Comandando

Por Dilbert Reyes 

Fidel.
Foto: Archivo de Granma

Porque las fechas repiten cada 12 meses, porque hay un calendario tan antiguo como el hombre para contarse la edad, tomar el pulso del tiempo, marcar el momento exacto de los hitos de la historia, es que volvemos una vez por año a recordar cuanto pasó.

Contar las fechas es un capricho humano que archiva lo trascendente, memorable, luminoso, pero igual la conmoción, lo trágico… lo triste, y la muerte resulta uno de tales dolores que oprimen por instantes en el pecho, mas encumbran y enaltecen si fue buena «la obra de la vida».

Hay existencias así, de obra tan universal, tan nacional, tan de la casa, tan de amigo, que se ve caminando todavía a nuestra derecha una masa de inmortales. Entre ellos, aquel de verde olivo que en el lapso de dos años tira y empuja, alerta y pone luz en los pasos de esta Isla, con igual fuerza vital de sus 90 anteriores.

¿Falta a este pueblo aquel que se le escucha tan cotidianamente en el repaso de sus pensamientos? ¿Falta, de verdad, si hay una foto que ofrece la sonrisa hirsuta en una pared de escuela, a la entrada de un taller, en la efeméride, en el verso, en la canción?

Puede que falte, sí, si se nos queda en la impresión maleable del cartel, en la frialdad del exergo que puede usar sus frases, en la formalidad de los matutinos, en la nulidad de lo sensible, en el servicio convertido en maltrato, en el que no hace del oficio un sacerdocio porque no sabe escuchar, atender, conciliar, acompañar en la gestión de soluciones o alivios a las urgencias ajenas.

Lo seguimos cuando hacemos parecido, y construimos, y creamos, y resistimos, y nos saltamos los cercos, y nos erguimos sobre escudos de dignidad si alguien la emprende contra lo noble y solidario de este pueblo, que es razón y condición de nacimiento.

Ser Fidel no es recordarlo, es replicarlo en lo grande y lo pequeño que nos afirma cubanos, en el ensayo cotidiano de lo humano y lo virtuoso que significa hacer triunfar todos los días la misma Revolución, la suya, trascendente, vital; tal cual el hombre y el líder que comandan todavía, por encima del tiempo, a pesar de los anuarios.

Granma

 

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