Cuba y su canto de triunfo

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La playa volvió a inundarse de luz cuando la última porción de arena recuperó la libertad mancillada durante pocas y terribles horas. La victoria vino envuelta en la tarde, con olor a napalm y carretera ensangrentada. Era 19 de abril. Había que cantar y que llorar. Y lloró Nemesia en su dolor calzado de muerte, como lo hicieron las madres y las mujeres de los milicianos caídos, como sollozó el combatiente al lado del cuerpo aún tibio de su hermano ametrallado.

Y cantó la Ciénaga de Zapata, la del carbón pero nunca más la del hambre. Cuba entera entonó su canto de triunfo y esperanza por la supervivencia del sueño de los niños con zapatos y con escuela. Todas las voces se unieron para gritar: «¡Ganamos!». «¡Te quiero!», dijo la Isla entera al muchacho artillero, el de la cuatro bocas, el de los 14 años, el que murió por el proyectil mercenario sin haber amado lo suficiente. Y el llanto y la canción se hicieron uno para prometer: «¡No te olvidaremos, Girón!». La promesa perdura.

Juventud Rebelde

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