Con dolor, desde Brasil

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Por Zulema Samuel del Sol

En el marco de la directiva del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) de interrumpir la participación cubana en la Misión “Más Médicos para Brasil”, en respuesta a las provocaciones del recién electo Presidente de la nación sureña, Jair Bolsonero, tuvimos la oportunidad de conversar con Bertalina González Pérez y Reymeri Valderama Pimentel, dos galenas internacionalistas que cumplieron misión en la República Bolivariana de Venezuela y fungieron como miembros del Programa “Más Médicos para Brasil” arribaron a este país en septiembre del 2014.

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La Dra. Reymeri Valderama Pimentel prestó servicios en la comunidad de Sergipe, situado al oeste de Brasil en el municipio Santo Amaro de Brotas, a 50 km de distancia de la capital del estado con una población pobre de muy bajo ingresos económicos y nivel cultural.

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“Los pobladores que atendía trabajaban en la pesca en condiciones bastante difíciles para el trabajo. Eran mayormente mujeres, ya que los hombres tenían que abandonar el municipio en busca de mejores ofertas. Las principales afecciones que atendimos el parasitismo, la lepra, la tuberculosis. Llegamos incluso a ver sífilis congénita y terciaria, ninguna de las dos las habíamos visto nunca en nuestro país, ya que gracias a la salud pública cubana estas enfermedades no llegan a esos estados críticos”, afirmó.

 

“Nuestros pacientes nos recibieron desde el principio con mucho cariño. Enseguida nos hicimos un lugar en el equipo de salud que era completamente brasileño. Con nuestra presencia allí disminuimos a cero la mortalidad materna e infantil que tenía tasas era bien altas.

 

Vimos muchas enfermedades crónicas no transmisibles descompensadas, que con nuestra presencia allí compensamos a todos esos pacientes, los cuales no requirieron atención secundaria. O sea muchos de las causas de consulta, las cuales atendimos no requirieron atención secundaria, puesto que allí en la atención básica se resolvían”, comentó durante la entrevista.

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Bertalina, por su parte, trabajó en el Estado de Fortaleza, municipio de Carnaubal trasladándose una vez por semana de Fortaleza a Carnaubal 600 km de distancia durante 7 horas de camino en carro para estudiar una maestría de Médicos de Familia en la Universidad de la zona, como exigía el Programa. De allí iba a la Favera todos los días, para atender un puesto central y 5 unidades adyacentes.

 

Se atendían los pacientes tanto en iglesias, casas de viviendas o portales. “El caso era no dejar aquellas personas sin atención médica, porque habían mujeres de hasta cinco o seis meses de embarazo que nunca habían sido vistas por un especialista de la salud, porque allí los programas maternos no se siguen”, nos relató.

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En situaciones similares estaban los a niños que nunca habían sido vistos por médicos y los adultos mayores que estaban muy desatendidos. “Con nosotros vieron por primera vez tantas cosas, como en el caso de un paciente que casi se moría porque tenía puesto medicamentos que no debía tomar a su edad y al quitárselos mejoró enseguida. Personas a las que nunca un médico los había tocado y se asombraban cuando yo los atendía.

 

La adaptación fue difícil al principio, pero a las semanas nos empezaron a coger mucho cariño y respeto, nos ponían motes como mí que me llamaban “La cubana” e incluso paraban el carro cuando íbamos para lugares intrincados para avisarnos si había algún peligro”, añadió.

 

Ambas llegan con muchas anécdotas, ejemplos de la crítica situación que encontraron y de la relevancia que tuvo este programa en la vida de muchas personas.

 

Entre ellas está María, una mujer de 29 años portadora de filariasis. “La encontramos con un estado muy avanzado tras 11 años de evolución de esa enfermedad. Hubo que amputarle el pie, porque ya tenía fracturas espontáneas, pérdida del tejido óseo y fue bien difícil para nosotros ver a esta muchacha luchando por su vida por un diagnóstico que si se hubiese hecho a tiempo nunca hubiera llegado a esas condiciones”, advierte la Dra. Reymeri.

 

O la historia de “una muchacha que fue a nuestra área a parir en un estado de desnutrición grave. Su marido vivía muy lejos y ella tuvo que recluirse con la madre que no tenía ni un salario. Dio a luz a una niña muy desnutrida con una cardiopatía congénita, era quirúrgica pero no tenían posibilidades. También estuvo otra embarazada a la cual le había cogido mucho cariño murió de una litiasis vesicular, que uno nunca ve a ninguna persona en Cuba morirse de eso. Y así mil anécdotas, cosas que nunca en la vida había visto y yo había estado en África. Cosas duras y tristes”, nos contó la Dra. Bertalina.

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Las dos compartieron con nosotros el pesar que les supone la idea de Brasil sin los médicos cubanos.

 

“Siento mucho dolor por este nuevo presidente de Brasil, que no ha tenido en cuenta la salud de su pueblo, la cual irá en retroceso. La vida se tornará muy difícil para los pobres de Brasil, que representan la mayoría de la población sobre todo en la zona nordeste que atendimos. Nuestros médicos están en las zonas de más difícil acceso, donde los especialistas brasileños no llegan.

 

Es bien difícil para los cubanos con la humanidad que nos caracteriza pensar en lo que va a pasar ahora con esos pacientes que atendimos con tanto amor, con esos pacientes a los cuales les hicimos un diagnóstico después de muchos años de enfermedades que podían ser fácilmente diagnosticadas y tratadas y que con nuestra presencia vieron por fin el alivio. Para nosotros es bien difícil.

 

Y reafirmamos nuestra convicción de que el MINSAP tomó la decisión apropiada puesto que Bolsonaro fue muy irrespetuoso con sus expresiones. Fue por encima de un convenio tripartita, donde también participaba la Organización Panamericana para la Salud, donde ya estaban puestas todas las reglas del convenio que él no puede sencillamente ignorar.

 

Por lo cual apoyo la decisión de nuestro ministerio, pensando con tristeza profunda de lo que será del pueblo de Brasil sin nuestros cuidados. Embarazadas con sífilis, niños con sífilis congénita y las malformaciones que acarrea esta enfermedad, miles de historias que me hacen pensar en qué será ahora sin médicos.

 

Por ejemplo en el caso de los medicamentos y equipamientos que daban el gobierno de Brasil. Ellos tenían una farmacia en el puesto de Salud Familiar desde donde se les daban los medicamentos a todos los pacientes de forma gratuita, gracias al sistema anterior porque ahora según anunció Bolsonaro no se destinarán recursos para gastos públicos. No se destinará dinero para gastos sociales, desde donde se costeaban todos los tratamientos a nuestros pacientes”, denunció la Dra. Reymeri.

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