Clandestinos santiagueros por un enero de victoria

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Por: José Luis Cuza Téllez de Girón

En la Sierra Maestra se había derrotado la denominada Ofensiva de Verano u Operación FF o mal llamada Fin de Fidel, cuando el Jefe del Ejército Revolucionario 26 de Julio, Comandante Fidel Castro Ruz, llamó a la Comandancia en la Plata al veterano combatiente del llano y de la Sierra Reynaldo Irsula Brea, Rey, y le planteó la misión de escoger combatientes del Ejército Rebelde que él conociera con experiencia en la lucha clandestina en las ciudades para reforzar al movimiento clandestino en Santiago de Cuba.

Ya habían salido hacia el occidente del país las Columnas 2 “Antonio Maceo” y la 8 “Ciro Redondo” al mando de los Comandantes Camilo Cienfuegos y Che Guevara. Iban bien apertrechadas con las armas y medios capturados a las tropas de la dictadura derrotadas en los combates del 24 de mayo al 6 de agosto.

Preveía Fidel que las fuerzas del Ejército Rebelde no tardarían en incrementar sus acciones combativas en la antigua provincia de Oriente, y que sería Santiago de Cuba el objetivo más importante a liberar, por lo que era muy necesario que dentro de la heroica ciudad hubiera todo un ejército clandestino bien armado que con sus acciones fuera diezmando a las fuerzas represivas.

De inmediato Rey Irsula se entusiasmó con la nueva tarea, ya que, a él por su carácter inquieto, siempre le había gustado más la lucha en las ciudades que en las montañas. Al primero en localizar fue a su viejo y valiente compañero de las acciones revolucionarias Jesús Padilla, quien junto a él y bajo las órdenes del Comandante Daniel, Rene Ramos Latour, había sido fundador de la Columna 9 “José Tey” el 8 de abril y luego en la Sierra Maestra había integrado la pequeña pero valerosa Columna de Daniel hasta su caída en combate el 30 de julio de 1958.

Otros de los valientes seleccionados fue Rafael Domínguez Pagán, Chinaco,  Pablito Yasells, Luis lazo,  Figueredo, el guajiro de Mabay, a Erenia y a Mechy, Inice Rodríguez Hernández, valerosas muchachas de la tropa del Comandante Juan Almeida Bosque, jefe del III Frente “Mario Muñoz”, a Pichardo, Hatuey, quién junto a Barthelemy, había ajusticiado a Randich, delator de Frank País, el 8 de marzo de 1958, a Raúl Dávila, a Jose Armando Guerra Menchero, al Chino  Santiago Mok Maimir, Pedro Danger y a otros compañeros a quienes fue seleccionando en las tropas rebeldes.

Así el Coordinador del MR 26 de Julio en Santiago de Cuba, Luis Gálvez Taupier, recibió instrucciones del Comandante en Jefe de apoyar a Rey en todo lo necesario, pero dejarlo actuar con libertad, ya que tenía instrucciones muy precisas de él para actuar en Santiago. Cuando Rey se comunicaba con Gálvez era por una gran necesidad y siempre recibía la ayuda que necesitaban los combatientes de Acción y Sabotaje. Igual fue cuando Carlos Chaín fue liberado y asumió de nuevo como coordinador del MR 26 de Julio en Santiago de Cuba.

Para comenzar Fidel le entrego a Rey varias subametradoras Sten, inglesas, M3 norteamericanas, San Cristóbal, dominicanas, además de pistolas y granadas norteamericanas, un verdadero popurrí de armas, pero adecuadas para la lucha en las ciudades… y hasta una Maxim calibre 0,30. brasileña, la preferida de Rey para emboscar las microondas del asesino teniente Despaigne, jefe de la terrible motorizada.

El grupo creado se fue fogueando aproximándose a Santiago, comenzando por acciones en sus accesos, como fue por la carretera de la Refinería Texaco donde actuaron junto a tropas rebeldes del Comandante Rene de los Santos, jefe de la Columna 10 “Rene Ramos Latour”, hasta que se introdujeron por la zona de Marimón, entre el cementerio Santa Ifigenia y los ferrocarriles.

Los combatientes escogidos por Rey, al ser conocedores de Santiago y con historial insurreccional, de inmediato se dieron a la tarea de localizar a los clandestinos que quedaban en la ciudad para incorporarlos al plan de acciones trazado por Fidel. Así dan con Ernestico Matos, Oscar Vueltas Ramírez, el francés, los hermanos Bauzá, Rene Cuellar, Antonio de Nacimiento, Ferrera,Cuca Rodríguez y otros valerosos combatientes de la clandestinidad santiaguera.

La organización clandestina de Santiago mantenía su organización de los cuatro Escuadrones: “Armando García”, “Millán-Castilla”; “Josué País” y “Hermanos Díaz”, aunque diezmados por las bajas sufridas durante la huelga de abril, la represión permanente y por haber pasado a integrar el ER los principales jefes y combatientes, realizaban acciones con escasos medios a costa de valiosas vidas.

Desde principio de 1958 los escuadros tenían zonas asignadas en las ciudades. En Santiago el “Armando García” operaba en la zona de la calle Aguilera-Trocha –Carretera del Morro, el “Millán-Castilla” en El Caney-Vista Alegre-carretera de Siboney-Reparto Sueño y parte del Reparto Santa Bárbara, el “Josué País” en el centro de la ciudad, zona del parque Carlos Manuel de Céspedes, la Plaza de Marte, la escuela Normal, y el “Hermanos Díaz” por el Paseo Martí y parte del reparto Sueño.

Rey se asignó la parte céntrica de Santiago y le designo a Jesús Padilla la zona de la Escuela de Artes y Oficios, el Reparto Flores y Chicharrones y Chinaco, Rafael Domínguez, la zona de la Plaza de Marte, la Escuela Normal, región aledaña al cuartel Moncada.

Al poco tiempo ya tenían organizados y actuando a unos 300 decididos combatientes organizados en cuatro grupos y contando con la ayuda de la organización clandestina, la Resistencia Cívica y lo más importante, el pueblo santiaguero.

Muy pronto se harían sentir. Múltiples fueron sus acciones en los alrededores de Santiago y en sus calles. En cooperación con las fuerzas rebeldes del III Frente “Mario Muñoz”, realizaron sabotajes y emboscadas en las carreteras de la refinaría Texaco, San Pedrito y Marimón. Varias fueron las microondas con los “tres pegaditos”: un policía, un marinero y uno del ejército, que recibieron el plomo de sus armas.

Comenzando el mes de octubre, un buque petrolero es hundido en la propia bahía santiaguera por un sabotaje. En toda la ciudad se escuchó la fuerte explosión. Unos días después son abatidos tres carros de agentes represivos y más de una docena de esbirros pagaron sus crímenes en las calles santiagueras.

A pesar de las acciones de los revolucionarios, los órganos represivos siguen actuando, y el 10 de octubre el cuerpo sin vida del joven combatiente del Ejército Rebelde Arquímedes Colina, es exhibido en el capó de un jeep del ejercito por las calles de Santiago de Cuba como un trofeo de guerra.

Los luchadores clandestinos responden y son atacaron los cuarteles de la policía de El Caney y El Cobre, amedrentando a los esbirros en los alrededores de la ciudad, así como incursionaron por la zona de Siboney, hasta que las tropas rebeldes bajo el mando del capitán Rosendo Lugo Torres, Narciso, de la Columna 9 “Antonio Guiteras”, se hizo cargo de la zona Este de Santiago.

Incrementan sus acciones en Santiago, y ahora es el sabotaje al edifico de la Cuban Telephone Company que deja incomunicada la provincia de Oriente del resto del país, y dan comienzo a la Semana de Justicia Revolucionaria en la que varios militares y delatores son ajusticiados.

Caen también los revolucionarios, y ahora son Félix Franco Gros, Luis Manuel Pozo Nápoles, Carlos Manuel Santos Rivero, Rosendo Labrada Arrieta, Rigoberto Arocha Mora, Abel López Irsula, Fernando Farías, Manuel Martínez Rivera, Ángel Casas Lafont y Gilberto Díaz Rodríguez los que van ofrendando sus vidas por vencer la tiranía.

Siguen los clandestinos realizando sus variadas acciones, que van desde los atentados y sabotajes hasta los abastecimientos a las tropas rebeldes, como fue el secuestro de una goleta en la bahía de Santiago cargada de víveres para Manzanillo y desembarcada por Chivirico, territorio del III Frente “Mario Muñoz”, y el asalto a una escuela de mecanografía y taquigrafía en Santiago para enviarle sus máquinas de escribir a las oficinas de las columnas y compañías del II y III Frente.

A medida que las tropas rebeldes se acercaban más a Santiago se iban realizando más y más combates en sus accesos más importantes, como fueron los combates en el Puerto de Moya y la carretera de San Vicente, donde actuaron tropas rebeldes del I, II y III Frente. El cerco se estrechaba con la liberación de los poblados de La Maya, San Luis, Baire, Jiguany, Maffo, El Cobre y era inminente el ataque de las tropas del Ejército Rebelde a la fortaleza del cuartel Moncada, a la liberación del siempre heroico Santiago de Cuba.

Mientras se atacaba el BANFAIC, donde estaba atrincherada la compañía 104 bajo el mando del comandante Sierra Talavera, el Comandante en Jefe Fidel Castro mandó llamar a Rey, quien llega acompañado por dos de los más valientes combatientes santiagueros, Jesús Padilla y Chinaco, Rafael Domínguez.

El encuentro se realiza en Palma Soriano, pues Fidel utilizando las ondas de Radio Rebelde cursaba instrucciones a los mandos del Ejército Rebelde, al movimiento clandestino y al pueblo en general. Rey le informa de las acciones realizadas en los meses transcurridos y de los heroicos combatientes clandestinos que han ofrendado sus vidas en las calles santiagueras. El Comandante le expresa su admiración por lo realizado y lo impone de sus próximos planes, donde es imprescindible crear las condiciones dentro de Santiago de Cuba para poder atacar el cuartel Moncada como aquel 26 de julio de 1953, pero esta vez con las armas que posibiliten la victoria y así rendir homenaje a los 61 heroicos combatientes que ese día ofrendaron sus vidas trazando la forma de lucha necesaria contra la tiranía.

Fidel les plantea que es necesario fortalecer aún más a los combatientes dentro de Santiago para que puedan atacar y rendir a las estaciones de la Policía y los cuarteles de los masferreristas.

De inmediato ordena la entrega de un buen lote de armas automáticas de las recién capturadas en Maffo, Contramaestre y Palma, a Rey, quien sin demora regresa a Santiago a través de Marimón y con el apoyo de tropas del III Frente en esa zona bajo el mando del teniente Gustavo Fleitas procede a sacar de la ciudad a sus combatientes, armarlos y adiestrarlos en el uso de las carabinas San Cristóbal,

Con la ayuda de otros combatientes del III Frente, dirigidos por Frank Rivas, se introdujeron las más de cien armas automáticas por la playa Los Coquitos y por la ensenada de El Níspero, para asegurar el orden y evitar todo tipo de actividad delictiva que pudiera generar las acciones combativas que quedaban por realizarse en la ciudad por el Ejército Rebelde.

La huida de Batista el 31 de diciembre aceleró los acontecimientos y los combatientes clandestinos de Santiago, cumpliendo la orden del Comandante en Jefe de la Revolución Fidel Castro Ruz, penetraron con decisión y rapidez en la ciudad, tomando el cuartel de la Policía Marítima y el Vivac, liberando a los revolucionarios detenidos allí, armándolos e incorporándolos a las acciones.

De inmediato rodearon y rindieron la jefatura de la Policía Nacional en su cuartel general en los bajos del Palacio Provincial, en Carnicería entre Aguilera y Enramadas, y tomaron todos los cuarteles de los masferristas, apresando a los asesinos del pueblo santiaguero.

Mientras las tropas de la Columna 10, bajo el mando del Comandante Rene de los Santos, ocupaba el cuartel Moncada, sede del odiado 1er. Regimiento de la Guardia Rural de la dictadura, aquel glorioso 1ro. de enero de 1959.

Ese día el pueblo santiaguero pletórico de felicidad pudo a recibir en sus calles al nuevo Ejercito Mambí, al invicto Ejército Rebelde y acudir en horas de la noche al parque Carlos Manuel de Céspedes a ver de cerca y escuchar al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz proclamar el triunfo de la Revolución, por el que tanto se había luchado y habían padecido las heroicas madres cubanas.

Había transcurrido cinco años, cinco meses y cinco días de aquel 26 de julio de 1953.

¡Más de 600 santiagueros ofrendaron sus vidas enfrentando la sangrienta dictadura, pero nada pudo impedir que el pueblo cubano triunfara sobre la maldad, la opresión y el crimen!

¡Cuba había sido totalmente liberada por su valeroso pueblo!

Cubadebate

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