Cuando donar adquiere su verdadero significado

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Por Evelyn Corbillón Díaz

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Luis Páez Álvarez no sabe negarse si de salvar vidas se trata y durante más de tres décadas ha encarnado el rol de héroe anónimo, ese que anda las calles de su ciudad de Pinar del Río con el orgullo de contribuir a la recuperación de miles de personas sin otra compensación que la de saberse útil.
Chispa, como es llamado por todos: recepcionistas, médicos, especialistas en laboratorio, directivos del Banco Provincial de Sangre vueltabajero, acude bien temprano en la mañana ante el llamado del personal de esa institución en caso de alguna urgencia en el territorio que demande sus plaquetas.
Donante activo de ese componente desde 2005, constituye uno de los muchos pinareños considerados donantes especiales por sus características, en este caso, con grupo sanguíneo AB positivo.
En el caso del concentrado de plaquetas AB, puede ser empleado en cualquier grupo sanguíneo de la población, de acuerdo con especialistas, un hecho que refuerza la solidaridad de Luis.
Consciente de que las plaquetas ayudan a la coagulación y por tanto, a prevenir el sangrado y a la sanación de heridas, este pinareño se muestra dispuesto, además, ya que conoce la importancia de adquirir plaquetas de un solo donante para evitar reacciones adversas en los pacientes.
Me satisface ayudar a niños, ancianos, adultos, mujeres embarazadas y personas sometidas a intervenciones quirúrgicas, asevera el pinareño de 50 años, continuador del legado de su hermano mayor, también donante.
Residente en el reparto Hermanos Cruz, de la urbe capital, y operador de calderas en el hospital León Cuervo Rubio, asegura que fue la década de 1980 cuando realizó su primera donación de sangre -en ese entonces igualmente era donante controlado-; y mucho más tarde se requirió su cooperación para aportar plaquetas.
Mientras le extraen ese derivado del tejido sanguíneo, Luis sonríe porque está consciente del impacto de su gesto desinteresado, sobre todo porque ahora asiste a dos menores ingresados en la sala de oncohematología del hospital pediátrico Pepe Portilla, los cuales precisan un suministro diario.
De apariencia humilde y hablar pausado, Luis no presume de la grandeza de sus actos; pero es de esos hombres imprescindibles de los que se “nutre” el sistema de salud pública cubano, para ofrecer una de las prestaciones vitales a cada nacido en la mayor isla de las Antillas.

ACN

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