Derechos Humanos:Educar es también enseñar a caminar

Lea más de: , , ,

Dilbert Reyes Rodríguez y Lissy Rodríguez

Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria. (José Martí, Maestros Ambulantes, 1884)

Puede decirse, sin temor a la equivocación, que Amanda es de esos seres que convierten su espacio circundante en estadios de pureza y luz, donde pareciera que prevalecen solo los momentos felices, y si uno escapara como excepción, serían aquellos en los que ella llora o se desconcierta, ante la triste e implacable realidad de la vida.

Amanda es, ante todo, una niña feliz. Lue­go, digamos que la acompaña una familia “gran­de”, no numéricamente, sino atendiendo a las dimensiones de esas cualidades que engrandecen el alma y son imposibles de medir. Añadámosle también una maestra, pero no una maestra cualquiera, sino una de manos suaves y cadencioso tono de voz.

“Amanda es una niña feliz y muy buena”, repite muchas veces al tiempo que la acaricia.

En la sala de su casa convertida en aula, en el municipio capitalino de Playa, un ejercicio de Historia consiste en mostrarle el laminario en el cual se encuentran cinco figuras icónicas de la historia Patria: José Martí, Mariana Grajales (al centro), Antonio Maceo, Ernesto Che Guevara, y Fidel.

—Yo quiero que observes detenidamente estas imágenes, y digas el nombre de alguno de ellos— le indica Rosalía, la maestra.

Aunque le cuesta, aunque rodeada de extraños los primeros momentos son los más difíciles, ella responde bajo, pero segura:

—Fidel.

***
En la década del 80 del pasado siglo la educación cubana, específicamente la especial, vivió ajetreados momentos de transformaciones. La construcción de escuelas y la modernización de tecnologías para la enseñanza-aprendizaje, figuraron entre algunas de ellas.

Pero tal vez la más humana llegó con la aprobación de la Resolución Ministerial 13/85 sobre la atención ambulatoria y el maestro ambulante, que tiene su antecedente en el ar­tícu­lo 50 del capítulo VI de la Constitución de la República, sobre derechos, deberes y garantías fundamentales de todos los ciudadanos a la educación.

Cuentan, sin embargo, que data de 1869, un año después de iniciado el proceso independentista de Cuba, el primer intento práctico de instituir los maestros ambulantes, por iniciativa del pedagogo Rafael Morales, en una Ley de Instrucción Pública que enunciaba el establecimiento de los profesores ambulantes, aprobada en el territorio camagüeyano Ceiba de Sibanicú.

Cuatro años antes, José Silverio Jarrín, di­rector de la Sociedad Económica Amigos del País, había propuesto llevar la enseñanza a los hijos de los campesinos hasta sus hogares para “que repartieran la salud y el alimento del alma”.

Sin embargo, un acercamiento teórico había hecho ya José Antonio Saco en El juego y la vagancia en Cuba, ensayo escrito en 1836, según plantean en el libro Atención educativa a los escolares por la vía ambulatoria y en las aulas hospitalarias en Cuba, las autoras Marlén Triana, Nilda E. de la Peña y Adys Ferrer.

***
Rosalía Riverón enseña con orgullo el diploma acreditativo de que Amanda Al­mí­rola López ya sabe leer y, con esa misma satisfacción, porque no es uno de los 58 millones de infantes que en el mundo permanecen sin escolarizar, dice: “Todo niño en Cuba tiene derecho a tener un maestro, y ella no está exenta de esa posibilidad”.

La encargada de que Amanda, a pesar de padecer Ataxia —dolencia degenerativa del sistema nervioso—, venciera el pasado curso el aprendizaje de la lectoescritura, apunta además a la superación de los trastornos del lenguaje, los cambios, la omisión y distorsión. “Ahora se expresa de forma más clara, y aunque es tímida y no le gusta hablar en público, conmigo se comunica muy bien. Sobre todo, trabajo mucho con ella la preparación para la vida adulta independiente, en la cual la terapia ocupacional es de mucha ayuda”.

Al llegar a La Habana hace cuatro años, provenientes de Pinar del Río, donde vivía la familia Almírola López, los padres de la pe­queña, —que antes estudiaba en una escuela donde la diferencia en el aprendizaje iba ha­ciéndose cada vez más notable—, aceptaron la opción brindada por el Centro de

Diag­nóstico y Orientación, de recibir atención educativa por la vía ambulatoria, y fue entonces cuando Rosalía Riverón, quien ya lo sospechaba, co­menzó a ser parte inseparable de la fa­milia.

“Nunca pensé que fuera a ser tan afectiva como lo ha sido”, señala Miguel Ángel Al­mí­rola. Y la voz no puede evitar entrecortarse, y el rostro enrojecerse, y la manos comenzar a sudar. Las lágrimas, no cabe duda, “son la fuente del sentimiento eterno”, como diría José Martí.

El diálogo con este padre no puede ser más conmovedor. “Me emociono por la química surgida entre nosotros, el amor que distingue su trabajo diferenciado, lo complejo de no poder circunscribirse a un plan de clases u otra actividad, porque eso depende de las propias características y del estado emocional de los niños, y quizá no cumpla el 100 % de lo que tenía planificado en el día, y debe recuperarlo después”, agolpa las palabras como a quien no le va a alcanzar el tiempo para decir todo cuanto quiere.

Es mutuo el respeto y la admiración. Lo más importante para Rosalía es el apoyo recibido por esos padres, sin los cuales sería imposible la intervención educativa que durante tres sesiones de clases semanales recibe la pequeña.

Pero ella no es la única. Además la maestra tiene otros dos alumnos. “Y una vez que los conoces, nadie te los puede quitar —dice—. Por muy difíciles que sean las circunstancias, las características, uno termina compartiendo lo bueno y lo malo de esa familia”.

—¿Qué es lo más difícil de todo?

—Es desgarrador cuando se pierden en el camino. Siempre se sacan fuerzas para continuar luchando, pero nos afecta mucho que no lleguen al final de nuestras metas.

—¿Y los momentos de mayor satisfacción?

—Sus logros, siempre sus logros, aunque sean pequeños, para nosotros son algo grande, por ejemplo, cuando un niño que no caminaba, da sus primeros pasos.

—¿Qué no debe faltarle a un maestro ambulante?

—La preparación constante, psicológica y pedagógica, para atender a los niños y la familia, y transmitirle mensajes satisfactorios. Este es un trabajo profundamente humano, que llena de un regocijo muy grande, pero lo tienes que amar. Desde narrarles un cuento, leerles una poesía, hasta hacerles comprender la belleza de un paisaje, que es, en definitiva, enseñarlos a ser feliz, todo eso lo hacen los maestros ambulantes.

Así, Rosalía nos contó de su formación en Minas del Frío; de las actividades por el 4 de abril, concursos pioneriles, actos de inicio y fin de curso, y hasta el cambio de pañoleta, que realizan en el hogar de Amanda los niños del territorio afectados por enfermedades que le impiden asistir a la escuela; de la superación recibida en la institución a la cual pertenecen, y los intercambios suscitados con los maestros de toda la provincia, en aras de perfeccionar su trabajo.

Semejante amor hacia la profesión Aman­da llega a reciprocarlo cuando, al preguntarle qué quiere ser, ella responde sin dudar:
—Maestra.

***
Edys Luis tiene una escuela para él solo. Tiene también una maestra, y dentro del aula grande con la mesita al centro, hay todo tipo de ilustraciones y pancartas didácticas, las vocales ordenadas, los números, las letras “de escribir y de leer”, una computadora y una pizarra.

Edys Luis tiene 11 años y es el único alumno, pero no el único que aprende; pues “para mí cada día ha sido un aprendizaje, un ejercicio de amor, que es lo más importante si se quiere tener éxito en esto”, dice Osmaida, la maestra del municipio de Guisa, Granma.

Lo tiene todo para él solo, sin embargo, no hay un mínimo asomo de egoísmo. Al contrario, es el fruto del principio generoso que promueve la enseñanza especial en Cuba, porque una parálisis cerebral afectó a Edys Luis cuando todavía era un feto. No obstante, nació y creció, y sus limitaciones físicas no lo han sido para que desarrolle, poco a poco, su intelecto hasta donde pueda, aunque deba tener una maestra solo para él.

“Desde que empecé sabía que iba a ser difícil. Tengo varios años de experiencia en la en­señanza especial, de educar a pequeños con síndromes y otras limitaciones, pero nun­ca en la condición de maestra ambulatoria, ante un niño con los padecimientos de Edys Luis”, inicia Osmaida Martínez.

“Llegué cuando habían pasado otras maestras. Todavía no leía ni escribía, y aunque había recibido un curso de clases, decidí comenzar desde cero.

Reinicié el primer grado, venciendo algunas deficiencias y trabajando letra por letra, número a número, poco a poco pero con mucho cariño.

“En esta enseñanza el amor y la paciencia son las claves que suplen las carencias intelectuales del niño, y hacen que él aprenda lo que necesita; a su ritmo, pero que lo aprenda.

“Vengo de lunes a viernes, hasta el mediodía, porque la tarde es de rehabilitación física. Los martes y jueves sí me lo llevo a la escuela especial Luis Augusto Turcios Lima, de aquí de Guisa, a compartir las clases, para que de­sa­rrolle el vínculo afectivo con el resto de los niños.

“Allá lo quieren muchísimo, tanto como en el barrio, donde tiene amigos que lo llevan a pasear los sábados, a las fiestas, a las actividades del proyecto Alas de mariposa, en el cual canta y baila, sostenido por un compañerito.

“Hoy se le nota tremendamente el cambio, se le ve en la motivación. Cada paso de avance en el aprendizaje de Edys me hace sentir muy feliz, y a la vez me recuerda que no basta todavía. Es una especie de satisfacción-inconformidad que me estimula, y creo que es la clave de los logros con él. Ya aprendió a leer, que es lo más difícil, y lo va haciendo con creciente soltura”.

***

Si una referencia obligada ha de hacerse sobre este tema es a Maestros Ambulantes, ar­tículo escrito por José Martí en 1884 para la Revista Científica y Literaria de Santo Do­min­go. Es en esa publicación en la cual el visionario Maestro sentó algunas de las bases para la institucionalización de los maestros ambulantes en enero de 1985, y para su estudio posterior.

En conversación con Kirenia Pedroso Ra­mírez, metodóloga de Edu­cación Especial del Ministerio de Educación, se conoció que la modalidad de atención educativa ambulatoria se le brinda actualmente a alrededor de 1 600 niños de todo el país, con limitaciones físico-motoras y enfermedades crónicas o de baja prevalencia, que le impiden asistir a la escuela.

“Los maestros deben atender hasta tres niños, en dependencia de la matrícula de estudiantes, pero no debe exceder esa cifra, para lograr que la atención sea con la mayor calidad. Los alumnos son matrícula de una escuela, donde una comisión de apoyo al diagnóstico rige la estrategia a seguir, y es el maestro el responsable de brindar esa atención”.

Además, el maestro ambulante es el encargado de hacer las gestiones para la rehabilitación si le corresponde, por ello es importante que conozca el diagnóstico del niño. Y siempre que sea posible, los niños deben acceder a la escuela más cercana y participar en las actividades pioneriles y culturales, afirma.

***
A Edys Luis las palabras le van saliendo erguidas, y mientras más respeta la línea de la libreta, más amplia es la sonrisa de Osmaida, que lo felicita y mima con sentimiento de madre agradecida, casi tan grande como el de Adisnelsis y Eidi, sus padres biológicos.

“Ahora en el segundo grado está más motivado. Tiene que ver con el hecho de ir dos veces por semana a la escuela, y en el dominio que tiene de la computadora, y en la expectativa del fin de semana para salir con sus amigos, ya no con nosotros, sus padres”, subraya la mamá.

“Cuando hablo de enseñarlo con amor —vuelve la maestra—, hablo de toda la atención que le pongo a su instrucción. Por ejemplo, si estamos dando la clase y él se distrae en una conversación sobre un tema diferente, no lo interrumpo ni regaño; sino que busco cómo seguirle el hilo al diálogo, hasta traerlo de nuevo al asunto de la clase.

“Se distrae con frecuencia, pero he logrado que cada uno de sus temas se conviertan en motivaciones para aprender las lecciones.
“También fueron el amor y la paciencia los que hicieron que siendo derecho, aprendiera a dominar la izquierda, porque las cirugías en su diestra le impiden mover el lápiz con soltura.

“Aprovecho al máximo sus preferencias, como los juegos, la computadora y el dibujo. Le gusta bastante dibujar, y cuando hay algo que no le sale, me pide que lo haga yo, pero respetando sus indicaciones. En la computadora trabaja solo, regaña a quien lo apure, y mientras sabe que puede hacerlo, pide con dulzura que lo dejen, que no lo ayuden.

“Con estos casos, casi siempre la satisfacción profesional se convierte en algo personal. La familia de Edys es muy especial. Se han dedicado por completo a él, y por la cercanía y el contacto diario, me han hecho un espacio entre ellos”.

Para los padres —Eidi mecánico de oficio, y Adisnelsis farmacéutica, ahora amparada por la Asistencia Social para atender exclusivamente al niño—, Osmaida no es solo la profesora enviada, con una obligación por cumplir. Es la “querida seño” de Edys Luis, la que le abre las puertas del saber y de la vida en sociedad.

Por eso ampliaron la casa hacia un costado, y le construyeron la escuelita al niño y su maestra. Es un cuarto amplio, climatizado, con entrada independiente, porque en las escuelas las entradas no son iguales a las de las casas; sino que llevan un asta con bandera y el busto de Martí.

Así es la escuelita construida por sus pa­dres para Edys Luis, tan completa, porque tiene a la maestra, su compañía de todas las mañanas desde que canta el himno y coloca la flor, hasta que resuelve el ejercicio final o termina la última lectura, “cada vez más rápida y fluida”.

Al amor de sus padres, en primer lugar, debe la alegría y el progreso en su rehabilitación. Con sus propias manos el papá innovó toda una serie de equipos complicados, que con asombro de ortopédicos y rehabilitadores de la talla de Álvarez Cambras, fueron certificados técnicamente y han obrado milagros en la postura y movilidad del niño.

Pero también gracias a su maestra, Edys Luis tiene sueños felices y aspiraciones de adulto.

De momento desea ser motociclista, su juego preferido en la PC, pero a la par de los saberes que gana, de la mano de Osmaida, nadie quita que la pretensión madure hasta querer un oficio, una profesión, ingeniero tal vez, quizá maestro; aunque, claro, por lo pronto nada superará su anhelo mayor:

—¿Y qué quieres hacer cuando seas grande?

—Caminar.

Tomado de Granma

http://www.granma.cu/cuba/2015-08-06/educar-es-tambien-ensenar-a-caminar

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.