Con el alma del Che

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De niño siempre la repetía, aun cuando no comprendía casi nada de su contenido. Esa frase para mí no era más que una mezcla entre obligación y normas escolares cotidianas. Sin embargo, ese rezo mañanero se fue convirtiendo en semanas, meses y años, y cada vez adquiriendo un significado mayor.

El compromiso de ser como él se fortalecía mientras más indagaba con mis maestros y mi familia. Recuerdo que aún sin haber estudiado nada de su figura le pregunté a mi padre que quién era el “Ché” y qué significaba ser como él.

La respuesta no se hizo esperar. Sin embargo, tras la explicación en mi mente infantil no cabía que alguien fuera más importante e inteligente que mi papá. Rápidamente él apiló varias revistas y libros pequeños para niños y me dijo: “lee y aprende para que un día seas como él”.

La lectura solo me provocó más curiosidad, y admito que hasta la fecha cuando veo algunas de sus fotos no dejo de imaginarme una Cuba y un mundo mejor si no hubiera muerto.

Pero a fin de cuentas, entonces qué significa ser como el Ché.

Resulta casi imposible amoldar tantas virtudes en una sola persona. Su personalidad espontánea e indeleble dejaba huellas doquiera pisara. Ché es uno de esos hombres de historia y de libros imposible de superar. Un hombre cuyo ejemplo hoy guía a miles de revolucionarios por todo el mundo. Un hombre capaz de hacer surgir otros como él.

Ser como el Ché indica la brillantez de conciliar cualquier tarea con entusiasmo y pensamiento profundo. Contar en la agenda diaria con misiones imposibles pero superables. Poseer una visión y carácter altruista y solidario pero también serio y ejemplarizante.

Ocuparse incansablemente para lograr una vasta cultura sobre nuestra nación y del mundo, más allá de las opiniones hegemonistas. Ser íntegro, honrado y sincero. Devenir trabajador infatigable tanto en el hogar como en el centro laboral. Estudiar y leer hasta el cansancio en pos de un futuro y una patria mejor.

Sin embargo, nada definiría mejor la grandeza del Guerrillero Heróico que las palabras del discurso pronunciado por Fidel pocos días después de su muerte.

“Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Ché! Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Ché! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Ché! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Ché! Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Ché!”.

Ahora recuerdo que de entre las revistas que mi padre apiló se encontraba un “ZunZún”. En ella leí una historieta donde en una ocasión le llevaron un pollo para el almuerzo. A tal manjar en aquellos tiempos de guerra respondió: “¿Y ese pollo de dónde salió? ¿El resto de los combatientes también tiene pollo para el almuerzo? Pues si no es así llévenselo que yo no lo quiero. Comeré lo mismo que los demás”. Así de grande era su personalidad.

Hoy, a 86 años de su nacimiento, 47 de su desaparición física y alrededor de 24 de haberme pronunciado como pionero por el comunismo por primera vez, no deja de pasar un solo día sin que su ejemplo me aleccione y su imagen me enriquezca.

La promesa de ser como él es un deber diario que tenemos para con la sociedad, una tarea en la que no podemos ceder ni un tantico así.

Tomado del Granma

http://www.granma.cu/cuba/2014-10-08/con-el-alma-del-che

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