Conrado Benítez: Primer #mártir de la alfabetización

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conrado-benitezComo dedo inculpador se alza el monumento a Conrado Benítez, el maestro asesinado en el Escambray cubano el 5 de enero de 1961, cuarenta y cinco días antes de que cumpliera los 18 años, al que se recuerda en una obra realizada por constructores de Topes de Collantes.

Marcos Pérez Álvarez, educador y director entre 1962 y 1967 de la escuela para maestros Manuel AscunceDomenech, también mártir de la alfabetización muerto en similares circunstancias en la cordillera de Guamuhaya, recuerda el sitio del crimen:

“La sepultura de Conrado estaba señalada con una pequeña cruz rústica y ligeramente alejada de la espesura. Más bien había allí una manigua escasa con algunos arbustos, rodeándola. Era un lugar bastante claro, donde el frescor del microclima se acentuaba en la noche. Sin embargo, durante el día el sol quemaba hasta caer la tarde”.

Las Tinajitas se nombra aquel sitio de vegetación rala en las montañas del Escambray: “A unos cuantos metros al sudeste”, precisa Marcos, “existían restos de la armazón de madera y guano natural que sirvió de campamento a sus asesinos”.

El homicidio, ocurrido el mismo día en que se inició la campaña alfabetizadora, el 5 de enero de 1961, no dejó de sorprender a Marcos: “Dada la tensión de aquellos días estábamos preparados para todo”, recuerda, “pero no esperábamos la trágica noticia que oficializó Fidel Castro el día 23. Era cierto, había caído el primer mártir de la alfabetización”.

Al Macizo de Guamuhaya, donde murió, se le conoce también como Montaña del Escambray, aunque la verdadera sierra de este nombre se encuentra más al norte, en la provincia de Villa Clara. Según el geógrafo e intelectual cubano Antonio Núñez Jiménez toda la zona presenta la forma de un macizo redondeado, de unos 50 kilómetros de diámetro, tan intrincado como la Sierra Maestra.

Ambas cordilleras y la occidental Sierra de Guaniguanico constituyen los tres principales sistemas montañosos de Cuba.

El Escambray o Grupo de Guamuhaya pertenece a las provincias centrales de Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos, escenario principal de la contrarrevolución armada Cubana hasta mediados de los años sesentas del siglo XX. Sus esquistos calcáreos y cristalinos, al parecer del Jurásico Inferior y Medio, sirven de base hoy a bellos paisajes, ríos límpidos, cascadas y pozas de aguas cristalinas, condiciones favorables para aquellos alzados.

En el 2016, cuando se cumple el aniversario 55 de la Campaña de Alfabetización, calificada en toda Cuba como gloriosa, el esforzado educador Marcos Pérez recuerda que visitó aquel sitio por primera vez en 1965:

“Las posteriores estancias”, agrega, “fueron de trabajo” y otras para “observar la mecánica del suelo, estimar la capacidad soportante de los estratos, puntualizar la cimentación y comprobar el progreso” del monumento, que asumía junto con las grandes obras y la actividad docente en el complejo educacional de Topes de Collantes -entonces perteneciente a Las Villas y hoy a Sancti Spíritus-, que se creó en 1962 para formar los maestros con que el gobierno se propuso garantizar el futuro de la educación.

Destaca Marcos los invaluables apoyos recibidos para aquellas obras, como fueron los casos del doctor Abel Prieto Morales, entonces viceministro de Educación, quien “echó el resto ayudando en todo lo que Topes demandaba”; el entonces ministro de Educación, Armando Hart Dávalos, de quien “siempre tuvimos la mano más franca”; y el reconocido arquitecto Andrés Garrudo, quien “aportó su calor técnico a nuestro quehacer constructivo”.

Para el monumento a Conrado Benítez sirvió de base un boceto del escultor Raúl Vilaboa, fallecido en el extranjero. “A sus líneas responde la construcción que ejecutamos sobre la sepultura de Conradoâ. El boceto no tenía más que datos de planta y altura”.

A lo que agrega: “Nunca yo había trabajado una torre; temía a la estabilidad, a la carga pesada del busto; estaba inseguro sobre cómo actuarían los momentos de fuerza, con vientos fuertes, ciclones, cuando el peso estático se convierte en dinámico. Pero me lancé”.

Acerca de sus precauciones advierte que aumentó sobremanera el área de acero, alertó acerca de la cantidad de hormigón, del batido de este, del cemento fresco, de la ausencia de vibraciones. Dividió el peso del trabajo en cuatro esferas, entre varios profesores. Allí reposaron los restos de Conrado hasta cuando se les trasladó a Matanzas, su ciudad de origen, donde hoy se encuentran.

Con admirable energía física, Marcos realiza en el 2016 una detallada exposición sobre aquellos sucesos, en la cual incluye el testimonio de Magaly Olmo, la maestra voluntaria que trabajaba más cerca del mártir. Reflejaba ella que en la tarde del domingo 4 de enero de 1961, les dijeron a ambos que no siguieran. “Que los bandidos estaban por allí.”

“Me quedé en casa de un campesino”, agregaba la educadora, “pero él estaba tan ilusionado con los juguetes para sorprender a los niños de la escuela, que siguió”. Como se sabe, el 6 de enero, siguiente al asesinato, es el Día de Reyes en la tradición cristiana.

El fallecido periodista cubano Julio García Luis, exprofesor de Historia en Topes de Collantes, recordaba años después haber visto las medias de nylon de Conrado, aún con los huesitos de sus pies.

Habitualmente, el joven educador dormía en un cuartico de un aserrío próximo a donde impartía las clases. Su asesino directo fue juzgado en la escuela de Pitajones y sentenciado en presencia de moradores del lugar y de Diego Benítez, el padre de Conrado.

El joven adolescente enseñaba a 44 niños durante el día y a un número igualmente considerable de adultos por las noches, cuando murió torturado junto con el campesino Heliodoro Rodríguez (Ireneo). Un año, tres meses y 11 días después, fue abatido Osvaldo Ramírez, jefe de la banda homicida, el 16 de abril de 1962.

Con respecto al educador y mártir, Fidel Castro expresó el 23 de enero de 1961, en la graduación del II Contingente de Maestros Voluntarios en el teatro de la CTC nacional: “allí donde enseñó se erigirá una escuela!, y allí donde murió se erigirá un monumento que será de eterno recuerdo a su memoria e índice acusador!”.

A sus 88 años, Marcos Pérez asegura hoy que aquellas palabras fueron una orden que él y sus compañeros cumplieron.

PL

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