Cuba y el Clásico Mundial de 2017

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Por Oscar Sánchez Serra

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¿Por qué no integran la selección nacional los peloteros cubanos que actualmente se desempeñan en la Major League Baseball de Estados Unidos, muchos de ellos con brillantes actuaciones?

Muchos aficionados apuntan que sería un equipo invencible el que se formaría con aquellos y los mejores que se mantienen en nuestras series nacionales. Y por supuesto que así es, la calidad de la pelota cubana es indiscutible.

Pero la respuesta a la pregunta pasa por varios momentos. De uno de ellos dio cuenta el 3 de febrero del 2015, en plena Serie del Caribe de aquel año en San Juan, Puerto Rico, la agencia DPA. Entonces se leía que «la Major League Baseball (MLB) eliminó el requisito de que los peloteros cubanos obtengan un permiso del gobierno de Washington antes de poder fichar por un equipo de las Grandes Ligas».

Y continuaba, de acuerdo con la misma fuente, «que ahora basta con que firmen un documento en el que juren que residen fuera de la Isla». En esa declaración jurada los beisbolistas deberían asegurar «que no son miembros del gobierno cubano, ni del Partido Comunista y que no volverán a su país». Nada más parecido a la firma de un acta de desnaturalización.

El otro momento ocurrió el 15 de diciembre del 2015 a propósito de la visita de buena voluntad a La Habana de una delegación de la MLB, que incluía altos directivos y un grupo de estrellas de ese circuito, entre ellos los cubanos José «Pito» Abreu, Yasiel Puig, Alexei Ramírez y Brayan Peña. En el hotel Nacional de Cuba, se expresó por los funcionarios que esa organización «tiene el objetivo de promover y favorecer el tránsito de los peloteros residentes en Cuba hacia el béisbol organizado de Estados Unidos». Le preguntamos entonces a Dan Halem, vicepresidente de MLB y su director jurídico que ¿cómo encajaba esa afirmación con la declaración de residencia fuera de Cuba que conocimos el 3 de febrero del 2015?

«El objetivo de nuestro comisionado Rob Manfred y la Asociación de Jugadores de MLB es tener un sistema legal y seguro para el normal flujo de peloteros entre Cuba y Estados Unidos. Bajo las leyes de ambos países vamos a negociar, pero se requiere de cooperación por parte de los dos gobiernos», respondió.

En un tercer momento, el 21 de marzo en el hotel Meliá Cohiba, le hicimos la misma pregunta a Manfred, en presencia de Halem, a propósito del partido entre Cuba y Tampa Bay en el contexto de la visita del ahora expresidente de Estados Unidos, Barack Obama. «Estamos trabajando, son asuntos complicados, pero queremos una relación normal, como dijeron los ejecutivos en diciembre pasado aquí en La Habana». Y recalcó: «es preciso lograr una ruta segura para el flujo normal de peloteros cubanos hacia Estados Unidos».

En esa ocasión, Higinio Vélez, presidente de la Federación Cubana, afirmó que «no queremos ninguna diferencia con nuestros peloteros, no queremos privilegios. Estamos dando pasos al unísono para lograr esa relación, pero sin que los peloteros cubanos tengan que abandonar el país, es decir, su residencia en Cuba».

Un cuarto momento pasa por el reglamento del CM 2017, que comienza el próximo 6 de marzo hasta el 22. En el epígrafe Elegibilidad del Jugador, en dos de los requisitos, exactamente el 2 y el 3, se expresa: «El jugador es un ciudadano del país o territorio del Equipo de la Federación, como lo demuestra un pasaporte». Y en el siguiente: «El jugador es actualmente residente legal permanente del país o territorio del Equipo de la Federación, como lo demuestra la Documentación satisfactoria para el World Baseball Classic.inc (WBCI) y la Confederación Mundial de Softbol y Béisbol (WBSC)».

Ninguno de los dos encaja con esa declaración jurada de residencia fuera de Cuba. Y aun cuando otros requerimientos, como el de haber nacido en el país de la selección de la Federación participante en el CM 2017 ampararía a los ligamayoristas cubanos para intervenir con su nación, cómo les sería posible si el documento del que se hizo eco DPA el 3 de febrero del 2015, les exige un divorcio total. Ni siquiera podrían entrenar juntos en los estadios cubanos.

En el CM 2017, como en los tres anteriores, Cuba asiste con los jugadores que ha seleccionado de su campeonato. Hay negociaciones con la MLB, como dijo el propio Higinio Vélez, pero como toda relación con Estados Unidos, ha de ser de igual a igual, civilizadamente y con la premisa de que es posible convivir pese a las diferencias.

Alcanzar un acuerdo, mediando una relación contractual, que permita que los de aquí puedan jugar en aquella pelota sin renunciar a su país y a los suyos; que puedan participar en los torneos internacionales representando a su bandera y también en los campeonatos cubanos cuando no coincidan los calendarios de uno y otro lados, sería una verdadera contribución en el empeño de una normalización de esa relación y una señal inequívoca de buena voluntad, principio que es un estandarte del deporte a nivel mundial.

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