CÑÑ en español: ¿Para Miami o de América?

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Por : Juan Fernández López

Cuando le interesaban las apariencias y posicionarse como ejemplo de objetividad e imparcialidad, la en español logró  convertirse en un referente informativo al servicio de EE.UU., de su modelo político y de sus relaciones con América Latina, que tenía la virtud de la omnipresencia global y la inmediatez, gracias a los millones capaces de sostener corresponsalías en todos los puntos cardinales y la tecnología de punta que estrenó más de una vez en guerras y crisis, de la cual formó parte, como un arma más.

Al cabo de los años, una aparente metamorfosis ronda la televisora con sede en Atlanta que cada vez la acerca más a Miami e incluso –aparentemente- a veces la aleja de Washington.  Los aires aparentemente renovadores que trajeron los aniversarios cerrados atentaron contra la profesionalidad que exhibía con orgullo, mientras se sacrificó talento por compromiso político y se armó de nuevos periodistas, corresponsales y comentaristas, muchos de ellos procedentes de medios periodísticos anticubanos de la Florida, agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), cabecillas de organizaciones contrarrevolucionarias que han hecho carrera política entre Europa y Estados Unidos, así como los denominados “periodistas independientes” que fabrican en la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, en cursos de reclutamiento y adiestramiento.

Carlos Alberto Montaner y Andrés Oppenhaimer (comentaristas), Camilo Egaña (presentador), Yoani y Elizardo Sánchez (corresponsales), Ileana Ros y Mario Díaz Balart (entrevistados habituales) son apenas algunas de las estrellas anticubanas del declive intelectual de la CNN, quienes por su cercanía a la CIA, la USAID y la mafia de Miami, junto a otros personajes que no salen en pantalla, pero tienen hilos conductores y financieros importantes de la televisora, permiten entender de algún modo qué está pasando y por qué se han elegido a estos “profesionales”.

En la era de la crisis de los contenidos, del periodismo hueco al servicio de la manipulación política y de la desmovilización social a favor de los intereses de EE.UU., los soldados atraídos por la CNN para sus batallas actuales son expertos de la guerra fría y de baja intensidad; enemigos abiertos de las revoluciones populares y movimientos emancipadores que estremecen a América Latina y el hegemonismo norteamericano en la región.

Eran las personas idóneas para atacar a Venezuela, Cuba, Bolivia, Argentina, Ecuador, Brasil, Nicaragua y cuanta voz se levante en el continente para defender la causa de los pobres de la tierra. Esos son algunos de los blancos regionales que se sumarán siempre a los grandes intereses de EE.UU. en el mundo, como las guerras y crisis desestabilizadores del Medio Oriente que metafóricamente llaman “primavera”, cuando la lluvia de misiles y bombas propias o vendidas a sus aliados no dejan germinar la paz y mediante la desunión y la muerte preparan el terreno para una nueva repartición del mundo.

De ello dejaba testimonio el corresponsal en Jerusalén por estos días cuando reportaba desde Israel la gira por el área del senador Marcos Rubio, otro jinete apocalíptico, enemigo no solo de los pueblos de Nuestra América, sino un ambicioso político que hace campaña electoral cuatro años antes, tratando de demostrar que la sangre provocada por EE.UU. en el Medio Oriente no es suficiente, que los demócratas han sido muy blandos y hacen falta más bombas y apoyo para el exterminio. ¿Merecía tal cobertura la visita del congresista de origen cubano en el primer noticiero de CNN en español o era pura promoción? Esa puede ser una de las preguntas.

Entre frivolidades, elitismos, autosuficiencia profesional y alarde de nuevas tecnologías, la nave de origen cubano que invade CNN, la aproxima cada vez más a Miami y la aleja del sur para cual presuntamente fue concebida. Su Sur es el Norte, que en este caso llega hasta el sur de la Florida.

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