CDR: relatos en gris (+Audio)

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Por Dailene Dovale de la Cruz

Es septiembre de 1960 en La Habana, frente al Palacio Presidencial. Fidel habla. Un pueblo expectante escucha. Un enemigo acecha. La ebullición brota como lava de la gente enardecida. Aclaman a un líder. Imaginan el largo camino a transitar, los peligros. El ruido de cuatro petardos corta la noche. Ese minuto marca un antes y después.

Aquel día 28, mes septiembre, año 60, en la ciudad es aún más evidente la presencia de un agresor externo e interno. Se fundan entonces los Comités de Defensa Revolucionarios. Su principal protagonista: el pueblo. ¿Misión? Defender a la Cuba revolucionaria de cualquier amenaza.

Para la organización, los sesenta parecen puros colores brillantes, de sangre y fuego. Contrasta un poco con la óptica de una señora mayor —con dos perritas, manos muy viejas— en el Parque de la Fraternidad.

—Si te digo lo que pienso me llevarían presa —sonríe—. Le aclaro, su nombre no es necesario, solo su opinión. No funciona en nada. No hay una organización. Uno por aquí, otro por allá Pregunto por el presidente del CDR de su cuadra. Se ríe. Esa es su única respuesta.

A su criterio, los CDR funcionan en la época de su fundación. “A estas alturas, no”. Y remata con un gran “no tiene solución”. Solo si el cambio creciera desde la raíz, concluye.


Cada granito de arena cuenta (Foto:Rafael Martínez Arias/ Cubahora).

GRIS OSCURO

En el parque de la Fraternidad capitalino encuentro criterios tan diversos como CDR existen. Hay quien cree que todo propósito terminó. Otros no: defienden la idea de una comunidad unida.

—¿Dónde vive?

—En el Cerro.

—¿El CDR de su comunidad funciona?

—Sí. Hacen su recorrido. Podan la cuadra, hacen las reuniones. Están atentos. Quizás en otros CDR no, pero en ese trabajan y cantidad.

—Y, ¿qué tipo de actividades realizan?

—No te sé decir. Trabajo mucho y cuando entro a mi cuartico ya no salgo más.

Para tener un visión más amplia, hicimos tres sencillas preguntas —cómo evalúa el CDR de su comunidad, qué defectos tiene y cuál es su propuesta para mejorarlo— a 37 personas residentes en La Habana, tomadas al azar en una larga cola para comprar entradas en el teatro Alicia Alonso.

La mayoría, un 47 %, califica la organización de mal. Un 33% de regular y en menor medida de bien (20 %). Más de la mitad posee insatisfacciones respecto a los CDR. Este resultado no asombra. Pocas actividades, casi nula autoridad por parte de sus dirigentes y apatía entre los vecinos, destacan como las principales causas expuestas por los entrevistados. Mas no son las únicas.

Excusas tan variopintas como “los vecinos no quieren hacer una ponina para que los muchachos del CDR -como si fueran personas externas- chapeen la zona” o “el cuidado de áreas verdes es un poco malo” denotan inercia ante los problemas cotidianos y de fácil solución. En parte porque “no hay unidad entre los vecinos. Pérdida de valores, de interés, cada quien vive para sí y no hay preocupación por los otros”.

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“Difícilmente encontrarás en mi CDR a alguien haciendo guardia para proteger a sus vecinos de un robo o un asalto. Difícilmente encontrarás a las personas en mi CDR trabajando juntos para solucionar el problema de cualquiera de los otros vecinos. El CDR como comunidad no existe. Todo el mundo halla el camino ideal para hacer sus cosas y ya”, confiesa Claudia Arias, recién graduada de Periodismo.

“Además te voy a decir una cosa: ya no nos dan presupuesto. Antes, dice mi abuelo, a los CDR para el 26 de julio y para otras fechas especiales se les daba un cake, determinado presupuesto para comprar viandas. Había preocupación por la logística de las actividades más visibles. Como se obligaba un poquito, la gente se motivaba más, ayudaba más y salían los grandes festejos por el 28 de septiembre. Eso en la actualidad ya no se hace”, agrega Claudia.

GRIS CLARITO

En el Parque de la Fraternidad, Emilio García, un señor mayor —que no teme a dar su nombre— detiene el caminar agitado para decir que ninguna institución social funciona bien del todo. Incluida la de su cuadra. “Pudiera mejorar”, afirma.

“En el aspecto organizativo, la convocación y explicación de los temas de las reuniones. Depende de otras situaciones. Hay personas que tienen un nivel cultural mayor, otras, menos. Tampoco, es espontáneo totalmente. Ninguna actividad es totalmente espontánea. Hay que gestionar, insistir, en ocasiones presionar, presionar moralmente”, aclara.


Según Henry Perdomo, los CDR son imprescindibles para enfrentar el delito en la Cuba actual (Foto. Dailene Dovale/ Cubahora).

A Henry Perdomo Hernández le encuentro allí. También apurado. También sin tiempo para perder, pero lleno de paciencia para explicarme su visión de los CDR. Él, además de decir su nombre, indica que vive en La Habana Vieja, en Monserrate, y proclama orgulloso ser el organizador de los CDR de la zona 72. ¡Qué casualidad más bendita!

“¿Qué te voy a decir? En el Primero de Mayo los CDR están presentes. En elecciones para votar por el delegado el CDR está presente, saca a la gente de la casa —con un ¡vámonos a votar!— y no te deja a nadie fuera”.

Según la psicología social, no cualquiera dirige con éxito, depende de factores de la personalidad del individuo y de las circunstancias en las que se desempeñan. Para Henry Perdomo es un poco más simple. Requiere ser mejor cada día, más revolucionario y enfrentar cualquier delito.

“¡Tienes que afrontarlo! Por ejemplo, con menores. Tú sabes, hay madres que dejan a sus hijos por aquí o por allá. Apoyamos y cooperamos con menores en el punto 30. Y hacemos enfoques con ellos, darles a conocer las cosas y a partir de ahí ellos salir adelante”.

Aunque se nota que le apasiona el tema admite que hay baches por sortear. Zonas donde perdieron la autoridad real y cierta apatía creciente en muchas cuadras, como los hierbazales que crecen en plena ciudad y son potenciales albergues de ratas, criaderos de mosquitos y unos cuantos bichos más.

“Que haya más vigilancia y mejores actividades. Más autoridad para que los CDR velen mejor. Que estén mejor apoyados. No me refiero a las estructuras del gobierno, sino a las de la misma gente. Si usted le dice a la persona una mentira, no confía después cuando le dices la verdad. A veces, hay que fajarse con la gente. Decirle esto no es así, esto es así. Algunas personas lo quieren todo y la Revolución no tiene para darle todo a todo el mundo”. Este tema es particularmente grave en el caso de la vivienda, confiesa.

— ¿Enfrentó alguna vez casos de agresividad?

“Sí. Hay gente que uno les dice una cosa y entienden otra. Y a veces hay que relajar a la gente. Calmarlo. Te gritan: no tú me dices una cosa que no es. Y ahí mismo sale la bronca. Uno les dice: compadre eso es así”.

Aunque no sea fácil o en ocasiones entrañe peligro, este hombre no se aleja de los CDR. “Si usted tiene que dar la vida por defender los valores, se da sin misterio ninguno. Si muchos la dieron, miles. Que la demos nosotros (con todo hecho) bienvenidos. Vamos a la gloria, como dijo un día el comandante. Con los brazos abiertos”.

La pasión no ciega. Ya en su VIII Congreso se reestructuraron los CDR y aparecieron nuevas secretarías (de Deporte, Cultura y Recreación) para revitalizar la organización. Estos cambios nacieron desde la cuadra, ajenos a cualquier verticalismo, pero todavía queda por mejorar.

“Vivo en Centro Habana. Soy presidenta del CDR #8 de la circunscripción 6. Mi CDR funciona. Nosotros cotizamos, damos actividades, hay limpieza (¡y limpiamos!). ¿Me entiendes? Pero por aquí no, aquí no hay comité o funciona muy mal”, dice mientras señala la hierba alta de la zona aledaña al Poligráfico Granma.

Comenta que fue segunda por mucho tiempo. Ya cuando hubo una restructuración —porque la presidenta falleció— hicieron las votaciones y la seleccionaron.

“Yo digo trabajo voluntario, y las personas van. En la presidencia hay un colegio electoral y en mi comité todos votaron. Hice las planillitas y se las di. En mi CDR todo el mundo va a votar. Quien no votó allí era anciano y llevamos el voto a la casa. Pero parece que esto no funciona en la generalidad. Los compañeros que dirigen los CDR a nivel nacional tienen que acercarse a la base. A ver qué es lo que está pasando, porque está pasando algo”.

En la zona aludida me encontré a Maritza. “El presidente es quien pone las citaciones para los consejos de vecinos o trabajos voluntarios. Ahora, después de la lluvia se chapeó. Volvió a crecer la hierba por las lluvias intensas de verano. Los CDR convocaron y vinieron todos los vecinos”, defiende.

Aunque admite, no con la efervescencia de antes. “Era bastante activa y se ha perdido. Pero todavía funciona. Gracias a la juventud, que hace sus actividades en el parquecito. Habría que buscar los mecanismos para —acorde a los tiempos que estamos— reactivar el objetivo de los CDR. Porque de manera general se ha perdido”.


La hierba crece ¿y la desidia también? (Foto: Dailene Dovale/ Cubahora).

¿FUTURO EN BLANCO O NEGRO?

Sí, hay quien dice: “eliminarla, no sirve para nada”, pero no responde a los deseos de la mayoría (o al menos de los consultados para este trabajo). Lo que sí abundan son ideas para cambiar.

“Los CDR nacieron como una organización masiva para luchar o para prevenir aquellas agresiones perpetradas por elementos contrarrevolucionarios dentro del país o de los provenientes de Estados Unidos que formaban parte de las agresiones imperialistas. Ya ese no debería ser el enfoque en la actualidad. En estos momentos existen otros problemas que pueden ser enfrentados perfectamente desde los CDR”, agrega Claudia Arias.

No todas las dificultades conllevan grandes inversiones. Algunas ni siquiera acarrean un costo material. “Que la presidencia del CDR, una vez electos, sean más proactivos e interactúen más con los miembros de la comunidad, hagan cumplir las normas, como chapear y el problema de la basura”.

Otros llevan este punto más allá y aspiran a resolver en el CDR el problema de vagos apostados en las esquinas o que organicen la entrada de los delincuentes al servicio militar.

¡Y ni hablar de los bisoños! Otra preocupación recurrente. “Que participen en las decisiones de la sociedad”. Este no es un reclamo aislado. Participar, y no con la mera presencia. Verdadero protagonismo. Sí, implicaría mayores responsabilidades (y con ella trabajo), pero cambiaría la percepción de los CDR como una organización “para viejos que se aburren”.

Cada cuadra es un mundo. La fórmula para resolver los escollos no pertenece a asépticos laboratorios. Al contrario. Toca en cada cuadra unirse y aprovechar todas las mentes —y manos— en la solución de sus problemas. Ir de lo simple a lo complejo… y aportar.

De cuán capaces seamos de mezclar los esfuerzos, sumar jóvenes y refrescar la organización, dependerá el color que tome esta historia.

Cubahora

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