“Ceja del Negro” y la genialidad de Antonio Maceo

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Por Jorge Wejebe Cobo

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El 4 de octubre de 1896, en la batalla de Ceja del Negro, en Pinar del Río, se demostró la genialidad estratégica del Lugarteniente General Antonio Maceo, cuando con un mínimo de condiciones materiales necesarias propinó al enemigo una de las derrotas más importantes de toda la campaña.
Durante la reunión de La Mejorana entre José Martí, Máximo Gómez y Maceo el 5 de mayo de 1895, según distintas versiones, se acordó realizar la invasión al occidente por una columna dirigida por el Titán de Bronce, a la que seguiría otra de refuerzo al mando de su hermano el general José Maceo, mientras que el Generalísimo Máximo extendería la insurrección a Camagüey y Las Villas, aplicando la política de la tea incendiaria para la destrucción de la base
económica de España.
Antonio Maceo consideró necesario que se dirigieran expediciones fundamentalmente para la zona de operaciones occidentales, esencialmente hacia Pinar del Río, a fin de enfrentar en batallas decisivas al ejército colonialista y alcanzar la victoria en el más breve plazo en coincidencia con la tesis martiana de la Guerra Necesaria.
Pero la muerte en combate de José Martí solo 14 días después de la reunión de La Mejorana, la traición a su legado por Tomás Estrada Palma, su sucesor al frente del Partido Revolucionario Cubano, junto a las divisiones internas en las filas revolucionarias y prejuicios racistas torcieron el rumbo de la estrategia concebida en la histórica reunión.
El Titán de Bronce llegó combatiendo hasta el lugar más occidental de la Isla, en Mantua, Pinar del Río, donde culminó el 22 de enero de 1896 la invasión iniciada el 22 de octubre de 1895 en Mangos de Baraguá, Oriente.
Otro factor desfavorable fue la imposibilidad de recibir la columna de refuerzo que debía encabezar José Maceo, el cual fue separado injustamente del mando como jefe de la región oriental, por prejuicios racistas del gobierno en armas y finalmente caería en combate el 5 de julio de 1896.
Además el Generalísimo Máximo Gómez, jefe del Ejército Libertador, era obstaculizado en la conducción de las operaciones por el Consejo de Gobierno mambí, con lo que se repetían parecidas contradiccionesa las que frustraron la Guerra de los Diez Años.
Con Estrada Palma como principal figura de la emigración revolucionaria se impusieron sectores adinerados que veían como solución más inmediata la intervención yanqui en la guerra, lo que fue la principal gestión promovida por el sustituto de Martí, quien garantizó a los intereses imperialistas sus beneficios en una futura república independiente.
Para esas figuras que gestaban planes traidores, los hermanos Maceo, Máximo Gómez y otros dirigentes salidos de las clases populares a fuerza de valor durante las guerras de independencia representaban escollos.
Esa fue la difícil trama que enfrentó el Titán de Bronce cuando recibió en la Península de Guanahacabibes, el 18 de septiembre de 1896, una oportuna y única expedición al mando del patriota puertorriqueño Juan Rius Rivera, que trajo abundante parque, municiones y una pieza de artillería neumática de 100 milímetros, lo que le permitió poner en práctica nuevamente su estrategia militar de enfrentamiento en toda línea al ejército hispano.
Con los primeros rayos del sol del día 4 de octubre un pelotón de soldados peninsulares iniciaban la rutina diaria en una fortificación ubicada en la elevación conocida como El Guao, cerca del camino entre Viñales y Pinar del Río, cuando un largo proyectil cargado con un kilogramo de dinamita disparado por el cañón mambí detonó en el centro de la tropa, convirtiendo la posición en un amasijo de cadáveres y de restos ensangrentados. Se había iniciado la batalla.
Sobre la pieza artillera cubana cayó un fuego sistemático y el cañón solo se pudo salvar por la valentía de sus servidores que lo retiraban de las posiciones más amenazadas para luego volver a castigar al enemigo.
Las fuerzas cubanas ocuparon un macizo elevado llamado Ceja del Negro, contra el cual avanzaban columnas españolas de las tres armas que superaban ampliamente a las huestes insurrectas.
Pero en los momentos más comprometidos de la batalla, Maceo se presentó en los lugares de más peligro y reinstauró el orden cuando parecía que las vanguardias hispanas remontarían las posiciones criollas en Ceja del Negro, lo que hizo a los colonialistas retirarse y atacar a la impedimenta mambisa refugiada en una cañada cercana, con alto saldo de muertos y heridos, la mayoría mujeres y niños.
Mientras, la infantería mambisa les hizo pagar caro esas bajas y fulminó a los atacantes desde posiciones camufladas en la espesa vegetación de Ceja del Negro.
Las bajas españolas fueron de alrededor de 500, prácticamente un batallón completo, entre muertos y heridos, en una sola batalla, de los aproximados 25 de que podía disponer el mando ibérico en la región, lo que permite calcular la fulminante derrota que esperaba a las tropas españolas de haberse consolidado las fuerzas del Lugarteniente
General en las serranías pinareñas con armas y hombres, tal como se había concebido por los máximos dirigentes de la insurrección.
Esta victoria demostró el alcance de los planes de Gómez, Maceo y Martí concebidos en La Mejorana.
Fue una de las últimas hazañas militares del Titán de Bronce antes de caer en combate el 7 de diciembre del propio año, en San Pedro, cuando se proponía regresar al centro y oriente del país, con el fin de enfrentarse a un enemigo mucho más peligroso y solapado que representaba las tendencias reaccionarias que favorecerían la intervención yanqui cuando ya España era incapaz de resistir la guerra de desgaste impuesta por los cubanos.

ACN

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