#Capote y los sueños de #Fidel

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ERTYCuando apenas era un joven y cortaba caña en los campos de su natal Bayamo, en la provincia de Granma, para ayudar al sustento familiar, escuchó hablar de Fidel y se hizo el compromiso de contactar con el líder cubano con el objetivo de involucrarse en el movimiento 26 de julio.

Evelio Capote Castillo formó parte de ese grupo revolucionario y más tarde fue uno de los rebeldes del Tercer Frente Oriental, que entró a la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba al triunfar la Revolución el Primero de enero de 1959, mas no conoció al Comandante en ese tiempo.

“El encuentro con el Jefe ocurrió cuando menos lo pensé, siendo director de un contingente de construcción, que luego le pusimos El Vaquerito, en honor a Roberto Rodríguez, capitán del Ejército Rebelde ”.

Cuenta este hombre que en marzo de 1987 le dan la tarea de hacer una carretera sobre el agua hasta cayo Coco, uno de los islotes de Jardines del Rey, en el norte de Ciego de Ávila.

La misión la consideré como cosa de locos, porque tirar piedras en un lugar donde la vista se perdía y no veías el fin con solo seis KP-3, tres Kamaz y un cargador, era sumamente difícil, pero cuando me dijeron que Fidel había dado la idea, rectifiqué mi posición, el que deliraba era yo, comenta Capote con una sonrisa.

Recuerdo que el primer contacto con el Comandante fue por teléfono para preguntarme  por qué yo decía que no servía el cargador enviado por él, le contesté que debía ser de esteras porque las piedras eran muy grandes.

Me dijo: mañana te llegarán tres en vez de uno y veremos cuántos metros se avanza por día. Mi compromiso era no fallarle en la obra y así lo hice, refiere Evelio, Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

“Tener a Fidel delante o cerca siempre ha sido impactante, sin embargo, cuando la ansiada oportunidad se dio, fue como si lo hubiera conocido toda mi vida, llegó en el horario del almuerzo, me dio un estrechón de mano, echó su brazo por mi hombro izquierdo y caminamos como dos amigos que conversaban de la obra que se gestaba”.

Con su sencillez de siempre y su interés por conocer hasta el más mínimo detalle, me pregunta si la comida estaba buena, hice un gesto para invitarlo a ver con sus propios ojos, pero no hizo falta porque un operario de grúa con una posta de pollo en las manos se acercaba a nosotros, rememora.

“La suerte de intercambiar con él la disfruté cada vez que vino al predraplén, no me preocupaban las interrogantes que me hacía, al contrario, era un gusto cada diálogo.”

Fidel se mostró interesado en saber lo que le hicimos a los Kamaz para que, además de transportar rocoso, también tiraran piedras. Cuando lo invito a ir al taller para mostrarle nuestra invención la llave no aparecía y le digo: Comandante vamos por un atajo que hay, la escolta no lo deja, pero él viola esa orden y me sigue los pasos, explica Evelio.

“Cuando  me percato de lo que había dicho me dije: ¿estás loco Capote?. Al Jefe hay que cuidarlo y no arriesgarlo por unos camiones a los que solamente les reforzamos las camas para darles más fortaleza. Me calmó el oírle expresar que la inventiva era excelente”.

Las anécdotas con el líder cubano son muchas- refiere Evelio-pero no se me olvida el día que me preguntó si la novela Tirándole piedras al mar, dedicada a mi persona, me había gustado, le comenté que no porque la visión que dieron era de un hombre mujeriego y ese no soy yo, a pesar de tener cinco hijos con diferentes mujeres.

“Dio una palmadita en mi hombro y confesó que tampoco le había gustado, por lo que me convidó a escribir una novela, reí y le dije que solamente tenía vencida la enseñanza primaria.

Tampoco se borra de mi mente la mañana que lo vi vestido en ropa de dormir, rememora.

“Ese día sí me impresioné, la costumbre era verlo con su traje verde olivo, pero lo deleité al máximo, él quería disfrutar conmigo un salto que Javier Sotomayor iba a dar en un evento deportivo internacional”.

Me dijo: ves la altura que Sotomayor venció, así de grande es la idea que tengo de unir por la parte norte a las provincias de Camagüey y Villa Clara, con Ciego de Ávila en el medio. No pude disimular el asombro y le digo que me faltaban siete días para cumplir los 60 años y pedir el retiro, revela Capote.

“Fidel me dice que yo le hacía falta 20 años más para colaborar con la realización de esa idea, asentí con la cabeza, pero cuando llegué a las ocho décadas le escribí una nota mandándoselo a decir, comentan que se la enseñó a varias personas y eso me satisfizo mucho”.

Siempre ha sido un hombre con una visión sin límites, tuve el privilegio de formar parte de algunos de sus sueños y verlos realizados, el enlace de tierra firme con los cayos del norte avileño es uno de ellos, y apenas faltan unos seis kilómetros para unir  Jardines del Rey con cayo Cruz en Camagüey,  alega Capote.

“El pasado día 25 de abril celebré los 84 años de edad, agradezco al Comandante su constante preocupación por mi estado de salud, pero si todavía él está en pie, yo también lo estoy y lo hago a gusto”.

Tomado de ACN

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