Caso Brasil: entre manipulaciones y desconocimientos

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Por Oliver Zamora Oria

dilmaTal como se esperaba, la Cámara de Diputados de Brasil votó a favor del juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, un proceso que se aboca a un procedimiento burocrático tremendo, pues, ahora, cae en manos del Senado, donde se conformará una comisión que aceptará o no el juicio político. Posteriormente se apartará del cargo a Dilma Rousseff por 180 días como máximo, hasta que el Senado en pleno se pronuncie. Quedan entonces en manos de gobiernos varios recursos. Negociar con los senadores, explorar las posibilidades de lograr una mayoría en contra del juicio y, según el abogado del Estado, se puede impugnar el proceso en el Tribunal Supremo de Brasil.

La mandataria y sus seguidores podrían estar tranquilos si fuera solo eso, un proceso judicial, legal e imparcial; pero lo grave es, que no es el caso. Se trata de una jugada política de la oposición y exaliados, que ahora también son oposición, para tomar el poder y encaminar un futuro gobierno a la medida de sus intereses.

Volvemos entonces a una pregunta ¿por qué? Si al final estos largos años de gobierno petista con Lula y Dilma han sido muy beneficiosos para las grandes fortunas, la oligarquía no dejó de drenar riquezas y se creó un enorme colchón de clase media que consumía más y significaba un estímulo para la economía

¿Por qué entonces? Hay dos elementos. Uno es cultural… esencialmente clasista. La oligarquía desprecia a todo aquello que huela a popular. Se indigna cuando pobres pasan a clase media y ocupan barrios que antes eran de determinados sectores. Cuando ven a esos pobres en las universidades de sus hijos o compitiendo por un trabajo. Esto les choca y les molesta, y eso fue lo que sucedió en Brasil. El otro elemento es la crisis económica. En un país gobernado por la derecha, la crisis se resuelve apretando el cuello de los más desfavorecidos… los ejemplos sobran. Pero en un gobierno progresista, los efectos negativos de la crisis se reparten entre todos y ese sacrificio no lo acepta la oligarquía.

Ahora bien, el tema más complejo de explicar es la reacción social ¿por qué un pueblo tan beneficiado por un gobierno se vira contra su presidente? Es cierto, hay manipulación mediática, pero sus efectos son mayores porque cae sobre una sociedad con falta de cultura política y de información. Por ejemplo, no quieren a Dilma porque están cansados de la corrupción, y resulta que los corruptos son los enemigos de la mandataria, mientras ella se mantiene limpia. Están cansados de la crisis económica, pero no analizan que esa crisis responde a un contexto global y que la presidenta ha mantenido todos los programas sociales.

Con millones de brasileños podría pasar lo mismo que pasó con millones de argentinos hace unos meses, una mala decisión a la hora de dar su voto y luego, un futuro peor.

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