Crece el hambre en el mundo

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Por Guillermo Alvarado

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En un planeta con la capacidad suficiente para alimentar a toda la población, diversos factores influyen para que el flagelo del hambre crezca y afecte a una de cada nueve personas, de acuerdo con un informe publicado hace pocas horas por cinco agencias de la Organización de las Naciones Unidas.

El documento titulado “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018” afirma que en total 821 millones de personas padecen hambre y 151 millones de niños sufren problemas de crecimiento, es decir que tienen una talla menor a la normal, debido a estas carencias.

Durante la investigación participaron la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, la Organización Mundial de la Salud, El Programa Mundial de Alimentos, el Fondo de la ONU para la Infancia y el Fondo Internacional Agrícola.

La cifra de seres humanos con incapacidad para obtener los nutrientes mínimos indispensables creció en 2017 en 17 millones respecto al año anterior y la situación es en estos momentos similar a la de hace una década, lo cual significa que todos los esfuerzos realizados en este tiempo fueron inútiles.

De acuerdo con la FAO, resulta vergonzoso que la anemia aumente entre las mujeres en edad reproductiva y llegue en estos momentos al 32,8 por ciento en todo el mundo, lo que tiene un efecto negativo para la salud de sus hijos y de ellas mismas.

Por otra parte, el informe precisa que sólo 4 de cada diez recién nacidos en todo el planeta se alimentaron durante al menos seis meses con leche materna.

En estas condiciones es muy probable que no se logre el objetivo de la ONU de alcanzar el “hambre cero” en 2030, explicaron los autores.

Por regiones, la más afectada es Asia, donde pasan hambre 515 millones de personas, seguida de África, con 256 millones y medio y América Latina y El Caribe, donde el problema afecta a 39 millones.

Respecto a esta área, el documento alerta que la subalimentación está creciendo a un ritmo muy acelerado, de manera particular en Sudamérica.

Entre las causas del problema figuran en primer lugar las guerras que provocan grandes movilizaciones humanas y destruyen cosechas e infraestructura; seguidas por los retrocesos económicos derivados de un mundo desigual donde crecen los precios de los alimentos y decrecen los de las materias primas que exportan los países pobres.

También están los efectos ya visibles del cambio climático. El texto señala que los desastres vinculados con este factor se duplicaron desde los años 90 del siglo pasado y recuerda que la nutrición es extremadamente susceptible a las variaciones del clima.

Paradójicamente, y como muestra de lo disparatado que está este mundo nuestro, la obesidad aumenta y hay 671 millones de personas, entre ellas 38 millones de menores de cinco años, con serios problemas de sobrepeso. Hay pues graves desequilibrios a resolver y lograr, como aconsejan las abuelas, que la vela esté “ni tan lejos que no alumbre al santo, ni tan cerca que lo queme”.

RHC

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