucha incesante por la vida también desde el periodismo.

En un día como este, el homenaje merecido a los maestros que hemos tenido, a los que mientras más grandes, más humildes; a los que teniendo habilidad y talento de sobra para vivir con holgura respondiendo a los intereses de un periodismo lejos de su alma, prefirieron seguir escribiendo con tinta de la suya.

El compromiso, entonces, sigue siendo desde el alma.

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