#CubayEEUU en el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial

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Por Servando Valdés Sánchez

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Tras el derrocamiento del Gobierno de los Cien Días, el inmediato restablecimiento de los vínculos diplomáticos y militares entre Cuba y Estados Unidos, así como la reformulación de las relaciones de dependencia, con la presentación por parte del Gobierno norteamericano de un proyecto de nuevo tratado que ocupó los primeros espacios de la agenda intergubernamental. Las discusiones alrededor del tratado fueron aprovechadas por Benjamín Sumner Welles, quien había sido sustituido por Jefferson Caffery y ocupaba la Subsecretaría de Estado, para solicitarle al embajador de Cuba Manuel Márquez Sterling1 que se permitiera a la estación naval de Guantánamo abastecerse de agua en el río Yateras. Esa petición resultó aprobada de inmediato.

En ese contexto, Welles se interesó también porque fuera incluido que, en caso de que Estados Unidos se enfrascara en una guerra con otra nación no americana, sus fuerzas pudieran hacer uso de las aguas de Bahía Honda. Sobre ese asunto el embajador cubano le respondió: “El Dr. Torriente —Cosme de la Torriente— secretario de Estado se muestra de acuerdo conmigo en lo que dije a usted […] que de ningún modo considera útil incluir en el tratado, y en cambio advierte desventaja en hacerlo, porque los desconfi ados dirán que se procura retener a Bahía Honda […] si se insistiera, dice el Dr. Torriente, podríamos hacer un cambio de notas con la promesa de negociar en tal sentido, si se presenta el estado de guerra con nación no americana”2.

Esa previa disposición del Gobierno cubano a la colaboración, aunque fijando determinados límites para conservar cierta credibilidad ante la opinión pública, facilitó las conversaciones, por tanto, el 24 de mayo de 1934 fue firmado el nuevo Tratado de Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Ese mismo día el jefe del Ejército, Fulgencio Batista, declaró públicamente que garantizaba la vida del embajador norteamericano y la protección de los intereses representados por él. La Enmienda Platt desaparecía, pero Batista y su Ejército se convertían en el sostén fundamental del régimen neocolonial. Desde entonces se entronizaba en el país un período de militarismo y represión.

Al mismo tiempo, la firma de un nuevo Tratado Comercial, que sustituía al de 1903, y la aprobación de la Ley Costigan-Jones o Ley de Cuotas Azucareras, reforzaron el estancamiento de la economía.

Aunque el presidente Franklin Delano Roosevelt y el Departamento de Estado consideraban que si una guerra estallaba en Europa, sería muy difícil mantenerse neutral, el Congreso lo presionó a dictar, el 29 de junio, una proclama que disponía la prohibición de los embarques de armas, municiones y otros equipamientos que pudieran servir a los fines bélicos y no hubieran sido autorizados previamente.

La medida no afectó los suministros a Cuba; cientos de ametralladoras Thompson y cantidades similares de revólveres de calibres 38 y 45, lotes de piezas de repuesto, algunos morteros y cañones, así como decenas de miles de cápsulas de diferentes calibres, las cuales habían sido compradas, arribaron al territorio nacional en el transcurso de 1934 con destino al Ejército y la Policía, que enfrentaban un fuerte movimiento huelguístico y debían proteger la zafra azucarera.

Adicionalmente, en el primer semestre de 1935, Estados Unidos autorizó al Gobierno de Cuba a importar armas y explosivos sometidos al embargo, utilizó para ello compañías privadas de ese país. Pero al mismo tiempo que ejercía una violenta represión interna, como condición indispensable para garantizar su alianza con Estados Unidos, el Gobierno cubano se interesó por conocer también la posición de la Administración norteamericana frente al auge del fascismo en Alemania.

En marzo de 1935, instruyó a su embajada en Washington para que tratara sobre el tema con los funcionarios del Departamento de Estado: “Sírvase indagar oficiosamente impresión causada ese Gobierno consiguiente probable actitud frente conducta Alemania en relación cláusulas militares Tratado Versalles”3.

El propio subsecretario de Estado Sumner Welles informó que el Departamento evitaría inmiscuirse en los asuntos europeos. Sin embargo, a medida que se hacía más inminente el peligro de guerra, iban prevaleciendo los criterios de Roosevelt en torno a que si estallaba un conflicto de proporciones mundiales, sería muy difícil mantenerse neutral.

Por otra parte, el auge del movimiento popular en Cuba, la agudización de las contradicciones entre Estados Unidos, Alemania y Japón, condujeron a la potencia vecina a inclinarse por una política antifascista. Las influencias ejercidas por la gestión democrática y nacionalista del presidente de México Lázaro Cárdenas del Río, y la lucha del pueblo español contra el fascismo, entre otros factores internacionales, no le dejaron otra opción a Batista que comenzar a abandonar la alternativa militarista impuesta en la Isla.

En octubre de 1938, por invitación del general Malin Craig, jefe del Estado Mayor General del Ejército de Estados Unidos, Batista asistió a los actos del 11 de noviembre, en Washington, con motivo del vigésimo aniversario del armisticio de la Primera Guerra Mundial. En esa oportunidad sostuvo entrevistas con el presidente Roosevelt y funcionarios del Departamento de Estado, en las que se analizaron las ventajas de emprender conversaciones militares y navales secretas con Cuba y el resto de las repúblicas latinoamericanas. Además, en el pensamiento y retórica de la diplomacia cubana predominaba el criterio de la necesidad de una cooperación interamericana y de la alianza militar con la nación del Norte.

Cosme de la Torriente y Peraza4, veterano de la Guerra de 1895, político conservador y de pródiga trayectoria en el servicio exterior, consideraba que la desproporción entre los recursos de Estados Unidos y las repúblicas americanas era tan grande que, a primera vista, parecía imposible establecer una coordinación. Por ello, afirmaba, que la dependencia era inevitable y sostenía la conveniencia de una organización interamericana para estudiar los medios y la solución a las necesidades de la defensa. En cuanto a Cuba precisaba: “[…] formamos parte del sistema de defensas estratégicas de los Estados Unidos […] los Estados Unidos tienen en Cuba su principal frontera meridional, la más vulnerable de todas; y nuestra isla es la más importante de las Antillas que forman el arco desde el cual se puede proteger, y también atacar el canal de Panamá y sus defensas. “[…] O somos sus aliados y nos entendemos con ellos para defendernos; o tendrán que ocupar temporalmente parte de nuestro territorio, para su defensa, la propia nuestra y la de América toda”5.

Por esas razones, al comenzar el conflicto bélico, La Habana secundó a Washington y proclamó la posición de estricta neutralidad, prohibió todo tipo de actividad de los países beligerantes en el territorio nacional y sus aguas jurisdiccionales.

Nota: Se respetó la ortografía de la época.

Referencias:

1 Manuel Márquez Sterling, desde su cargo de secretario de Estado del Gobierno de los Cien Días y representante diplomático en los Estados Unidos, conspiró hasta la caída de Grau San Martín. Pronorteamericano por excelencia, representó al llamado Gobierno de Concentración Nacional en las negociaciones que condujeron a la firma del nuevo Tratado de Relaciones.

2 Nota confidencial de Manuel Márquez Sterling a Sumner Welles, Assistant Secretary of State, Fondo Donativos y Remisiones, Caja 506, No.1. En Archivo Nacional de la República de Cuba.

3 Cablegrama de la Secretaría de Estado al señor Licenciado Guillermo Patterson, embajador extraordinario y plenipotenciario de Cuba en los Estados Unidos de América, Legajo 23, 1915-1987, 20 de marzo de 1935. En Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.

4 Cosme de la Torriente. Coronel del Ejército Libertador. Desde 1903 se incorporó al servicio exterior. Ocupó la Secretaría de Estado, presidió la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, así como la delegación cubana ante la Liga de las Naciones. En 1923 ejerció funciones de embajador en los Estados Unidos con la misión de lograr la aprobación del tratado sobre la soberanía de Isla de Pinos. 5 Cosme de la Torriente: Libertad y Democracia, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1941, p. 94

Revista Verde Olivo

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